domingo, 12 de julio de 2020

2020.7.12 - La primera lectura del libro de Isaías (Is 55,10-11) nos habla de la eficacia de la palabra de Dios, que como la lluvia y la nieve no vuelve Dios sin resultado, sin cumplir su voluntad.


La lectura de la carta de Pablo a los romanos (Rom 8,18-23) nos habla de la realización plena de la creación: la vida liberada y libre como hijas e hijos de Dios.
En el evangelio de Mateo (Mt 13,1-23) se nos relata la parábola de Jesús sobre el sembrador, se explica la razón por la que Jesús habla en parábolas, y se explica la parábola del sembrador.
Leemos estas lecturas en el contexto de una crisis sanitaria, económica y social generada más que por el Covid19, por la manera en la que hemos enfrentado su amenaza. El Covid19 es un virus de gripe ARN positivo. Esto significa que es auto limitado. A los siete días de estar presente en el cuerpo deja de reproducirse. Durante el tiempo que está en el cuerpo produce una inflamación del tejido respiratorio. Esta inflación tiene dos efectos: reduce el calibre de las vías respiratorias y facilita su infección por bacterias. Esto produce una insuficiencia respiratoria, primero porque pasa menos aire, y luego porque se compromete la capacidad de respiratoria de los pulmones por la infección. El virus se propaga fundamentalmente por los estornudos y la tos.
Buena parte de las medidas que se han tomado se han justificado con la letalidad y capacidad de contagio del Covid19. Aunque es cierto que este virus puede ser letal y muy contagioso, la situación cambia si se trata bien y a tiempo. El tratamiento a base de ibuprofeno de 400 mg y de antigripal que propone la Dra. María Eugenia Barrientos enfrenta de manera sencilla, accesible y eficaz tanto la letalidad como la capacidad de contagio del Covid19. El ibuprofeno es un antiinflamatorio muy potente. Como tal, si se comienza a tomar en los primeros tres días de sentir los síntomas de la gripe (dolor de cabeza, decaimiento, carraspera en la garganta) impide que el tejido respiratorio se inflame, evitando, por un lado, que el calibre de las vías respiratorias se reduzca y evitando, por el otro, que el tejido respiratorio sea infectado por otras bacterias. El antigripal reduce las secreciones, la tos y los estornudos y con ello reduce en un 60% la capacidad de contagio.
¿Cuántas medidas de las que nos han impuesto no cambiarían si adoptáramos esta manera de tratar al Covid19? Y, sobre todo, ¿cuánto miedo, cuánta angustia se evitarían? Miedo y angustia que por lo demás tienen efectos muy nocivos: en primer lugar, porque el estrés que generan debilita nuestro sistema inmunológico, y, en segundo lugar, por las nefastas consecuencias sociales que tienen: ver a las otras personas como posibles fuentes de contagio aumentando la desconfianza social ya existente, atomizarnos y paralizarnos socialmente, generar una discriminación visceral y brutal en contra de las personas contagiadas.
En medio de esta crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo Dios, como el sembrador de la parábola, nos invita a todas, a todos, y a todo, sin distinción a una danza con él. Tal vez algunas personas no aceptemos la invitación por miedo al contagio. Tal vez otras personas no aceptemos la invitación porque estemos enojadas por nuestros planes frustrados. Tal vez otras personas no aceptemos porque estemos lucrando a costa de la crisis. Tal vez otras personas no aceptemos porque estemos muy ocupadas en nuestro mundo virtual. Pero seguro que siempre habrá algunas personas que acepten la invitación. Algunas bailarán mejor, otras no tanto; eso no importa. La danza ha comenzado. Y Dios la mantendrá hasta que todas, todos y todo participemos, porque es en esa danza que nos realizamos plenamente como seres humanos, al experimentar un amor que responde al Suyo.

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