viernes, 3 de julio de 2020

2020.7.03 - Hoy estamos celebrando la fiesta de Santo Tomás, Apóstol.


El evangelio de Juan que escuchamos nos relata el encuentro en la fe de la comunidad que Tomás tuvo con Jesús, superando su frustración y escepticismo primeros.
Separado de la comunidad, Tomás no experimenta a Jesús resucitado, ni la misión, ni la efusión de su Espíritu. Tomás está marcado por la desilusión, la frustración y el escepticismo. Había confiado en Jesús, había apostado por él, y había perdido. Nunca más volvería a confiar en nadie. De ahí su condición de meter su dedo en la señal de los clavos y su mano en el costado de Jesús. Sin embargo, de vuelta en la comunidad Tomás tiene la experiencia del encuentro con Jesús de una manera nueva, ya no es necesario meter su dedo en la señal de los clavos ni su mano en el costado de Jesús. Lo confiesa como su Señor y Dios. 
Leído el evangelio en el contexto de la crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo puede resultar luminoso. Se nos ha mentido tanto, hemos creído en tantos mentirosos y corruptos protegidos por la impunidad, que muchas veces hemos perdido la fe como Tomás. Así, en medio de esta crisis hay muchas personas que no creen que exista el virus del Covid19. La negación de la existencia del Covid19 es un mecanismo de defensa frente al miedo y la impotencia. Tenemos miedo de reconocer la existencia del virus porque nos sentimos impotentes ante él, y entonces para estar tranquilas y tranquilos, mejor negamos que exista. El esposo y padre de una familia muere con síntomas de gripe y ahogo, y la familia se niega a reconocer que murió de Covid19, y que varios de ellos tienen los mismos síntomas.
Creer en Jesús en esta crisis significa abandonar la negación y reconocer que el Covid19 existe y que fulana o fulano de tal tiene los síntomas, sea esa persona una conocida, una vecina, un miembro de nuestra familia, o incluso nuestra misma persona. La fe en Jesús nos va a permitir pasar de la negación al reconocimiento de la realidad, de la verdad del Covid19 y de su posible contagio.
Creer en Jesús en esta crisis significa también abrirse a las posibilidades de tratamiento del Covid19. Aquí es importante realizar un discernimiento basado lo más posible en la 9verdad, en hechos, en experiencia. En las redes sociales aparecen muchos tratamientos que dicen ser maravillosos para el sanar el Covid19, pero en la práctica muchas veces no resultan cumplir las promesas que hacen, como muchos candidatos políticos en tiempo de elecciones. El lineamiento médico de la Dra. María Eugenia Barrientos que proponemos desde la Parroquia a base de ibuprofeno de 400 mg y de un antigripal se basa en el tratamiento con éxito de más de 800 personas con síntomas de Covid19 realizados por ella. Además, ella da la cara en vídeos y teleconferencias, la última este martes 30 de junio pasado organizada por la Cámara de Comercio de Guatemala. Ahora, para que este tratamiento sencillo tenga efecto, es fundamental comenzarlo a tomar en los primeros tres días de sentir los síntomas de la gripe. Si no es así, resulta insuficiente. De ahí la importancia de reconocer los síntomas y empezar a tratarse rápido.
Creer en Jesús en esta crisis significa hacer lo que esté a nuestro alcance para prevenir el contagio. Esto es: lavarnos las manos con agua y jabón; no introducirnos los dedos sucios en la boca ni en la nariz ni tocarnos con ellos los ojos; toser y estornudar tapándonos la boca y la nariz con el pliegue interno del codo; guardarnos en casa si sentimos síntomas de gripe; evitar aglomeraciones en espacios poco ventilados.
Creer en Jesús en esta crisis significa hacernos prójimas y prójimos de las personas contagiadas y/o golpeadas por la falta de ingresos y el desempleo. Esto significa atravesar el muro de la discriminación social, hacernos cercanas, escucharnos y dialogar, dejarnos conmover, tendernos la mano y estrechar la mano tendida. Esto significa aprender a servirnos en nuestras necesidades, como, por ejemplo, preguntar si podemos apoyar haciendo algún mandado, o comprando algún alimento, o lavando una ropa, compartiendo así lo que somos y tenemos con la generosidad que brota de la gratitud.
En una comunidad así, en una comunidad que ha dejado que el amor de Jesús despierte el suyo, no va a ser difícil reconocer a Jesús vivo en plena crisis y exclamar con Tomás: “Señor nuestro y Dios nuestro”.

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