martes, 28 de julio de 2020

2020.7.28 - En el evangelio de Mateo (Mt 13,36-43) que escuchamos, Jesús explica la parábola del trigo y de la cizaña alegóricamente, explicando el sentido de cada uno de los elementos de la parábola.



2020.7.28 - En el evangelio de Mateo (Mt 13,36-43) que escuchamos, Jesús explica la parábola del trigo y de la cizaña alegóricamente, explicando el sentido de cada uno de los elementos de la parábola.
El Dios que se refleja en esta explicación alegórica de la parábola es un Dios justiciero, que separa a buenos de malos, que premia a los buenos y castiga a los malos. ¿Es el Dios que se nos revela en Jesús así? El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios que tiene una pasión por las y los perdidos: “No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mc 2,17). Y es que el Dios en el que cree Jesús es el Dios “que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobres justos e injustos” (Mt 5,45). Porque el Dios en el que cree Jesús es un Dios inclusivo e incluyente, Jesús comparte con Judas la última cena a sabiendas de que lo iba a traicionar (Mc 14,18). El perdón solo es posible si en lugar de eliminar al ofensor se carga con su ofensa renunciando a la venganza (Mt 5,38-42).
¿Cómo interpretar la parábola del trigo y de la cizaña y su explicación en el contexto de la crisis sanitaria, económica y social que estamos atravesando? Vamos a tomar el ejemplo de los hospitales móviles. Resulta que los dos hospitales móviles que llegaron a Honduras fueron completados con módulos y equipos usados y en mal estado, y que se desconoce el paradero de los otros cinco hospitales móviles. Nos encontramos ante una mega estafa que ha costado unos U$32 millones al pueblo hondureño, suponiendo la existencia de los otros cinco hospitales cuyo paradero se desconoce. Ante este saqueo descarado podríamos tener la tentación de arrojar al horno encendido, donde habrá llanto y desesperación, a los responsables de la compra, a sus cómplices, y a sus patronos. Con todo, esta alternativa que parece muy radical, no ofrece una buena solución. Porque como hemos experimentado, una y otra vez, los sustitutos, vuelven a hacer lo mismo. Dicho de otra manera, el saqueo del Estado hondureño a manos de sus funcionarios públicos, tiene una larga historia en el pasado, se sigue perpetuando en el presente, y no tiene visos de cambiar en el futuro.
Si no queremos que esta historia se siga repitiendo tenemos que asumir nuestro lugar y nuestra responsabilidad todas y cada uno de nosotros, solo así podrán hacer las y los demás otro tanto. Solo asumiendo mi lugar va el otro a ocupar el lugar que le toca. Y para esto es imprescindible organizarnos a nivel local para atender a las personas contagiadas por el Covid19 y a las personas afectadas por la manera de organizar la economía en nuestro país. Pero para eso, vamos a tenernos que liberar del miedo y de la desconfianza, los virus que más daño nos hacen en Honduras. Y en concreto eso significa, practicar las medidas de higiene básicas para evitar el contagio, pero sin convertir al contagio en el peor de nuestros enemigos. Así, Jesús nos dice: “No teman a los que solo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno” (Mt 10,28). Es importante evitar contagiarnos, pero más importante es ser samaritanos, esto es, acercarnos a la persona contagiada y/o necesitada, dialogar con ella, dejarnos conmover y tenderle la mano sirviéndola en sus necesidades según nuestras posibilidades. Si renunciamos a esto por evitar el contagio, ¿no nos pareceríamos a quienes saquean al Estado con la intención de asegurar su vida sin importarles la vida de las y los demás? Pero el Dios que se nos revela en Jesús es el que tiene nuestras vidas en sus manos, el que no está dispuesto a que se pierda nada ni nadie, y por eso hace posible que entreguemos nuestras vidas sin miedo a perderlas.

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