lunes, 6 de julio de 2020

2020.7.06 - Homilia Mt.9,48 Tu Fe te ha salvado, vete en paz.                                                         


    El pasaje de Mt. que acabamos de proclamar nos habla de la Fe. Es un relato que los evangelistas consideraron muy importante para la Iglesia, pues lo relatan los tres sinópticos. Y se centra en algo importantísimo del mensaje de Jesús: La salud y la Vida. El Reino de Dios es Vida y salud en plenitud para todos, un fruto esencial del camino de la Fe.
    La Fe es un regalo de Dios, pero es un regalo que hay que aceptar conscientemente y supone un caminar siguiendo el camino que nos enseña Jesús. Normalmente, las primeras semillas de la Fe las recibimos al bautizarnos, de niños, al entrar en la Iglesia llevados por nuestra familia y nuestros padrinos. Luego vamos creciendo, acompañados por la familia y la Iglesia. Vamos conociendo a Jesús, vamos aprendiendo a orar y a escuchar al Señor, vamos desarrollando nuestras capacidades para servir y ser útiles a los demás. Este crecimiento nos hace pasar por muchos acontecimientos, dificultades y alegrías. Y poco a poco vamos descubriendo el amor de Dios, el llamado que nos hace a cada uno, y cómo nos vamos haciendo personas, libres, responsables y capaces de amor y misericordia como Dios nuestro Padre. Es un camino largo, que requiere toda la vida y el acompañamiento de la familia, la comunidad, la Iglesia.
    El Evangelio de hoy nos dice que la mujer llevaba 12 años enferma. Mucho tiempo, una enfermedad crónica. Mc. nos dice que había gastado mucho dinero en médicos y medicinas sin lograr mejorar. Si había gastado mucho, es porque lo había tenido, y había puesto su confianza en esos bienes de que disponía. Pero se le terminaron sin lograr resultados. Nosotros frecuentemente ponemos nuestra confianza en el dinero para pagar médicos y medicinas. Y ¡tantas veces nos fallan! La mucha confianza en el dinero es un impedimento para crecer en la Fe. Quien confía mucho en el dinero, no crece en la Fe. Esta mujer, sólo después de experimentar su error, ya arruinada económicamente, acude a Jesús. Alguien le habría hablado de Él y allí comenzó su Fe. Pero sólo después de muchos sufrimientos y penalidades. 
    También nosotros hemos de pasar por muchas pruebas y tribulaciones para despertar a la Fe. En la crisis que estamos pasando, muchos ponen su esperanza en las inversiones multimillonarias que se están haciendo para conseguir una vacuna que detenga el virus. Es correcto que la ciencia y la medicina inviertan mucho trabajo e investigación en lograr cuanto antes ese resultado. Y seguro que es voluntad de Dios que la ciencia avance por esos caminos. Pero ese esfuerzo supone unos gastos enormes, que después habrá que recuperar. Quiere decir que la vacuna no será barata. Ya se habla que costará más de 2,000 $ por tratamiento y difícilmente asequible a los pobres. Es decir que hay un enorme negocio en perspectiva. Y con ello la posibilidad de corrupción y enormes ganancias sucias, y no por amor de Dios y de la humanidad. Aunque también habrá gente de ciencia que lo haga sabia y honestamente. Pero nos toca a nosotros, hacer con Fe y amor lo que podemos, con nuestros limitados recursos, como lo que estamos procurando en la parroquia con los tratamientos sencillos y asequibles que propone la Dra. Barrientos, y avivando nuestra Fe y nuestra confianza en el Señor, que quiere sanarnos y darnos vida. 
    El acompañamiento de los hermanos en la Iglesia es totalmente necesario para no caer en la tentación, para no desanimarnos y que el mal espíritu nos haga caer en la amargura, en el egoísmo y en la desconfianza. Pero guiados por el Señor, en la Iglesia, la tristeza se transforma en alegría, la enfermedad en salud, la muerte en vida. Por eso podemos pensar que esta crisis nos puede ayudar a todos a crecer en la Fe, en la verdad, en la luz, siguiendo el camino de Jesús.
    El pasaje de Jairo nos habla también de dolor y sufrimiento. Un padre que quería mucho a su hija. Que seguro hizo todo lo que pudo por la salud y la vida de ella. Un dirigente de la sinagoga, es decir, un maestro de la Ley, un cumplidor cuidadoso de la Ley, de la religión judía. Que probablemente pensaba, como era habitual en ellos, que la enfermedad era castigo de Dios por faltas o errores cometidos. Y seguro que hizo muchos cultos y sacrificios a la antigua usanza, pero sin resultado. Y la larga enfermedad de su hija, le fue quebrando su orgullo. Y, humillado, acude a Jesús. Los maestros de la Ley eran gente seguros de sí mismos que despreciaban a la gente sencilla, sin estudios, como Jesús. Y donde hay soberbia la Fe no crece. Pero el amor por su hija le hizo sufrir mucho. Y el sufrimiento genera humildad y la humildad es camino seguro hacia Dios, camino de vida y salud. También nosotros hemos de revisar si nuestra Fe se basa en una religión de cultos y sacrificios sin compromiso con los hermanos, porque podría ser una religión falsa. El camino de Jesús, de servicio y entrega generosa, de pobreza de corazón agradecido, es el camino que de verdad trae lo que promete: la paz, la Vida, la salud, la alegría. Que María la Madre de Jesús nos ayude a perseverar en este camino. Amén.




     

No hay comentarios:

Publicar un comentario