Homilía (Lc 21,25-28.34-36) 1 Domingo de Adviento A
Yoro – 2021.11.28
Tres rasgos marcan el contexto de las lecturas el día de hoy. El primero, y más inmediato son las elecciones generales que se realizan hoy en Honduras. El camino a estas elecciones ha estado marcado por la violencia, la distribución masiva, aunque siempre selectiva de bonos, bolsas de comida y otros bienes por parte de entidades estatales y municipales a fin de fidelizar, comprar, asegurar votos a su favor. También ha estado marcado por una falta de diálogo, por una polarización creciente de la sociedad, y por un miedo y angustia crecientes por el desenlace de las elecciones, por lo que sucederá después de ellas.
Un segundo rasgo que marca el contexto de las lecturas del hoy es la permanencia del Covid19 con el relato de nuevas variantes, a delta le ha seguido en estos días ómicron que tendría su origen en Sudáfrica. Se reporta una baja en la ocupación de las salas de Covid, al tiempo que continúa la campaña de inyecciones masivas por parte del estado que pretende ir casa por casa. La coacción hacia personas que han elegido no inyectarse crece con rumores sobre la necesidad de presentar la cartilla de vacunación para poder realizar actividades vitales como poder trabajar, utilizar el transporte público, ir a un banco, asistir a la escuela o recibir atención médica, entre otros. Todo esto está orientado a generar miedo y a mantener atemorizada y aislada a la población.
Un tercer rasgo que marca el contexto de las lecturas de hoy es el inicio del Adviento en nuestra liturgia como preparación para la celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús. Es un tiempo en el que se nos invita a estar atentas, despiertos, a reconocer la presencia y actuación del Dios cuyo nacimiento celebramos, ya entre nosotras y nosotros, y, por ende, a tener confianza, superando el miedo y no dejándonos llevar por él.
La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 33-14-16) nos habla de un rey cuyo nombre es toda una promesa: “El Señor es nuestra justicia”. Las cristianas y los cristianos pensamos inmediatamente en Jesús y, sin embargo, cuando Jesús tuvo la oportunidad de ser proclamado rey la rechazó (Jn 6,15). Y es que Jesús tenía claro que lo que nos va a “salvar” no es el poder de uno, ni siquiera el suyo, sino el amor, la entrega libre y generosa de todas y todos. Así, hacer depender nuestra vida de un rey nos des empodera.
La segunda lectura de la primera carta a los Tesalonicenses (1Tes 3,12-4,2) nos anima a
estar llenas, llenos de amor mutuo y de amor por las y los otros, esto es, a amar a las y los nuestros, a las y los que pertenecemos a los mismos grupos: familia, iglesia y otros grupos; y amar al mismo tiempo a las y los otros, a quienes no pertenecen a nuestra familia, a nuestra iglesia, a nuestros grupos.
Finalmente, en el evangelio de Lucas (Lc 21,25-28.34-36), Jesús nos invita a no dejarnos llevar por la angustia, la ansiedad, ni el miedo confiando en su presencia en medio nuestro y a estar despiertas, atentos para hacer lo que nosotras, y solo nosotros podemos hacer. Así se nos insta a no agachar la cabeza, sino a alzarla.
¿A qué nos invita todo esto? Una primera invitación es a ejercer nuestro voto, a no vender nuestro voto, aunque lo hayan querido comprar, a votar en libertad, a discernir qué personas son las más aptas para cada uno de los cargos a elegir – diputados, alcalde, presidente – teniendo en cuenta el bien de todas las hondureñas y hondureños, y no solo el de unas y unos pocos.
Una segunda invitación es a darles su lugar a las autoridades electas, dándonos nosotras y nosotros el nuestro, no esperando de ellas cosas que nos tocan a nosotras y nosotros, esto es, asumiendo nuestras responsabilidades y exigiendo que ellas asuman las suyas. En este sentido nos toca que romper el muro de la desconfianza, acercarnos unas a otros, dialogar, dejarnos conmover por lo que vemos, escuchamos, palpamos, y, tendernos las manos, y éstas no empuñadas, sino bien extendidas para podérnoslas estrechar. Este es el mejor tratamiento para el Covid19 y para sacar adelante a Honduras. La “salvación” está en nuestras manos, aquí y ahora. Ponerlas en las de alguien más solo nos debilita.
Finalmente, una tercera invitación es a no dejarnos llevar por el miedo. Y el miedo solo se supera a fuerza de amor, y el amor brota de la gratitud, de la experiencia de tanto bien recibido. En este tiempo de Adviento que estamos iniciando hoy celebramos la encarnación de Dios en nuestro mundo y en cada una y cada uno de nosotros. Dios está con nosotras y nosotros, porque está en nosotras y nosotros. Esta experiencia es la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas, y cuando Su amor despierta el nuestro, todo es posible.