domingo, 20 de marzo de 2022

2022 - 03 -20 -Estos dos años de Covid19 nos han confrontado con la realidad de la muerte. Esto nos ha llenado de miedo, de mucho miedo, y esto porque muchas veces vivimos como que si no fuéramos a morir.

 Homilía (Lc 13,1-9) 3 domingo de Cuaresma C

Yoro – 2022.03.20

Si en el relato de la creación se nos revela que Dios nos crea por amor, para que vivamos en plenitud y seamos felices, en el relato de la vocación de Moisés tomada del Éxodo (Ex 3,1-8.13-15) se nos recuerda que para poder ser felices y vivir en plenitud debemos liberarnos de la atadura de la opresión con que los poderes de este mundo nos quieren someter. La llamada que Dios le hace a Moisés nos las dirige también a cada una y cada uno de nosotros. La manera de liberar al mundo de la opresión es liberándonos nosotras y nosotros personalmente de ella.

La lectura de la primera carta a los Corintios (1Cor 1-6.10-12) nos recuerda sobre el trasfondo del salmo en el que repetimos que Dios es compasivo y misericordioso que no da lo mismo vivir de una o de otra manera. Que hay maneras que llevan a la vida plena y a la alegría verdadera, mientras que otras llevan a la muerte maquillada con mentiras.

El evangelio de Lucas (Lc 13,1-9) que escuchamos nos confronta con la realidad de la muerte: la muerte por el poder político, por un desastre social o por infecundidad.

Estos dos años de Covid19 nos han confrontado con la realidad de la muerte. Esto nos ha llenado de miedo, de mucho miedo, y esto porque muchas veces vivimos como que si no fuéramos a morir. Ahora si contemplamos la vida, tal y como es, reconocemos que la muerte es parte de ella, y que ineludiblemente moriremos, nos guste o no, queramos o no. Y entonces lo que se nos da a escoger es cómo queremos vivir, por qué tipo de vida vale la pena morir.

Con la muerte violenta nos amenazan los que nos exigen la extorsión, los que talan indiscriminadamente nuestros bosques, los que contaminan nuestros ríos con minas. Así en Yoro, hoy por hoy, manejar un taxi puede ser muy peligroso. Pero también nos amenazan la falta de agua que comunidades como la Guata padecen ya crónicamente, nos amenazan ríos contaminados como el Alao que hacen malparir a las vacas cuando toman de sus aguas y que dan picazón cuando nos bañamos en ellos. La infecundidad, nos recuerda el evangelio, también lleva a la muerte. Cuando el grano no da fruto porque no quiere morir (Jn 12,24.25).

Jesús no nos promete librarnos de la muerte – el primero que murió y además crucificado fue él –, sino liberarnos del miedo que le tenemos para que podamos vivir en plenitud, entregando la vida libre y generosamente con la certeza que una vida entregada así nada ni nadie nos la pueden quitar, por más que nos maten. Y tal vez eso significa convertirse hoy en Yoro, no dejarnos dominar por el miedo a la muerte con el que nos quieren someter. Ahora, este miedo, no se vence con una pistola a un lado del cinto y tres cargadores al otro lado, sino con el amor que brota de la gratitud. Hoy como nunca estamos necesitados de convertirnos, de liberarnos del miedo a la muerte para poder cuidar de nuestros bosques evitando que sean talados indiscriminadamente, para cuidar de nuestras montañas evitando que al quemar nuestras parcelas también nuestros bosques agarren fuego, para cuidar nuestras fuentes de ella evitando que sean contaminadas o destruidas, para cuidar nuestros ríos evitando que sean canales de muerte y enfermedad, para enfrentar con amor y firmeza a quienes nos quieren extorsionar.

No da lo mismo vivir de una o de otra manera. Hoy podemos elegir que la muerte nos encuentre de rodillas y sometidos, o erguidos y con las cabezas alzadas, entregándonos libre y generosamente.

domingo, 13 de marzo de 2022

2022 -03- 13 - 2º domingo de Cuaresma este pasaje se nos muestra una especie de radiografía de Jesús. Nos revela su realidad profunda.


Homilía 2º domingo de Cuaresma (Lc 9,28-36) La transfiguración

Yoro – 2022.03.13

En el evangelio el día de hoy se nos relata la así llamada transfiguración de Jesús (Lc 8,28-36). Jesús lleva a Pedro, Juan y Santiago a un monte a orar. El rostro de Jesús cambia y sus vestidos se vuelven de un blanco resplandeciente. Aparecen Moisés y Elías hablando del éxodo que Jesús iba a completar en Jerusalén. En lo que Moisés y Elías se alejan, Pedro le pide a Jesús hacer tres chozas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. Se forma una nube que los cubre y se escucha una voz: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Jesús está ya solo.

En este pasaje se nos muestra una especie de radiografía de Jesús. Nos revela su realidad profunda. El contexto es el de su ida a Jerusalén en donde va a experimentar el misterio pascual, su pasión, muerte y resurrección. Los poderes religiosos y políticos no toleran a Jesús y lo condenan a muerte crucificándolo.

Eso que pasó entonces sigue pasando ahora. Comencemos haciendo una radiografía de la sociedad que todavía hoy condena a muerte a las hijas e hijos de Dios. Ayer asesinaron en una calle del parque central de Yoro a Gerónimo George, un taxista. Es el segundo que asesinan en pocas semanas. El transporte público de Yoro a San Pedro está paralizado desde hace varios días. Es un secreto a voces que esto se debe a la extorsión con la que se está amenazando también a muchos negocios. Hace unos días apareció violada y estrangulada Julissa Abigail Cárcamo en las afuera de Yoro, una niña de 11 años que fue a dejar tortillas. Este asesinato y violación nos confrontan nuevamente con la dura realidad del machismo. Vivimos en sociedades abusivas en las que se recurre a la violencia y el miedo como instrumentos de coacción. Y esto se da también a nivel del estado: el caso de los hospitales móviles, de las casas contenedores, del hermano del expresidente condenado por narcotráfico en Estados Unidos, son algunos ejemplos de la corrupción e impunidad que reinan en Honduras. En estos últimos dos años hemos experimentado esta misma violencia y miedo a nivel mundial. So pretexto del Covid19 se nos encerró en nuestras casas, se cerró la economía con desastrosas consecuencias para los negocios pequeños y medianos, para el sistema escolar, y para el bienestar general de la población. Ahora nos encontramos en medio de una abusiva campaña de “vacunación” en la que se amenaza con pérdida de trabajo, con la imposibilidad de hacer uso del sistema bancario y del sistema de transporte público, con la negativa a ser tratados en los centros de salud, con la negativa a inscribir a los niños en el sistema educativo. Y todo esto, por unas inyecciones que no son seguras como lo muestra el impresionante rastro de eventos adversos que están dejando, ni efectivas, ya que no evitan el contagio propio ni ajeno – tanto así que tuvieron que cambiar la definición de “vacuna” ( de “un producto que estimula el sistema inmune de la persona para producir inmunidad a una enfermedad específica, protegiendo a la persona de esa enfermedad” a “una preparación que es usada para estimular la respuesta inmune del cuerpo en contra de enfermedades”, CDC). Además, estas inyecciones tienen una autorización de uso de emergencia que exime a las farmacéuticas de cualquier responsabilidad por eventos adversos y sus contratos son secretos.

Leída en este contexto de sociedades estructuralmente abusivas que recurren al miedo y a la violencia para coaccionar a la población, ¿qué nos dice el relato de la transfiguración? Lo que se dice de Jesús vale también de nosotras y nosotros. También nosotras y nosotros somos hijas e hijos entrañablemente amados de Dios, una condición que depende de Dios y que por tanto es inalienable, nada ni nadie nos la pueden quitar. La voz del cielo invita a escuchar a Jesús por encima de cualquier otra autoridad. Para escucharlo tenemos que hacer a un lado el ruido de la propaganda manipuladora y poder así adentrarnos en lo hondo nuestro, en nuestro interior. Ahí en el silencio y la quietud seremos capaces de discernir la voz de Jesús y experimentar su Espíritu, ahí seremos capaces de sentir su amor, ahí seremos capaces de dejar que su amor despierte el nuestro. Y entonces desaparecerá el miedo, porque “en el amor no hay temor” (1Jn 4,8). Y entonces podremos alzar nuestras cabezas y erguir nuestros cuerpos y podremos hacerle frente a los abusos y a los abusadores movidas y movidos por una profunda gratitud.

domingo, 28 de noviembre de 2021

28 -11 -2021 - Jesús nos invita a no dejarnos llevar por la angustia, la ansiedad, ni el miedo confiando en su presencia en medio nuestro y a estar despiertas, atentos para hacer lo que nosotras, y solo nosotros podemos hacer.

 Homilía (Lc 21,25-28.34-36) 1 Domingo de Adviento A

Yoro – 2021.11.28

Tres rasgos marcan el contexto de las lecturas el día de hoy. El primero, y más inmediato son las elecciones generales que se realizan hoy en Honduras. El camino a estas elecciones ha estado marcado por la violencia, la distribución masiva, aunque siempre selectiva de bonos, bolsas de comida y otros bienes por parte de entidades estatales y municipales a fin de fidelizar, comprar, asegurar votos a su favor. También ha estado marcado por una falta de diálogo, por una polarización creciente de la sociedad, y por un miedo y angustia crecientes por el desenlace de las elecciones, por lo que sucederá después de ellas.

Un segundo rasgo que marca el contexto de las lecturas del hoy es la permanencia del Covid19 con el relato de nuevas variantes, a delta le ha seguido en estos días ómicron que tendría su origen en Sudáfrica. Se reporta una baja en la ocupación de las salas de Covid, al tiempo que continúa la campaña de inyecciones masivas por parte del estado que pretende ir casa por casa. La coacción hacia personas que han elegido no inyectarse crece con rumores sobre la necesidad de presentar la cartilla de vacunación para poder realizar actividades vitales como poder trabajar, utilizar el transporte público, ir a un banco, asistir a la escuela o recibir atención médica, entre otros. Todo esto está orientado a generar miedo y a mantener atemorizada y aislada a la población.

Un tercer rasgo que marca el contexto de las lecturas de hoy es el inicio del Adviento en nuestra liturgia como preparación para la celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús. Es un tiempo en el que se nos invita a estar atentas, despiertos, a reconocer la presencia y actuación del Dios cuyo nacimiento celebramos, ya entre nosotras y nosotros, y, por ende, a tener confianza, superando el miedo y no dejándonos llevar por él.

La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 33-14-16) nos habla de un rey cuyo nombre es toda una promesa: “El Señor es nuestra justicia”. Las cristianas y los cristianos pensamos inmediatamente en Jesús y, sin embargo, cuando Jesús tuvo la oportunidad de ser proclamado rey la rechazó (Jn 6,15). Y es que Jesús tenía claro que lo que nos va a “salvar” no es el poder de uno, ni siquiera el suyo, sino el amor, la entrega libre y generosa de todas y todos. Así, hacer depender nuestra vida de un rey nos des empodera.

La segunda lectura de la primera carta a los Tesalonicenses (1Tes 3,12-4,2) nos anima a 

estar llenas, llenos de amor mutuo y de amor por las y los otros, esto es, a amar a las y los nuestros, a las y los que pertenecemos a los mismos grupos: familia, iglesia y otros grupos; y amar al mismo tiempo a las y los otros, a quienes no pertenecen a nuestra familia, a nuestra iglesia, a nuestros grupos.

Finalmente, en el evangelio de Lucas (Lc 21,25-28.34-36), Jesús nos invita a no dejarnos llevar por la angustia, la ansiedad, ni el miedo confiando en su presencia en medio nuestro y a estar despiertas, atentos para hacer lo que nosotras, y solo nosotros podemos hacer. Así se nos insta a no agachar la cabeza, sino a alzarla.

¿A qué nos invita todo esto? Una primera invitación es a ejercer nuestro voto, a no vender nuestro voto, aunque lo hayan querido comprar, a votar en libertad, a discernir qué personas son las más aptas para cada uno de los cargos a elegir – diputados, alcalde, presidente – teniendo en cuenta el bien de todas las hondureñas y hondureños, y no solo el de unas y unos pocos. 

Una segunda invitación es a darles su lugar a las autoridades electas, dándonos nosotras y nosotros el nuestro, no esperando de ellas cosas que nos tocan a nosotras y nosotros, esto es, asumiendo nuestras responsabilidades y exigiendo que ellas asuman las suyas. En este sentido nos toca que romper el muro de la desconfianza, acercarnos unas a otros, dialogar, dejarnos conmover por lo que vemos, escuchamos, palpamos, y, tendernos las manos, y éstas no empuñadas, sino bien extendidas para podérnoslas estrechar. Este es el mejor tratamiento para el Covid19 y para sacar adelante a Honduras. La “salvación” está en nuestras manos, aquí y ahora. Ponerlas en las de alguien más solo nos debilita.

Finalmente, una tercera invitación es a no dejarnos llevar por el miedo. Y el miedo solo se supera a fuerza de amor, y el amor brota de la gratitud, de la experiencia de tanto bien recibido. En este tiempo de Adviento que estamos iniciando hoy celebramos la encarnación de Dios en nuestro mundo y en cada una y cada uno de nosotros. Dios está con nosotras y nosotros, porque está en nosotras y nosotros. Esta experiencia es la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas, y cuando Su amor despierta el nuestro, todo es posible.

sábado, 27 de noviembre de 2021

21 - 11 -27 - Un año más celebramos la fiesta del Santo Misionero, el P. Manuel de Jesús Subirana.

 21-11-27 - Manuel de Jesús subirana   



    Rom.10,8-15;Mc.15-20

Un año más celebramos la fiesta del Santo Misionero, el P. Manuel de Jesús Subirana. Las lecturas de hoy nos recuerdan cómo el Señor quiere la salvación y la vida de todos, de todos los pueblos y todas las naciones. Y la salvación consiste en darnos cuenta de cómo nos quiere Él y cuánto desea nuestro bien, sin excluir a nadie, y que vivamos como verdaderos hijos de Dios, como verdaderos hermanos, comunicándonos así la vida plena, eterna y feliz.

Por el año 1856, Yoro era un pueblo de poca importancia en el camino real que venía del puerto de Trujillo hacia la cabecera regional de Comayagua. Un pueblo de campesinos y agricultores en medio del territorio de las tribus hicaques, bastante despreciados por la población local. Los intentos de evangelización y civilización realizados hasta entonces no habían tenido mucho éxito y los indígenas se sentían humillados, empobrecidos y marginados y casi sin esperanzas de mejorar sus vidas.

Subirana, que venía de su experiencia misionera en Cuba, de donde fue expulsado por su celo misionero y su amor por la justicia y la verdad, se sintió enviado a anunciar el Evangelio entre los indígenas de Yoro. Su amor le llevó a acercarse de corazón a aquellos más pobres y despreciados, compartiendo su vida, aprendiendo su lengua y experimentando su pobreza. Y descubriendo entre ellos la presencia del Señor que le enviaba a anunciarles esa buena noticia:   

que, aunque muchos los despreciaban, el Señor les quería con un amor inmenso, ese amor con que Subirana mismo se sentía amado por Dios. Esto le llenaba a él de fortaleza y ánimo para superar toda clase de contrariedades y limitaciones que experimentaba por todas partes. Los despreciados veían en él esa gran presencia de ánimo que también se comunicaba a los demás. Pronto empezaron a pedir el Bautismo, que Subirana presentaba como la fuente de esa vida nueva, y comenzaron a mostrar deseo de mejorar sus vidas. Subirana no traía dinero, ni alimentos, ni bienes materiales ningunos. Pero sí comunicaba ese ánimo que nace de la Fe viva y transforma a todo aquel avanza en el camino de sentirse y comportarse como hijo de Dios.

Como hombre de gran sentido práctico vio enseguida la importancia de que los indígenas obtuvieran la seguridad jurídica sobre las tierras que habitaban. Por ello buscó delimitar claramente los linderos que correspondían a cada tribu y conseguir los documentos legales correspondientes. Buscó algunos colaboradores que ayudaran a los indígenas a mejorar sus formas de cultivar la tierra y tener así una mejor alimentación y salud. Elaboró unos reglamentos para evitar los abusos que los indígenas sufrían y defender mejor su dignidad. Estableció unas normas para evitar injusticias y engaños en los tratos de comercio de la zarzaparrilla, un producto que lo indígenas cosechaban y se exportaba hacia España. Los indígenas y mucha más gente, descubrieron en él una presencia muy especial y comenzaron a llamarle “el Santo Misionero” y los que anteriormente habían sido rebeldes ante la invasión de la cultura y la religión hispana, empezaron a sentir una atracción hacia el nuevo modo de vivir que anunciaba Subirana, una liberación de creencias aterrorizadoras y una vida más plena y libre. La evangelización iba acompañada de signos efectivos que revelaban un crecimiento en su dignidad humana. Y ello sin destruir sus valores ancestrales de hermandad familiar, lengua, amor a la vida y amor a la tierra en que vivían. Subirana resultó así un ejemplo de evangelización inculturada, que no destruye los valores que ya hay en la persona anteriormente a recibir el anuncio evangélico, sino que los potencia, los promueve y los hace crecer.  

De Subirana se cuentan hechos aparentemente extraordinarios, como de predecir acontecimientos futuros, curaciones, prodigios de varios modos, adivinar lo que algunas personas  tramaban o planeaban, expulsar malos espíritus, etc. Cosas que nos asombran o nos admiran. Cosas que algunos miran como “milagros”.  Que Subirana hizo milagros en su tiempo y los sigue haciendo ahora. Milagros que pueden serlo verdaderamente, pero que también pueden entenderse como acontecimientos naturales. Pero eso no es lo realmente más importante. Lo verdaderamente importante, tanto en Subirana como en tantos santos que ha habido en el mundo es el amor y la misericordia por los más pobres y marginados que transparenta el Amor de Dios que se encarna y se manifiesta en personas que se dejan guiar por el Espíritu divino. Amor que da fortaleza en la debilidad, esperanza en la oscuridad, paz en la fragilidad, vida en la adversidad, sabiduría en la contrariedad. Subirana se convierte así en un modelo y ejemplo para nosotros. Nos descubre lo que el Espíritu hace en nosotros cuando nos dejamos guiar por Él. Y todo ello hacerlo, no porque le obliguen a uno, o por intereses mezquinos o egoístas, sino vivirlo con alegría, con libertad.

Subirana nos muestra así que el camino del Reino, de la Paz, de la Libertad, de la Vida, de la Alegría, está abierto para todo aquel que cree la Buena Noticia de que Jesús pasó por la muerte, pero para vencerla en la Resurrección, que el Señor está vivo y nos sigue acompañando en nuestras luchas y trabajos, que lo que ilumina nuestras vidas y trabajos es el camino de la Fe, de vivir la vida en un compartir generoso y agradecido como continuamente se nos invita en el Evangelio.

Demos gracias al Señor por la vida de este gran Santo. Por el ejemplo de amor y entrega sincera y verdadera que se manifiesta en él. Y aprendamos de él ese camino de servicio y amor por los más pobres y despreciados a que también en él se nos invita a nosotros  a seguir. Si lo hacemos, sentiremos cómo él nos sigue acompañando y ayudando en nuestras necesidades, cómo él nos guía y nos protege en los peligros, cómo él sigue vivo y actuando con amor en nuestra vida, porque él participó y sigue participando en la Vida de Nuestro Señor.


domingo, 29 de agosto de 2021

2021 - 08 - 29 - Estas lecturas cobran una gran actualidad en estos tiempos de Covid19 que estamos viviendo.


2021.08.29 Homilía (Mc 7,1-8.14-15.21-23) 22 Domingo TO B

En la primera lectura del libro del Deuteronomio (Dt 4,1-2.6-8) Dios aparece animando al pueblo de Israel a cumplir los mandatos y preceptos que les ha dado para que puedan vivir y tomar posesión de la tierra de promisión. 

En la segunda lectura de la carta de Santiago (St 1,17-18.21-22.27) se nos recuerda en qué consiste la religión pura e intachable: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse de este mundo corrompido.

En el evangelio de Marcos (Mc 7,1-8.14-15.21-23) a raíz de la libertad de los discípulos de Jesús que comen con las manos impuras Jesús señala el peligro de dejar a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres y señala que lo que mancha al hombre no es lo que entra de fuera sino lo que le sale de dentro.

Estas lecturas cobran una gran actualidad en estos tiempos de Covid19 que estamos viviendo. En este tiempo se ha hecho mucho énfasis en el distanciamiento social, el lavado de manos, el uso de mascarillas, y últimamente en inyectarse. La higiene personal es indudablemente una buena práctica para prevenir el Covid19 y otras muchas enfermedades. Quedarse en casa cuando se está enfermo, es una excelente manera de prevenir contagios.

Pero ahora, muchas veces para poder participar en una actividad, se está pidiendo una prueba de Covid19 negativa. También, se está hablando de pedir la cartilla de vacunación con la constancia de las dos dosis de las inyecciones para el Covid19 para poder hacer diversos trámites e incluso mantener el empleo, tanto en el ámbito público como privado. Pareciera que estuviéramos implantando de nuevo las categorías de “puro” e “impuro”, pero ahora más allá del ámbito religioso, en el ámbito social. Sobre esto habría que decir varias cosas. En primer lugar, que las pruebas PCR en personas asintomáticas son poco confiables como lo afirma la OMS: “La OMS recuerda a los usuarios de medios diagnósticos in vitro que la prevalencia de la enfermedad modifica el valor predictivo de los resultados de las pruebas: cuanto más baja es la prevalencia, mayor es el riesgo de obtener un falso resultado positivo o negativo” (https://www.who.int/es/news/item/20-01-2021-who-information-notice-for-ivd-users-2020-05). 

En segundo lugar, que las inyecciones para el Covid19 no previenen que la persona que la reciba se contagie ni que contagie a otra persona, que su efectividad se reduce sensiblemente con el paso del tiempo y frente a las nuevas variantes de manera que en algunos países ya se está dando o se está considerando dar una tercera dosis. 

En tercer lugar, que las inyecciones para el Covid19 están teniendo en los primeros días muchos y muy variados efectos adversos neurológicos, cardíacos, respiratorios e inmunológicos, incluyendo muertes, y que se carecen de estudios sobre sus efectos a mediano y largo plazo. La supuesta seguridad de las inyecciones para el Covid19 también pareciera ser cuestionada por el hecho de que los estados tienen que renunciar a responsabilizar a las farmacéuticas que las fabrican, por cualquier efecto adverso que produzcan. 

En cuarto lugar, que estas medidas generan una falsa seguridad que no ayuda para tratar la enfermedad cuando se manifiestan sus síntomas haciendo que mucha gente eventualmente se complique y requiera hospitalización. 

En quinto lugar, evita que se hagan disponibles tratamientos sencillos y eficaces para tratar el Covid19 en casa que reducen la tasa de mortalidad en un 85%. 

En sexto lugar, que la principal causa de muerte en Honduras no es el Covid19, sino la falta de oportunidades de trabajo debidamente remuneradas, la deficiencia del sistema de salud pública y de educación, la violencia, la corrupción y negligencia de muchas de las autoridades públicas, acompañadas de la impunidad y de la complicidad de sectores importantes de la empresa privada. La emigración masiva de hondureñas y hondureños pareciera confirmar esto empíricamente. 

En séptimo lugar, que estas medidas generan y justifican una discriminación brutal hacia las personas “impuras”, haciéndonos pasar por alto que la religión pura e intachable, actualizando lo que dice Santiago, es acercarnos a las personas contagiadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por ellas, tenderles nuestras manos y dejárnoslas estrechar por ellas.

Lo que está en juego en estos tiempos de Covid19, como nos recuerda Jesús en el evangelio, más que nuestra supuesta “pureza” frente al Covid19, es nuestra humanidad, la que brota – o no – de nuestro interior precisamente frente a la persona “impura”, contagiada.

domingo, 11 de julio de 2021

2021-07-11 - A la misión se debe de ir en compañía, de la pareja, de una amiga, de un compañero.

Homilía (Mc 6,7-13) 15 Domingo TO B

Yoro – 2021.07.11

El evangelio de hoy (Mc 6,7-13) nos habla del envío de los 12: Jesús los manda en pareja, los empodera para expulsar espíritus inmundos, les dice qué deben llevar – bastón y sandalias – y qué no deben de llevar – pan, alforja, dinero, una segunda túnica –, dónde deben alojarse – en una misma casa –, y qué hacer en caso los rechacen – sacudirse el polvo de las sandalias –. Luego se nos dice lo que hicieron: predicaron la conversión, expulsaron demonios y curaron enfermos.

A la misión se debe de ir en compañía, de la pareja, de una amiga, de un compañero. Parece ser que fue lo que hicieron los apóstoles como nos recuerda Pablo: “¿acaso no tenemos derecho a viajar en compañía de una mujer cristiana como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?” (1Cor 9,5).

La forma de empoderar para la misión, de dar autoridad parece resumirse en frases como: “La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor” (Jn 1,16), “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15,12), “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). La dinámica cristiana es hacer con las y los demás lo que Dios ha hecho con nosotras y nosotros. Eso explique tal vez que las mujeres fueran más fieles compañeras de Jesús que los varones, porque de ellas se nos dice que fueron “curadas de malos espíritus y enfermedades”, llegando incluso a afirmar que de Magdalena “habían salido siete demonios” (Lc 8,2), algo que nunca se afirma de los apóstoles. Sin embargo, a Pedro lo llama Satanás (Mc 9,33).

La forma de anuncio es el diálogo, como queda insinuado por ejemplo en la sanación del leproso (Mc 1,40-45), en la curación del ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), y es explicitado en los diálogos de Jesús con la samaritana (Jn 4,4-44), el paralítico (Jn 5,1-15) y el ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). Dios siempre propone, jamás impone.

La actitud de los apóstoles en la misión debe semejar la del sembrador que siembra al voleo, de manera que parte de la semilla cae en el camino, otra entre piedras, otra entre espinos y otra en tierra buena (Mc 4,3-9). Deben de sembrar con la misma generosidad y paciencia con las que Dios ha sembrado en ellos. Esta siembra gratuita – no condicionada por los resultados – solo es posible fruto de la gratitud – por la experiencia de tanto bien recibido –.

El ministerio es itinerante, de ahí el bastón y las sandalias. La confianza se debe de poner no en el dinero sino en los hombres a los que se dirigen.

En caso de ser rechazados no deben de guardar ni el equivalente a una pizca de polvo de resentimiento o rencor. Solo así van a poder seguir sembrando al voleo una y otra vez.

A lo que Jesús invita a los apóstoles es a ser testigos de la buena nueva que anuncian. Esto, en estos tiempos de Covid19 que corren, significa expulsar el espíritu maligno del miedo que los medios de comunicación se han dedicado a sembrar sistemáticamente en nosotras y nosotros. Significa liberarnos de las creencias que nos han inculcado atreviéndonos a cuestionar la adecuación y pertinencia de muchas de las medidas que nos han impuesto: quedarnos en casa, distanciarnos socialmente, usar mascarillas, saludarnos con la mano empuñada, dejarnos inyectar. Significa acercarnos a las personas contagiadas o necesitadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por sus historias, tenderles las manos y dejárnoslas estrechar. Significa entregar la vida libre y generosamente con la convicción de que nada ni nadie nos podrá quitar la vida así entregada. Significa reconocer y agradecer tanto bien recibido, valorando así lo que somos y tenemos, y entonces haciéndonos capaces de compartir.

Jesús, pues, nos invita a vivir como compañeros amantes traspasados, que yendo vulnerables por el camino, siembran al voleo una y otra vez la buena nueva de la nueva vida experimentada en compañía de Jesús.


domingo, 20 de junio de 2021

2021-06-20 - Muchas personas vivimos presas del miedo al contagio, cuidándonos de las demás personas, recluidas en nuestras casas, aisladas de las demás personas.

 

2021-06-20 - Hoy estamos celebrando la entrega de dos novicios jesuitas, Carlos Josué Méndez y Junior Crisóstomo, a Dios por medio de sus votos en la Compañía de Jesús. Carlos y Junior pasaron casi dos años formándose en el Noviciado Loyola, en Panamá. Los últimos meses los han pasado en nuestra Parroquia. Realizaron una misión en el Sector Hacienda Vieja. Su maestro de novicios es el P. Mario Miguel Gutiérrez sj, bien conocido y muy querido en esta Parroquia. A Carlos y Junior los acompañan hoy sus familiares y algunas amigas y amigos. Sean todas y todos muy bienvenidas y bienvenidos.

En el evangelio de Marcos (Mc 4,35-41) que escuchamos, los discípulos aparecen en una barca remecida por fuertes olas. Despiertan a Jesús reclamándole si no le importa que se hundan. Imaginarnos esta escena no es difícil en estos tiempos de Covid19 que hemos estado viviendo. Muchas personas vivimos presas del miedo al contagio, cuidándonos de las demás personas, recluidas en nuestras casas, aisladas de las demás personas. Como a los discípulos del evangelio nos invade el miedo a morir.

En esta situación, a instancias de los discípulos, Jesús reprende al viento y sobreviene una gran calma. Es la paz que encontramos cuando caemos en la cuenta que la vida es un don, un regalo. Un regalo que nos toca también que entregar, en el día a día, y en la hora de nuestra muerte. Al caer en la cuenta de esto reconocemos que la muerte es parte de la vida, y que de lo que se trata no es de evitar la muerte sino de elegir cómo queremos entregar la vida.

De las muchas formas de entrega posibles a la que nos invita Jesús es a una entrega amorosa. Es la entrega de la que nos habla Pablo en la Segunda carta a los corintios (2Cor 5,14-17) que escuchamos hoy. “El amor de Cristo nos apremia”, dice Pablo. Esta entrega es libre y generosa. No se hace por miedo de un castigo ni por interés de un premio. Es una entrega que se hace por gratitud, al reconocer tanto bien recibido. Entonces, ni la muerte, ni un cierto miedo a ella desaparecen, pero somos liberadas y liberados de su dominio. La experiencia de la gratitud desata nuestro amor y nos hace capaces de responder con amor al amor de Dios. Y, entonces, en estos tiempos de Covid19, nos animamos a acercarnos a las personas contagiadas, a dialogar con ellas, a dejarnos conmover por su situación, a tenderles las manos y a dejárnoslas estrechar rompiendo el cerco de la discriminación. Y, entonces, recobramos la paz.

Carlos y Junior han experimentando este amor de Dios que los libera del miedo a la muerte y los hace capaces de entregarse libre y generosamente por gratitud. En este tiempo en el que se le tiene tanto miedo al compromiso, Carlos y Junior se están comprometiendo a entregar sus vidas en la Compañía de Jesús, como compañeros suyos y nuestros. Se están comprometiendo a recorrer el camino de sus vidas en compañía de Jesús y en compañía nuestra, partiendo y compartiendo el pan (eso significa compañero) de sus propias vidas.

Nos alegramos con ustedes, Carlos y Junior, y les agradecemos su entrega libre y generosa, al tiempo que le pedimos a nuestro buen Dios que la haga fecunda.