domingo, 28 de noviembre de 2021

28 -11 -2021 - Jesús nos invita a no dejarnos llevar por la angustia, la ansiedad, ni el miedo confiando en su presencia en medio nuestro y a estar despiertas, atentos para hacer lo que nosotras, y solo nosotros podemos hacer.

 Homilía (Lc 21,25-28.34-36) 1 Domingo de Adviento A

Yoro – 2021.11.28

Tres rasgos marcan el contexto de las lecturas el día de hoy. El primero, y más inmediato son las elecciones generales que se realizan hoy en Honduras. El camino a estas elecciones ha estado marcado por la violencia, la distribución masiva, aunque siempre selectiva de bonos, bolsas de comida y otros bienes por parte de entidades estatales y municipales a fin de fidelizar, comprar, asegurar votos a su favor. También ha estado marcado por una falta de diálogo, por una polarización creciente de la sociedad, y por un miedo y angustia crecientes por el desenlace de las elecciones, por lo que sucederá después de ellas.

Un segundo rasgo que marca el contexto de las lecturas del hoy es la permanencia del Covid19 con el relato de nuevas variantes, a delta le ha seguido en estos días ómicron que tendría su origen en Sudáfrica. Se reporta una baja en la ocupación de las salas de Covid, al tiempo que continúa la campaña de inyecciones masivas por parte del estado que pretende ir casa por casa. La coacción hacia personas que han elegido no inyectarse crece con rumores sobre la necesidad de presentar la cartilla de vacunación para poder realizar actividades vitales como poder trabajar, utilizar el transporte público, ir a un banco, asistir a la escuela o recibir atención médica, entre otros. Todo esto está orientado a generar miedo y a mantener atemorizada y aislada a la población.

Un tercer rasgo que marca el contexto de las lecturas de hoy es el inicio del Adviento en nuestra liturgia como preparación para la celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús. Es un tiempo en el que se nos invita a estar atentas, despiertos, a reconocer la presencia y actuación del Dios cuyo nacimiento celebramos, ya entre nosotras y nosotros, y, por ende, a tener confianza, superando el miedo y no dejándonos llevar por él.

La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 33-14-16) nos habla de un rey cuyo nombre es toda una promesa: “El Señor es nuestra justicia”. Las cristianas y los cristianos pensamos inmediatamente en Jesús y, sin embargo, cuando Jesús tuvo la oportunidad de ser proclamado rey la rechazó (Jn 6,15). Y es que Jesús tenía claro que lo que nos va a “salvar” no es el poder de uno, ni siquiera el suyo, sino el amor, la entrega libre y generosa de todas y todos. Así, hacer depender nuestra vida de un rey nos des empodera.

La segunda lectura de la primera carta a los Tesalonicenses (1Tes 3,12-4,2) nos anima a 

estar llenas, llenos de amor mutuo y de amor por las y los otros, esto es, a amar a las y los nuestros, a las y los que pertenecemos a los mismos grupos: familia, iglesia y otros grupos; y amar al mismo tiempo a las y los otros, a quienes no pertenecen a nuestra familia, a nuestra iglesia, a nuestros grupos.

Finalmente, en el evangelio de Lucas (Lc 21,25-28.34-36), Jesús nos invita a no dejarnos llevar por la angustia, la ansiedad, ni el miedo confiando en su presencia en medio nuestro y a estar despiertas, atentos para hacer lo que nosotras, y solo nosotros podemos hacer. Así se nos insta a no agachar la cabeza, sino a alzarla.

¿A qué nos invita todo esto? Una primera invitación es a ejercer nuestro voto, a no vender nuestro voto, aunque lo hayan querido comprar, a votar en libertad, a discernir qué personas son las más aptas para cada uno de los cargos a elegir – diputados, alcalde, presidente – teniendo en cuenta el bien de todas las hondureñas y hondureños, y no solo el de unas y unos pocos. 

Una segunda invitación es a darles su lugar a las autoridades electas, dándonos nosotras y nosotros el nuestro, no esperando de ellas cosas que nos tocan a nosotras y nosotros, esto es, asumiendo nuestras responsabilidades y exigiendo que ellas asuman las suyas. En este sentido nos toca que romper el muro de la desconfianza, acercarnos unas a otros, dialogar, dejarnos conmover por lo que vemos, escuchamos, palpamos, y, tendernos las manos, y éstas no empuñadas, sino bien extendidas para podérnoslas estrechar. Este es el mejor tratamiento para el Covid19 y para sacar adelante a Honduras. La “salvación” está en nuestras manos, aquí y ahora. Ponerlas en las de alguien más solo nos debilita.

Finalmente, una tercera invitación es a no dejarnos llevar por el miedo. Y el miedo solo se supera a fuerza de amor, y el amor brota de la gratitud, de la experiencia de tanto bien recibido. En este tiempo de Adviento que estamos iniciando hoy celebramos la encarnación de Dios en nuestro mundo y en cada una y cada uno de nosotros. Dios está con nosotras y nosotros, porque está en nosotras y nosotros. Esta experiencia es la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas, y cuando Su amor despierta el nuestro, todo es posible.

sábado, 27 de noviembre de 2021

21 - 11 -27 - Un año más celebramos la fiesta del Santo Misionero, el P. Manuel de Jesús Subirana.

 21-11-27 - Manuel de Jesús subirana   



    Rom.10,8-15;Mc.15-20

Un año más celebramos la fiesta del Santo Misionero, el P. Manuel de Jesús Subirana. Las lecturas de hoy nos recuerdan cómo el Señor quiere la salvación y la vida de todos, de todos los pueblos y todas las naciones. Y la salvación consiste en darnos cuenta de cómo nos quiere Él y cuánto desea nuestro bien, sin excluir a nadie, y que vivamos como verdaderos hijos de Dios, como verdaderos hermanos, comunicándonos así la vida plena, eterna y feliz.

Por el año 1856, Yoro era un pueblo de poca importancia en el camino real que venía del puerto de Trujillo hacia la cabecera regional de Comayagua. Un pueblo de campesinos y agricultores en medio del territorio de las tribus hicaques, bastante despreciados por la población local. Los intentos de evangelización y civilización realizados hasta entonces no habían tenido mucho éxito y los indígenas se sentían humillados, empobrecidos y marginados y casi sin esperanzas de mejorar sus vidas.

Subirana, que venía de su experiencia misionera en Cuba, de donde fue expulsado por su celo misionero y su amor por la justicia y la verdad, se sintió enviado a anunciar el Evangelio entre los indígenas de Yoro. Su amor le llevó a acercarse de corazón a aquellos más pobres y despreciados, compartiendo su vida, aprendiendo su lengua y experimentando su pobreza. Y descubriendo entre ellos la presencia del Señor que le enviaba a anunciarles esa buena noticia:   

que, aunque muchos los despreciaban, el Señor les quería con un amor inmenso, ese amor con que Subirana mismo se sentía amado por Dios. Esto le llenaba a él de fortaleza y ánimo para superar toda clase de contrariedades y limitaciones que experimentaba por todas partes. Los despreciados veían en él esa gran presencia de ánimo que también se comunicaba a los demás. Pronto empezaron a pedir el Bautismo, que Subirana presentaba como la fuente de esa vida nueva, y comenzaron a mostrar deseo de mejorar sus vidas. Subirana no traía dinero, ni alimentos, ni bienes materiales ningunos. Pero sí comunicaba ese ánimo que nace de la Fe viva y transforma a todo aquel avanza en el camino de sentirse y comportarse como hijo de Dios.

Como hombre de gran sentido práctico vio enseguida la importancia de que los indígenas obtuvieran la seguridad jurídica sobre las tierras que habitaban. Por ello buscó delimitar claramente los linderos que correspondían a cada tribu y conseguir los documentos legales correspondientes. Buscó algunos colaboradores que ayudaran a los indígenas a mejorar sus formas de cultivar la tierra y tener así una mejor alimentación y salud. Elaboró unos reglamentos para evitar los abusos que los indígenas sufrían y defender mejor su dignidad. Estableció unas normas para evitar injusticias y engaños en los tratos de comercio de la zarzaparrilla, un producto que lo indígenas cosechaban y se exportaba hacia España. Los indígenas y mucha más gente, descubrieron en él una presencia muy especial y comenzaron a llamarle “el Santo Misionero” y los que anteriormente habían sido rebeldes ante la invasión de la cultura y la religión hispana, empezaron a sentir una atracción hacia el nuevo modo de vivir que anunciaba Subirana, una liberación de creencias aterrorizadoras y una vida más plena y libre. La evangelización iba acompañada de signos efectivos que revelaban un crecimiento en su dignidad humana. Y ello sin destruir sus valores ancestrales de hermandad familiar, lengua, amor a la vida y amor a la tierra en que vivían. Subirana resultó así un ejemplo de evangelización inculturada, que no destruye los valores que ya hay en la persona anteriormente a recibir el anuncio evangélico, sino que los potencia, los promueve y los hace crecer.  

De Subirana se cuentan hechos aparentemente extraordinarios, como de predecir acontecimientos futuros, curaciones, prodigios de varios modos, adivinar lo que algunas personas  tramaban o planeaban, expulsar malos espíritus, etc. Cosas que nos asombran o nos admiran. Cosas que algunos miran como “milagros”.  Que Subirana hizo milagros en su tiempo y los sigue haciendo ahora. Milagros que pueden serlo verdaderamente, pero que también pueden entenderse como acontecimientos naturales. Pero eso no es lo realmente más importante. Lo verdaderamente importante, tanto en Subirana como en tantos santos que ha habido en el mundo es el amor y la misericordia por los más pobres y marginados que transparenta el Amor de Dios que se encarna y se manifiesta en personas que se dejan guiar por el Espíritu divino. Amor que da fortaleza en la debilidad, esperanza en la oscuridad, paz en la fragilidad, vida en la adversidad, sabiduría en la contrariedad. Subirana se convierte así en un modelo y ejemplo para nosotros. Nos descubre lo que el Espíritu hace en nosotros cuando nos dejamos guiar por Él. Y todo ello hacerlo, no porque le obliguen a uno, o por intereses mezquinos o egoístas, sino vivirlo con alegría, con libertad.

Subirana nos muestra así que el camino del Reino, de la Paz, de la Libertad, de la Vida, de la Alegría, está abierto para todo aquel que cree la Buena Noticia de que Jesús pasó por la muerte, pero para vencerla en la Resurrección, que el Señor está vivo y nos sigue acompañando en nuestras luchas y trabajos, que lo que ilumina nuestras vidas y trabajos es el camino de la Fe, de vivir la vida en un compartir generoso y agradecido como continuamente se nos invita en el Evangelio.

Demos gracias al Señor por la vida de este gran Santo. Por el ejemplo de amor y entrega sincera y verdadera que se manifiesta en él. Y aprendamos de él ese camino de servicio y amor por los más pobres y despreciados a que también en él se nos invita a nosotros  a seguir. Si lo hacemos, sentiremos cómo él nos sigue acompañando y ayudando en nuestras necesidades, cómo él nos guía y nos protege en los peligros, cómo él sigue vivo y actuando con amor en nuestra vida, porque él participó y sigue participando en la Vida de Nuestro Señor.


domingo, 29 de agosto de 2021

2021 - 08 - 29 - Estas lecturas cobran una gran actualidad en estos tiempos de Covid19 que estamos viviendo.


2021.08.29 Homilía (Mc 7,1-8.14-15.21-23) 22 Domingo TO B

En la primera lectura del libro del Deuteronomio (Dt 4,1-2.6-8) Dios aparece animando al pueblo de Israel a cumplir los mandatos y preceptos que les ha dado para que puedan vivir y tomar posesión de la tierra de promisión. 

En la segunda lectura de la carta de Santiago (St 1,17-18.21-22.27) se nos recuerda en qué consiste la religión pura e intachable: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse de este mundo corrompido.

En el evangelio de Marcos (Mc 7,1-8.14-15.21-23) a raíz de la libertad de los discípulos de Jesús que comen con las manos impuras Jesús señala el peligro de dejar a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres y señala que lo que mancha al hombre no es lo que entra de fuera sino lo que le sale de dentro.

Estas lecturas cobran una gran actualidad en estos tiempos de Covid19 que estamos viviendo. En este tiempo se ha hecho mucho énfasis en el distanciamiento social, el lavado de manos, el uso de mascarillas, y últimamente en inyectarse. La higiene personal es indudablemente una buena práctica para prevenir el Covid19 y otras muchas enfermedades. Quedarse en casa cuando se está enfermo, es una excelente manera de prevenir contagios.

Pero ahora, muchas veces para poder participar en una actividad, se está pidiendo una prueba de Covid19 negativa. También, se está hablando de pedir la cartilla de vacunación con la constancia de las dos dosis de las inyecciones para el Covid19 para poder hacer diversos trámites e incluso mantener el empleo, tanto en el ámbito público como privado. Pareciera que estuviéramos implantando de nuevo las categorías de “puro” e “impuro”, pero ahora más allá del ámbito religioso, en el ámbito social. Sobre esto habría que decir varias cosas. En primer lugar, que las pruebas PCR en personas asintomáticas son poco confiables como lo afirma la OMS: “La OMS recuerda a los usuarios de medios diagnósticos in vitro que la prevalencia de la enfermedad modifica el valor predictivo de los resultados de las pruebas: cuanto más baja es la prevalencia, mayor es el riesgo de obtener un falso resultado positivo o negativo” (https://www.who.int/es/news/item/20-01-2021-who-information-notice-for-ivd-users-2020-05). 

En segundo lugar, que las inyecciones para el Covid19 no previenen que la persona que la reciba se contagie ni que contagie a otra persona, que su efectividad se reduce sensiblemente con el paso del tiempo y frente a las nuevas variantes de manera que en algunos países ya se está dando o se está considerando dar una tercera dosis. 

En tercer lugar, que las inyecciones para el Covid19 están teniendo en los primeros días muchos y muy variados efectos adversos neurológicos, cardíacos, respiratorios e inmunológicos, incluyendo muertes, y que se carecen de estudios sobre sus efectos a mediano y largo plazo. La supuesta seguridad de las inyecciones para el Covid19 también pareciera ser cuestionada por el hecho de que los estados tienen que renunciar a responsabilizar a las farmacéuticas que las fabrican, por cualquier efecto adverso que produzcan. 

En cuarto lugar, que estas medidas generan una falsa seguridad que no ayuda para tratar la enfermedad cuando se manifiestan sus síntomas haciendo que mucha gente eventualmente se complique y requiera hospitalización. 

En quinto lugar, evita que se hagan disponibles tratamientos sencillos y eficaces para tratar el Covid19 en casa que reducen la tasa de mortalidad en un 85%. 

En sexto lugar, que la principal causa de muerte en Honduras no es el Covid19, sino la falta de oportunidades de trabajo debidamente remuneradas, la deficiencia del sistema de salud pública y de educación, la violencia, la corrupción y negligencia de muchas de las autoridades públicas, acompañadas de la impunidad y de la complicidad de sectores importantes de la empresa privada. La emigración masiva de hondureñas y hondureños pareciera confirmar esto empíricamente. 

En séptimo lugar, que estas medidas generan y justifican una discriminación brutal hacia las personas “impuras”, haciéndonos pasar por alto que la religión pura e intachable, actualizando lo que dice Santiago, es acercarnos a las personas contagiadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por ellas, tenderles nuestras manos y dejárnoslas estrechar por ellas.

Lo que está en juego en estos tiempos de Covid19, como nos recuerda Jesús en el evangelio, más que nuestra supuesta “pureza” frente al Covid19, es nuestra humanidad, la que brota – o no – de nuestro interior precisamente frente a la persona “impura”, contagiada.

domingo, 11 de julio de 2021

2021-07-11 - A la misión se debe de ir en compañía, de la pareja, de una amiga, de un compañero.

Homilía (Mc 6,7-13) 15 Domingo TO B

Yoro – 2021.07.11

El evangelio de hoy (Mc 6,7-13) nos habla del envío de los 12: Jesús los manda en pareja, los empodera para expulsar espíritus inmundos, les dice qué deben llevar – bastón y sandalias – y qué no deben de llevar – pan, alforja, dinero, una segunda túnica –, dónde deben alojarse – en una misma casa –, y qué hacer en caso los rechacen – sacudirse el polvo de las sandalias –. Luego se nos dice lo que hicieron: predicaron la conversión, expulsaron demonios y curaron enfermos.

A la misión se debe de ir en compañía, de la pareja, de una amiga, de un compañero. Parece ser que fue lo que hicieron los apóstoles como nos recuerda Pablo: “¿acaso no tenemos derecho a viajar en compañía de una mujer cristiana como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?” (1Cor 9,5).

La forma de empoderar para la misión, de dar autoridad parece resumirse en frases como: “La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor” (Jn 1,16), “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15,12), “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). La dinámica cristiana es hacer con las y los demás lo que Dios ha hecho con nosotras y nosotros. Eso explique tal vez que las mujeres fueran más fieles compañeras de Jesús que los varones, porque de ellas se nos dice que fueron “curadas de malos espíritus y enfermedades”, llegando incluso a afirmar que de Magdalena “habían salido siete demonios” (Lc 8,2), algo que nunca se afirma de los apóstoles. Sin embargo, a Pedro lo llama Satanás (Mc 9,33).

La forma de anuncio es el diálogo, como queda insinuado por ejemplo en la sanación del leproso (Mc 1,40-45), en la curación del ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), y es explicitado en los diálogos de Jesús con la samaritana (Jn 4,4-44), el paralítico (Jn 5,1-15) y el ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). Dios siempre propone, jamás impone.

La actitud de los apóstoles en la misión debe semejar la del sembrador que siembra al voleo, de manera que parte de la semilla cae en el camino, otra entre piedras, otra entre espinos y otra en tierra buena (Mc 4,3-9). Deben de sembrar con la misma generosidad y paciencia con las que Dios ha sembrado en ellos. Esta siembra gratuita – no condicionada por los resultados – solo es posible fruto de la gratitud – por la experiencia de tanto bien recibido –.

El ministerio es itinerante, de ahí el bastón y las sandalias. La confianza se debe de poner no en el dinero sino en los hombres a los que se dirigen.

En caso de ser rechazados no deben de guardar ni el equivalente a una pizca de polvo de resentimiento o rencor. Solo así van a poder seguir sembrando al voleo una y otra vez.

A lo que Jesús invita a los apóstoles es a ser testigos de la buena nueva que anuncian. Esto, en estos tiempos de Covid19 que corren, significa expulsar el espíritu maligno del miedo que los medios de comunicación se han dedicado a sembrar sistemáticamente en nosotras y nosotros. Significa liberarnos de las creencias que nos han inculcado atreviéndonos a cuestionar la adecuación y pertinencia de muchas de las medidas que nos han impuesto: quedarnos en casa, distanciarnos socialmente, usar mascarillas, saludarnos con la mano empuñada, dejarnos inyectar. Significa acercarnos a las personas contagiadas o necesitadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por sus historias, tenderles las manos y dejárnoslas estrechar. Significa entregar la vida libre y generosamente con la convicción de que nada ni nadie nos podrá quitar la vida así entregada. Significa reconocer y agradecer tanto bien recibido, valorando así lo que somos y tenemos, y entonces haciéndonos capaces de compartir.

Jesús, pues, nos invita a vivir como compañeros amantes traspasados, que yendo vulnerables por el camino, siembran al voleo una y otra vez la buena nueva de la nueva vida experimentada en compañía de Jesús.


domingo, 20 de junio de 2021

2021-06-20 - Muchas personas vivimos presas del miedo al contagio, cuidándonos de las demás personas, recluidas en nuestras casas, aisladas de las demás personas.

 

2021-06-20 - Hoy estamos celebrando la entrega de dos novicios jesuitas, Carlos Josué Méndez y Junior Crisóstomo, a Dios por medio de sus votos en la Compañía de Jesús. Carlos y Junior pasaron casi dos años formándose en el Noviciado Loyola, en Panamá. Los últimos meses los han pasado en nuestra Parroquia. Realizaron una misión en el Sector Hacienda Vieja. Su maestro de novicios es el P. Mario Miguel Gutiérrez sj, bien conocido y muy querido en esta Parroquia. A Carlos y Junior los acompañan hoy sus familiares y algunas amigas y amigos. Sean todas y todos muy bienvenidas y bienvenidos.

En el evangelio de Marcos (Mc 4,35-41) que escuchamos, los discípulos aparecen en una barca remecida por fuertes olas. Despiertan a Jesús reclamándole si no le importa que se hundan. Imaginarnos esta escena no es difícil en estos tiempos de Covid19 que hemos estado viviendo. Muchas personas vivimos presas del miedo al contagio, cuidándonos de las demás personas, recluidas en nuestras casas, aisladas de las demás personas. Como a los discípulos del evangelio nos invade el miedo a morir.

En esta situación, a instancias de los discípulos, Jesús reprende al viento y sobreviene una gran calma. Es la paz que encontramos cuando caemos en la cuenta que la vida es un don, un regalo. Un regalo que nos toca también que entregar, en el día a día, y en la hora de nuestra muerte. Al caer en la cuenta de esto reconocemos que la muerte es parte de la vida, y que de lo que se trata no es de evitar la muerte sino de elegir cómo queremos entregar la vida.

De las muchas formas de entrega posibles a la que nos invita Jesús es a una entrega amorosa. Es la entrega de la que nos habla Pablo en la Segunda carta a los corintios (2Cor 5,14-17) que escuchamos hoy. “El amor de Cristo nos apremia”, dice Pablo. Esta entrega es libre y generosa. No se hace por miedo de un castigo ni por interés de un premio. Es una entrega que se hace por gratitud, al reconocer tanto bien recibido. Entonces, ni la muerte, ni un cierto miedo a ella desaparecen, pero somos liberadas y liberados de su dominio. La experiencia de la gratitud desata nuestro amor y nos hace capaces de responder con amor al amor de Dios. Y, entonces, en estos tiempos de Covid19, nos animamos a acercarnos a las personas contagiadas, a dialogar con ellas, a dejarnos conmover por su situación, a tenderles las manos y a dejárnoslas estrechar rompiendo el cerco de la discriminación. Y, entonces, recobramos la paz.

Carlos y Junior han experimentando este amor de Dios que los libera del miedo a la muerte y los hace capaces de entregarse libre y generosamente por gratitud. En este tiempo en el que se le tiene tanto miedo al compromiso, Carlos y Junior se están comprometiendo a entregar sus vidas en la Compañía de Jesús, como compañeros suyos y nuestros. Se están comprometiendo a recorrer el camino de sus vidas en compañía de Jesús y en compañía nuestra, partiendo y compartiendo el pan (eso significa compañero) de sus propias vidas.

Nos alegramos con ustedes, Carlos y Junior, y les agradecemos su entrega libre y generosa, al tiempo que le pedimos a nuestro buen Dios que la haga fecunda.

domingo, 13 de junio de 2021

2021-06-13 - La de la semilla que crece por sí sola y la del grano de mostaza que luego se convierte en un arbusto en el que los pájaros pueden anidar a su sombra.

2021-06-13 - En la primera lectura del libro del profeta Ezequiel (Ez 17,22-24) se nos relata como Dios va a tomar un renuevo de la copa de un gran cedro y lo plantará en la cima de la montaña más alta. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico en el que anidarán toda clase de pájaros. Con el Salmo 92 repetimos: “¡Qué bueno es darte gracias, Señor!”. En la segunda lectura de la segunda carta de Pablo a los corintios (2Cor 5,6-10) Pablo afirma que caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. En el evangelio de Marcos (Mc 4,26-34) Jesús propone dos parábolas para hablar del reinado de Dios: la de la semilla que crece por sí sola y la del grano de mostaza que luego se convierte en un arbusto en el que los pájaros pueden anidar a su sombra.

En la primera parábola de la semilla que crece por sí sola Jesús pareciera indicarnos que el reinado de Dios no depende de nosotras ni de nosotros, sino de Dios. Si esto es así, Dios está reinando ya. No se trata de que venga su reinado, ni de que lo construyamos. Se trata de acogerlo, de entrar en su dinámica conscientemente. Ignacio de Loyola, en la última oración de sus Ejercicios Espirituales nos habla sobre esta manera de reinar de Dios: reina creando, redimiendo, colmándonos de dones; reina habitando en todo lo creado constituyéndolo desde dentro; reina trabajando y laborando por nosotras y nosotros en todo lo creado; reina derramando bienes y dones sobre nosotras y nosotros (EE 234-237). Así, el reinado de Dios no es un punto de llegada, sino el punto de partida. Así las cosas, lo que nos toca es enteramente reconociendo tanto bien recibido en todo amar y servir (EE 233).

En la parábola de la semilla de mostaza Jesús llama la atención sobre la desapercibido que puede pasar el reinado de Dios porque es pequeño, no busca protagonismo, no se impone. Esto resulta especialmente evidente cuando se compara con el relato del cedro de Ezequiel. Es reinado de Dios no es como un cedro imponente, sino como una semilla insignificante, de una mata que en la antigüedad era considerada una plaga. No se siembra en la montaña más alta sino en un campo cualquiera. Dios reina en lo cotidiano, en lo ordinario, en lo común, y por eso corre el riesgo de pasar desapercibido. Es la presencia de Dios que Elías descubre en la cueva: no esté en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en una brisa suave (1R 19,11-13). Esta brisa podría ser nuestra propia respiración, tan suave que pasa desapercibida, pero tan vital que sin ella no sobrevivimos cinco minutos.

Cuando tomamos consciencia de esta manera de ser de Dios sencilla, ordinaria, vital no podemos sino dar gracias, que es a lo que nos invita el versículo que repetimos en el salmo. La gratitud es la puerta de entrada a la experiencia del reinado de Dios. Cuando comenzamos a agradecer descubrimos las posibilidades infinitas que dicho reinado nos ofrece, porque entonces empezamos a responder con amor a su amor.

Así, pues, Dios reina amando y solo amando, y nosotras y nosotros participamos activamente de dicho reinado cuando empezamos a reconocer y a agradecer su amor. La gratitud desata y despierta nuestro amor, y así empezamos a amar como él nos ama (Jn 15,12). Y, entonces, descubrimos que no se trata de un “ya, pero todavía no”, sino de un “ya y todavía más”.

Y, es entonces, que empezamos a formar comunidades de compartir agradecido en las que compartimos lo que somos y tenemos fruto no del miedo ni del interés, sino de la gratitud. Entonces, empezamos a acercarnos y a dejar que otras y otros se nos acerquen, a dialogar, a tendernos las manos y a dejárnoslas estrechar aun con la posibilidad del contagio, porque nos mueve la compasión. Entonces, empezamos a perder el miedo a la muerte porque experimentamos que nada ni nadie nos pueden quitar la vida entregada libre y generosamente. Entonces empezamos a vivir desde ahora, desde nuestros lugares y con las personas que nos rodean ese mundo con el que hasta entonces solo habíamos soñado.

domingo, 30 de mayo de 2021

2021-05-30 - Cómo es ese Dios revelado por Jesús cuya experiencia es posible por el Espíritu Santo? Ese Dios es un Dios que es don, entrega totales.

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Lo que celebramos en esta fiesta es el amor de Dios, o mejor, un Dios que es amor, y solo amor.

La primera lectura del libro del Deuteronomio (Dt 4,32-34.39-40) nos recuerda que Dios es solo uno. El Salmo (Sal 33) nos permitió tomar consciencia de ser parte del pueblo escogido por Dios. La segunda lectura de la Carta a los romanos (Rm 8,14-17) nos habla del Espíritu de Dios que hemos recibido que nos permite experimentarnos como hijas e hijos suyos, y a él como un Padre amoroso. El evangelio de Mateo (Mt 28,16-20) nos relata como Jesús resucitado envía a sus compañeros a compartir la experiencia de ese Dios Padre revelado en Jesús posibilitada por el Espíritu Santo.

¿Cómo es ese Dios revelado por Jesús cuya experiencia es posible por el Espíritu Santo? Ese Dios es un Dios que es don, entrega totales. Por eso es creador. Es un Dios que es puro regalo y que nos regala todo lo que somos y nos rodea.

Es un Dios que es acogida incondicional. Es un Dios que no nos pone paréntesis, que no nos voltea la cara ni nos da la espalda. Es un Dios que nos acoge siempre, seamos como seamos. Es un Dios de cuyo amor nada ni nadie nos pueden separar (Rm 8,35-39). Por eso es un Dios que es perdón.

El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios que vida. Así, Jesús afirma que el vino para que tuviéramos vida, y vida en abundancia (Jn 10,10). Más aun, afirma que él es la Vida (Jn 14,6). Por eso es un Dios que es Vida, Vida plena, Vida definitiva, Vida eterna.

El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios incluyente, un Dios que alcanza para todas y todos, un Dios que no deja a nadie por fuera. De ahí su pasión por las últimas y los marginados plasmada tan contundentemente en las comidas de Jesús (Mt 11,19; Lc 7,34). Por eso es un Dios Universal, un Dios Total, porque no deja a nada ni a nadie por fuera de su amor.

El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios respetuoso, un Dios que propone, un Dios que jamás impone. Es un Dios que nos pregunta: ¿qué te parece? y ¿quieres? como queda ilustrado en la llamada del joven rico a quien Jesús vio, amó y llamó, pero que no aceptó el llamado (Mc 10,17-22). Por eso es un Dios Dialogante, un Dios Interpelante.

El Dios que se nos releva en Jesús es un Dios que se entrega gratuitamente, que no cobra. Por eso no hay nada que podamos hacer para merecer su amor, porque ese ya lo tenemos de antemano. Así es un Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos y caer su lluvia sobre justos e injustos (Mt 5,45). Por eso es un Dios Gracioso.

El Dios que se nos revela en Jesús es un Dios cercano, es Dios con nosotras, Dios con nosotros, es Emmanuel (Mt 5,23). Por eso es un Dios Encarnado.

El Dios que se nos revela en Jesús en un Dios en nosotras, en nosotros (Jn 20,19-23). Por eso es un Dios Íntimo.

En definitiva, el Dios que se nos revela en Jesús es un Dios que es amor y solo amor y que así hace posible que nosotras y nosotros respondamos con amor al suyo (Jn 1,16).

domingo, 23 de mayo de 2021

2021.05.23 - Hoy estamos celebrando la fiesta de Pentecostés, la fiesta de la experiencia del Espíritu Santo que tuvieron las primeras cristianas y cristianos, y que estamos invitadas e invitados a tener también nosotras y nosotros.

2021.05.23 - Hoy estamos celebrando la fiesta de Pentecostés, la fiesta de la experiencia del Espíritu Santo que tuvieron las primeras cristianas y cristianos, y que estamos invitadas e invitados a tener también nosotras y nosotros. Las lecturas de hoy nos ayudan a profundizar en esa experiencia.

La lectura de los Hechos de los apóstoles (Hch 2, 1-11) nos dice que la experiencia del Espíritu Santo es comunitaria. Las y los discípulos estaban reunidos. El simbolismo de las lenguas de fuego nos recuerda de la zarza que arde sin consumirse en la que Dios se le apareció a Moisés (Ex 3,1-6). También nos recuerda la experiencia de la pareja de discípulos de Emaús que cae en la cuenta de cómo sus corazones ardían en la compañía de Jesús (Lc 24,32). Esta experiencia se vuelve misión: empiezan a proclamar las maravillas de Dios a gente de diversas lenguas.

El salmo (Sal 104) nos recuerda la presencia del Espíritu en toda la creación al tiempo que pide que ese Espíritu siga transformando la tierra.

En la Primera carta a los corintios (1Cor 12,3-7.12-13) Pablo recuerda la pluralidad de los dones del Espíritu, su unidad por ser del mismo Espíritu, la relativización de las diferencias que ya no pueden ser tomadas como fuente de privilegios, y su dinamismo que lleva a formar un solo cuerpo.

En el evangelio de Juan (Jn 20,19-23) que escuchamos la experiencia del Espíritu Santo es comunitaria, da paz, es Jesús quien la hace posible, y se vuelve misión, formar comunidades de personas liberadas de cualquier opresión.

Un texto clave para entender la experiencia del Espíritu Santo es Jn 1,16-17 en la traducción de Juan Mateos: “La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor, porque la Ley se dio por medio de Moisés; el amor y la lealtad han existido por medio de Jesús Mesías”. Así, el núcleo de la experiencia cristiana es la del amor de Dios manifestado en Jesús, que despierta, que desata el nuestro. La zarza que arde sin consumirse, el ardor del corazón, las lenguas de fuego son todas maneras de señalar esa experiencia del amor de Dios que suscita el nuestro.

Este amor, aunque sea personal, no es individualista, lleva por su propio dinamismo a formar comunidades. Son comunidades marcadas por la gratitud, que reconocen y agradecen tanto bien recibido. Son comunidades capaces de compartir porque la gratitud las ha liberado de la codicia. Son comunidades que comienzan con la pareja, se extienden a las y los hijos, y se abren más allá de la propia familia. Son comunidades de iguales, porque las diferencias han dejado de ser fuente de privilegios, porque se saben hijas e hijos de un Dios que confiesan como su Padre, descubriéndose así hermanas y hermanos unas de otros. Son comunidades incluyentes porque el amor del Dios en el que creen no deja a nada ni nadie por fuera. Son comunidades que cuidan de la casa común porque sienten que la paternidad de Dios y la hermandad que funda se extiende a la creación entera. Son comunidades que han dejado de cuidarse unas de otros, para pasar a cuidarse unas a otros. Son comunidades samaritanas que lejos de quedarse en casa para evitar a la hermana contagiada o al hermano necesitado, ya no digamos de hacer un rodeo si se encuentran con él, se hacen cercanas, dialogan escuchando y dando su palabra, se dejan conmover por lo que ven, escuchan y palpan, y tienen la mano y se la dejan estrechar. Son comunidades liberadas de la ley, porque las entrañas de misericordia las hacen ir más allá de ella. Son comunidades a cuyos miembros ya nos los mueve el miedo de los siervos, ni el interés de los asalariados, sino la gratitud que las convierte en compañeras y amigos de Jesús. Son comunidades misioneras que siembran al voleo la buena nueva de la nueva vida experimentada en compañía de Jesús. Son comunidades traspasadas a las que pueden perseguir, difamar y matar, pero a las que no les pueden quitar la vida, porque esa la entregan libre y generosamente. Son comunidades que ya han entrado en la dinámica del reinado de Dios y que están abiertas al todavía más de un amor cada vez más radical. Son comunidades eucarísticas que parten y comparten el pan de sus vidas y el vino de su amor leal en compañía de Jesús. Son, en definitiva, comunidades del Espíritu que responden con amor al amor del que nos ama primero.

Estas son las comunidades que nos han sido prometidas en Pentecostés, de las que tenemos tanta necesidad, y que estamos invitadas e invitados a formar desde ahora, desde donde estamos, desde nosotras y nosotros mismos en compañía de Jesús.

¡Feliz fiesta de Pentecostés!

domingo, 16 de mayo de 2021

2021-05-16 - Hoy estamos celebrando la Ascensión de Jesús y el día de las y los catequistas.

Hoy estamos celebrando la Ascensión de Jesús y el día de las y los catequistas. En la primera lectura de los Hechos de los apóstoles (Hch 1,-11) Jesús invita a los apóstoles a quedarse en Jerusalén esperando el don del Espíritu Santo. Los apóstoles siguen preocupados por la liberación y restauración de Israel. Jesús les dice que el Espíritu Santo los convertirá en testigos suyos hasta los confines del mundo. Luego se relata su ascensión. Dos hombres vestidos de blanco les dicen a los apóstoles que, así como Jesús ha subido al cielo, volverá. La lectura de la Carta a los Efesios (Ef 4,1-13) nos dice que para subir a los más alto Jesús tuvo primero que bajar a lo profundo de la tierra y que de lo que se trata es de que todas nosotras y nosotros alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo. En el evangelio (Mc 16,15-20) Jesús aparece enviando a sus discípulos a predicar la buena noticia por todo el mundo y enumera algunas señales que acompañarán su predicación. Luego se nos dice que Jesús subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. El evangelio termina refiriendo como los discípulos proclamaban la buena noticia por todas partes y cómo su predicación era acompañada por señales.

Arriba abajo, cielo tierra, subir bajar son manera de hablar. Lo que los evangelistas y Pablo nos quieren decir es que ese Jesús que experimentó el horror de la crucifixión está con Dios, es Dios. Dicho de otra manera, ese Jesús que fue asesinado, crucificado, y rematado traspasándole el costado, nos entrega su Espíritu, el Espíritu Santo, derrama de su costado traspasado sangre y agua, y esto, porque está vivo, porque entregó su vida libre y generosamente, y por eso nada ni nadie se la pudo ni puede quitársela.

Como en los otros relatos de apariciones, el encuentro con Jesús en su ascensión es misión, es envío. Jesús envía a ser testigos suyos, a vivir lo que proclaman, y esa vida entregada como la de Jesús libre y generosamente, se convierte en la gran señal que corrobora la buena noticia. Así lo que se comparte es la buena nueva de la nueva vida experimentada en compañía de Jesús.

La palabra catequesis viene del griego en el que significa instruir de viva voz. Y lo que se instruye de viva voz es la buena nueva de Jesucristo. Con catequesis asociamos espontáneamente niñas, niños y catequistas. Ahora como decíamos lo que se enseña de viva voz es la buena nueva de la nueva vida experimentada con Jesús. Y por eso, hoy podríamos añadir que catequesis no solo es instruir de viva voz, sino con viva vida. Así, lo que la catequesis quiere enseñar no es primariamente una doctrina, es un estilo de vida, una forma de vivir, un camino, decían las primeras comunidades cristianas. Y esto, como dice bellamente el Documento para el Camino, hacia la asamblea eclesial de América Latina y el Caribe se hace “por desborde de gratitud y alegría”, porque “quieren compartir la vida que brota del encuentro con Cristo” (46).

Hay uno antiguo dicho que dice: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”. Esto es algo que cualquier maestra, maestro sabe: la mejor enseñanza no sustituye una cierta capacidad en el alumno, más bien la presupone. Parafraseando esta frase podríamos decir: “Lo que la familia no da, la catequesis lo enseña”. Esto, pues, es un llamado a todas las familias que tienen a sus hijas e hijos en catequesis. Ustedes papás y mamás, son las y los primeros catequistas de sus hijos. En ese sentido, quiero invitarlas, invitarlos a dos prácticas muy sencillas que podrían ayudar mucho a formar a sus hijas e hijos en la buena nueva de la nueva vida experimentada con Jesucristo. La primera: cenar juntos, compartir una comida al día. Sentarse alrededor de una mesa, dar gracias antes de comer, tener apagados los celulares, la tele, la radio y compartir lo vivido durante el día mientras se comparte la comida. Y la segunda práctica: después de cena leer el evangelio del día en familia, compartiendo lo que dice el texto, lo que sentimos que nos dice Dios, lo que le queremos decir a Dios, el detalle de su amor que agradecemos, y aquello a lo que nos sentimos invitadas e invitados.

En nombre de la Parroquia, quiero agradecer a las y los catequistas su entrega libre y generosa en la enseñanza de viva voz y de viva vida de la buena nueva de la nueva vida experimentada con Jesús a las niñas y niños de nuestra Parroquia. Y le pido a Dios que sus corazones nunca dejen de desbordarse de gratitud y alegría.

domingo, 2 de mayo de 2021

2021-05-02 - Dios el labrador y nosotras y nosotros los sarmientos (las ramas).

 

2021-05-02 - En el evangelio de Juan (Jn 15,1-8) que escuchamos Jesús nos dice que él es la vid (el tronco), Dios el labrador y nosotras y nosotros los sarmientos (las ramas). Nos dice que las ramas que no producen fruto son cortadas, y las que lo producen son limpiadas. Así como una rama no puede producir frutos separada del tronco, tampoco nosotras ni nosotros, podemos producir frutos separados de Jesús. La relación con Jesús es fundamental para dar frutos. La gloria de Dios consiste en que demos muchos frutos.

Una primera cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que no existimos separadas, separados, que estamos íntimamente unidas, unidos al tronco, y por ende unas a otros. Nada ni nadie está excluida, excluido. Todas y todos pertenecemos.

Una segunda cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que todas, todos estamos conectados. Nuestras vidas con minúscula dependen de la Vida con mayúscula.

Una tercera cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que estamos destinadas, destinados a dar fruto, mucho fruto.

¿Qué significa todo esto en el momento actual? El Covid19 nos ha recordado que más allá de la vinculación digital por internet estamos vinculados vitalmente. Así, un virus que fue detectado al otro lado del mundo no tardó mucho en llegarnos a nosotras y nosotros sin respetar sexo, religión, condición social u otras distinciones que estamos acostumbradas, acostumbrados a hacer. También nos muestra lo importante que es cuidarnos, y esto en dos sentidos. Practicando, por un lado, unas medidas de higiene básicas y, sobre todo, tratándonos a tiempo y bien en caso nos contagiemos, y por otro, acercándonos unas a otros, dialogando unas con otros, dejándonos conmover por lo que vemos, escuchamos y palpamos en las y los demás, y tendiéndonos las manos y dejándonoslas estrechar.

Los medios de comunicación social han estado sembrando el miedo sistemáticamente. El miedo nos lleva al aislamiento, a la desconfianza, al debilitamiento personal y colectivo. El miedo literalmente nos desconecta, tanto unas de otros, como de nosotras y nosotros mismos. La savia de la vida es la gratitud. En la medida en que seamos agradecidas, agradecidos vamos a poder experimentar el amor, la bondad, la generosidad, la fidelidad de Dios. Entonces la experiencia de su amor va a ir desatando el nuestro, haciéndonos capaces de responder con amor al suyo. Y, entonces, libres del miedo vamos a ser libres para amar.

Amar en estos tiempos del Covid19 significa reunirnos, formar comunidades. Unas comunidades en las que superando la desconfianza ya no ocultemos nuestros rostros, unas comunidades en las que compartamos lo que somos y tenemos, y esto no fruto del miedo a un castigo, ni fruto de la esperanza de un premio, sino fruto de la gratitud, del agradecimiento por tanto bien recibido. En estas comunidades nuestra esperanza no va a estar puesta en una inyección, sino en el apoyo mutuo. Estas comunidades se van a convertir en nuestras arcas de Noé en el diluvio de la corrupción, de la impunidad, de la violencia, de la negligencia que estamos viviendo. Estas comunidades comienzan en nuestras familias, para luego extenderse a nuestras vecindades, aldeas y pueblos.

Ahora, en la lógica del tronco, las ramas y los frutos, la única manera de dar vida, de ser fecundas, fecundos es entregando la vida, libres del miedo, confiando en el labrador y respondiendo con amor al suyo.

domingo, 4 de abril de 2021

2021-04-04- “¡Resucitó de veras, mi amor y mi esperanza!”.

 

2021-04-04 - En el evangelio de hoy (Jn 20,1-9), Juan nos relata las experiencias de María Magdalena, de Pedro y del discípulo amado el primer día de la semana. María Magdalena va al sepulcro y encuentra la losa quitada. Les cuenta a Pedro y al discípulo amado que no halla a Jesús en el sepulcro. Corren Pedro y el discípulo amado y entran al sepulcro. En efecto, solo encuentran los lienzos y el sudario. El discípulo amado ve y cree.

Como nos muestra el evangelio de hoy la fe en la resurrección no se impone, solo se propone. Como nos lo recuerda el triduo pascual, la resurrección de Jesús está íntimamente unida a su vida, pasión y muerte. La fe en la resurrección de Jesús no es un volver a la vida, ya que tarde o temprano volvería a morir. La fe en la resurrección de Jesús es más bien confiar en la Vida que se revela en su vida, pasión y muerte. La fe en la resurrección es confesar la Vida que Jesús nos descubre en su vida, pasión y muerte.

Veamos cómo fueron la vida, pasión y muerte de Jesús. En primer lugar, Jesús confió en que lo último de la realidad, la realidad última era como un Padre amoroso, cercano, activo, en cuya bondad se puede confiar y reposar. Jesús se experimentó como hijo de ese Dios Padre y como hermano de todos los demás seres humanos. Esta experiencia de Dios como amor y solo amor llevó a Jesús a una honda experiencia de gratitud que marcó toda su vida.

En segundo lugar, la experiencia del amor de Dios llevó a Jesús a la experiencia de la universalidad de su amor. De ahí la pasión de Jesús por las últimas, los perdidos, las mujeres, los pecadores, las y los enfermos, los endemoniados. Jesús sintió que el amor de Dios alcanzaba para todos, que nada ni nadie quedaban excluidos de él. Así se explican su acogida de las pecadoras (Lc 7,36-50; Jn 8,1-11), sus comidas con recaudadores de impuestos (Mc 2,14-17), su cercanía a leprosos (Mc 1,40-45).

En tercer lugar, su experiencia del amor de Dios llevó a Jesús a formar una comunidad de compartir agradecido con gente de todo tipo: pescadores, recaudadores de impuestos, mujeres que habían sido sanadas, alguna incluso de la que habían salido siete demonios. Típico de esta comunidad fueron sus comidas que llevaron a calificar a Jesús como comilón y borracho, amigo de recaudadores y pecadores (Lc 7,34). También típico de esta comunidad fue el envío en parejas a compartir la buena nueva de la buena vida que estaban experimentando.

En cuarto lugar, su experiencia del amor de Dios llevó a Jesús a responder con amor a ese amor, a entregarse libre y generosamente, superando el miedo a la muerte e incluso a costo de su propia vida. Entregando su vida descubrió la Vida que nada ni nadie le podía quitar porque él la entregaba libre y generosamente (Jn 10,18). Así, confió en ese Dios al que había experimentado como Padre Nuestro entregando su vida con pasión hasta su muerte.

María Magdalena, Pedro, el discípulo amado nos muestran las diversas reacciones posibles ante la vida, pasión y muerte de Jesús, y nos recuerda que solo va a confesar su resurrección quien responde con amor al amor de Jesús, quien de discípulo pasa a ser amigo, compañero de Jesús atreviéndose a vivir más allá de la ley, porque el amor no se puede mandar.

En el evangelio de hoy no se nos dice que María Magdalena regresara al sepulcro. Sin embargo, en la próxima escena se nos dice que María Magdalena se había quedado junto al sepulcro (Jn 20,11). Tal vez, entonces es ella aquella discípula amada, la compañera amante traspasada de Jesús que proclama como primera: “¡Resucitó de veras, mi amor y mi esperanza!”.

sábado, 3 de abril de 2021

2021-04-03 - Hoy estamos celebrando la Vigilia pascual en la que profesamos nuestra fe en la resurrección de Jesús, luego de su pasión y muerte.

 

2021-04-03 - Hoy estamos celebrando la Vigilia pascual en la que profesamos nuestra fe en la resurrección de Jesús, luego de su pasión y muerte. Este es un primer punto importante. Resucitar no significa no padecer, no significa no morir. Más bien, atravesar la pasión y la muerte parecen esenciales para resucitar.

El evangelio de hoy (Mc 16,1-8) nos habla de tres mujeres, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé que muy de mañana el primer día de la semana se dirigen al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús. Se encuentran, para su sorpresa, con la losa del sepulcro corrida y con un joven envuelto en una vestidura blanca que les anuncia que Jesús ha resucitado y que les invita a ir a Galilea para encontrarse con él.

Estas mujeres ya habían aparecido antes en el evangelio de Marcos, a saber, en la crucifixión y en la sepultura de Jesús. Tal vez también están prefiguradas por aquella mujer anónima que unge a Jesús en el inicio del relato de la pasión según Marcos. Esto parece reforzar lo dicho al inicio: las primeras testigos de Jesús resucitado fueron aquellas que lo acompañaron en su pasión y muerte. Llama la atención que no pronuncian una sola palabra, en cambio, hacen como ninguno, lo que tocaba hacer: acompañar a Jesús en su pasión y muerte, para luego acompañarlo también resucitado.

A lo que invita el joven a las mujeres es a hacer una experiencia: ir a Galilea para verlo. Recuerda mucho aquella otra invitación que Jesús les hace a los primeros discípulos en el evangelio de Juan luego de preguntarle donde vive: “Vengan y lo verán” (Jn 1,39). Ser discípulo de Jesús es hacer una experiencia con él.

¿Qué experiencia habrán hecho aquellas mujeres y luego otros tantos en su encuentro con Jesús resucitado? Un primer momento de esa experiencia es la pérdida del miedo a la muerte (Hb 2,15). Era una de las grandes invitaciones que hacía Jesús en su vida: No tengan miedo (Mc 6,50).

Un segundo momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de ser libres para amar apasionadamente como Jesús. Así, la liberación del miedo a la muerte las hace libres para amar. Es lo que luego va a ser descrito como la experiencia del Espíritu Santo significada en Pentecostés. Pablo recoge esta experiencia en 1Cor 13: “ya puedo tener toda la fe, hasta mover montañas, que, si no tengo amor, no soy nada” (1Cor 13,2).

Un tercer momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de que Dios es amor y solo amor, e íntimamente unido a esto, la experiencia de la universalidad de su amor, la experiencia que nada ni nadie quedan fuera de él. De ahí, la experiencia de Dios como Padre Nuestro.

Un cuarto momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de una honda gratitud. Gratitud que junto con la compasión se convierten en las motivaciones del actuar desplazando al miedo y al interés.

Un quinto momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de que todo está abierto, de que ya no se trata de obedecer, ni siquiera a Dios, porque el amor por definición no se puede mandar, sino de amar libre, creativa y responsablemente. Y esto solo puede hacerse cuando se deja de ser discípulo de Jesús, para convertirse en amigo, compañero suyo, como lo hicieron aquellas tres mujeres de las que nos habla el evangelio.

jueves, 1 de abril de 2021

2021-04-01 - Veamos los elementos de este amor que se hacen presentes en la última cena de Jesús. Todo comienza con la gratitud como nos recuerda Pablo en su relato de la institución de la Eucaristía.


2021-04-01 - Hoy inicia el triduo pascual con el recuerdo y la celebración de la última cena de Jesús. El inicio del evangelio de hoy (Jn 13,1-15) pone el marco de todo lo que vamos a celebrar estos días: “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Lo que se nos va a relatar a continuación es una historia de amor, hasta el final y total.

Veamos los elementos de este amor que se hacen presentes en la última cena de Jesús. Todo comienza con la gratitud como nos recuerda Pablo en su relato de la institución de la eucaristía (1Cor 11,23-26): “Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias…”. El amor de Jesús es un amor agradecido, un amor que responde al amor de Dios (Jn 1,16).

La gratitud desemboca en servicio desinteresado. Lavar los pies era una práctica común hecha necesaria por las sandalias y el polvo de los caminos. O se lavaba la propia persona los pies, o se los lavaba otra en condición servil o de dominio. Jesús aquí retoma algo que él había experimentado con anterioridad, pero realizado no como acto servil sino como acto de amor cuando María, la hermana de Marta y Lázaro, en el evangelio de Juan o la mujer anónima en el evangelio de Lucas le lavan los pies. Jesús hizo lo que le hicieron (lavar los pies) y como se lo hicieron (por amor).

La cena, como nos recuerda san Juan de la Cruz, recrea y enamora. Es una cena en la que hay intimidad. En el evangelio de Juan se ha conservado el recuerdo del discípulo amado de Jesús (Jn 13,23). Esta relación de intimidad no es exclusiva. Así, más adelante Jesús va a decir: “No, no los llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a ustedes les vengo llamando amigos, porque todo lo que le oí a mi Padre se los he comunicado” (Jn 15,15).

La comunidad que se congrega en torno a la última cena de Jesús es una comunidad de compartir agradecido. Se comparte no fruto del miedo, ni fruto de la espera de una recompensa. Jesús nos muestra a un Dios al que no hay que tenerle miedo (Mc 6,50), y que, así como no castiga, tampoco premia, porque el Dios de Jesús es el que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer su lluvia sobre justos e injustos (Mt 5,45). En la comunidad de Jesús se comparte fruto de la gratitud, del reconocimiento agradecido de tanto bien recibido.

En la última cena Jesús muestra su amor respetando la decisión de Judas de traicionarlo, acogiendo a Pedro que habría de negarlo tres veces, y al resto de los discípulos que lo abandonarán. Jesús no hace depender su amor del de sus discípulos. Los ama y respeta su libertad, sin romper por eso su relación de amistad con ellos.

En la última cena Jesús se entrega libre y generosamente a sí mismo. Entrega su vida hasta la muerte con pasión (cuerpo y sangre). Por eso, aunque a Jesús lo van a matar, a crucificar, a traspasar, no podrán quitarle la vida, porque esa la entregó libre y generosamente (Jn 10,18).

Retomando lo dicho hasta ahora podemos concluir: Jesús no quiere siervos, ni siquiera discípulos, quiere amigos, compañeros. Y esto, porque el amor no se puede mandar ni imponer. Solo se puede proponer. Y la única manera de hacerlo es amando. Y la única manera de aceptarlo el respondiendo con amor a su amor. Y eso fue lo que descubrieron, antes y mejor que ningún varón, María Magdalena y las otras compañeras de Jesús.

domingo, 21 de marzo de 2021

2021-03-21 - El amor de Dios no elimina la pasión, pero nos da la posibilidad de vivirla de una manera nueva, como grano de trigo que muere y así se hace fecundo dando mucho fruto, como entrega libre y generosa en respuesta al amor de Dios.

 


2021-03-21 - La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 31,31-34) nos habla de la nueva alianza que Dios va a establecer con su pueblo posibilitada por el perdón de culpas y olvido de pecados, dicho en otras palabras, posibilitada por un amor incondicional. Así, la nueva alianza no está fundada en el poder de Dios, sino en su amor. Y es que el amor no se puede imponer, solo se puede proponer, y la manera de hacerlo es amando y solo amando.

El tema del salmo (Sal 51) es la creación de un corazón puro. Desde la perspectiva de la primera lectura nuestros corazones ya son puros, no porque seamos buenas o buenos, sino porque somos amadas y amados por Dios. Como se dice en El Principito: “no se ve bien sino con el corazón”. O, en palabras de san Juan de la Cruz: “No quieras despreciarme, que si color moreno en mi hallaste, ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste”. Así las cosas, tal vez lo que habría que pedir sería un corazón agradecido.

La segunda lectura de la Carta a los hebreos (Hb 5,7-9) nos habla de las oraciones y súplicas, de los gritos y lágrimas de Jesús, nos habla de su pasión. Constatamos, pues, y tal vez muy a nuestro pesar, que el amor de Dios no elimina la pasión.

¿Qué pasa entonces con la pasión? A eso responde el evangelio de hoy (Jn 12,20-33). El amor de Dios no elimina la pasión, pero nos da la posibilidad de vivirla de una manera nueva, como grano de trigo que muere y así se hace fecundo dando mucho fruto, como entrega libre y generosa en respuesta al amor de Dios. La pasión, pues, se convierte en glorificación de Dios y del hombre, porque es un amor (el del hombre) que responde a su amor (el de Dios). Así, en la nueva alianza, la pasión puede convertirse de desgracia en glorificación: en la expresión de un amor agradecido por tanto amor recibido.

¿Qué significa esto en el contexto electoral que estamos viviendo? Significa que la salvación no viene del poder, mucho menos del poder de algunos, ya no digamos del de uno, sino del amor, de la entrega libre y generosa de todas y todos. Así, podemos dejar de poner nuestra esperanza en el poder y empezar a amar apasionadamente con un amor que nos lleve no solo a amar al prójimo sino a hacernos prójimas y prójimos de las personas necesitadas y contagiadas. Fue lo que vivimos en Eta y Iota. La salvación no nos vino del poder, ni de los poderosos, ni de los de “arriba”, sino de nosotras y nosotros mismos, desde abajo cuando habiéndonos dejado conmover superamos el miedo, nos atrevimos a acercarnos unas a otros, a tendernos las manos y a dejárnoslas estrechar. Así, si bien es cierto que nos puede ser de una gran ayuda elegir a personas que no sean ni corruptas ni ávidas de poder, que más que servir al pueblo quieran servirse de él, no van a ser los políticos ni los poderosos los que nos van a salvar, como tampoco un Dios milagrero ni “todopoderoso”. Lo que nos salva es el Dios que es amor y solo amor, y nuestra entrega libre y generosa, nuestra pasión agradecida como respuesta a su amor.

La crisis económica, social y sanitaria provocada por la manera en que nuestros políticos han enfrentado al Covid 19 y los contagios producidos por él, nos van a permitir entregarnos libre y generosamente unas a otros, con un amor agradecido y apasionado haciendo, entonces, posible que formemos comunidades de compartir agradecido cada vez más abiertas en las que vamos a experimentar, agradecer y celebrar nuestra salvación.

domingo, 14 de marzo de 2021

2021-03-14 - Esta imagen en Juan hace referencia a la crucifixión de Jesús que al mismo tiempo es su exaltación porque es el símbolo de su entrega libre y generosa hasta el final.

 


2021-03-14 - El evangelio de Juan (Jn 3,14-21) que hemos escuchado nos habla del amor de Dios por todas y todos nosotros y de las respuestas posibles a su amor.

El Hijo del hombre levantado es la gran muestra del amor de Dios. Esta imagen en Juan hace referencia a la crucifixión de Jesús que al mismo tiempo es su exaltación porque es el símbolo de su entrega libre y generosa hasta el final. Es en la cruz que Jesús entrega el Espíritu (Jn 19,30). Jesús con el costado traspasado del que brotan sangre y agua (Jn 19,34) es la visión de la gloria para Juan. La crucifixión de Jesús es su exaltación: ahí Jesús sella la entrega de su vida por amor. Amar es entregarse fruto de la gratitud. Amar es dejar que el amor de Dios despierte el nuestro (Jn 1,16).

A los ojos de Dios somos preciosas, preciosos, tan así, que se entregó a sí mismo por nosotras y nosotros (Jn 3,16). Ahora esto es algo que solo podemos creer, es algo en lo que solo podemos confiar. Creer esto es confiar que Dios es amor y solo amor. Y la manera de creer en esto es dejando que su amor despierte el nuestro, respondiendo con amor a su amor, entregándonos libre y generosamente como lo hizo Jesús.

Así, la dinámica del reinado de Dios no es tanto un “sí, pero todavía no”, sino un “sí y todavía más”, en donde el “más” despende única y exclusivamente de nosotras y de nosotros, de que y en la medida en que respondamos con amor al amor de Dios.

¿Y qué significa eso en la coyuntura política que estamos viviendo? Significa que nuestra “salvación” no depende de que una candidata o candidato llegue al poder. Significa que el “más” comienza por dar gracias, por entregarnos amorosamente a pareja, a nuestras hijas e hijos, regalándonos tiempo, atención y cariño. Significa ir formando comunidades de compartir agradecido en nuestras iglesias y vecindades, en las que se comparta y se celebre la vida, también con comidas compartidas fruto de la gratitud con muchos platos extras para todas las invitadas e invitados inesperados. Significa asumir nuestra responsabilidad y elegir a personas que hayan mostrado querer servir y no servirse del pueblo.

¿Y qué significa esto en estos tiempos marcados por el Covid19? Significa confiar que nuestras vidas están las manos de Dios, que nada ni nadie nos puede separar de su amor, y que por eso podemos entregarnos libre y generosamente. Significa acercarnos a las personas contagiadas evitando todo tipo de discriminación, dialogar escuchándolas y diciéndoles nuestra palabra, dejarnos conmover por lo escuchado, visto y palpado, tender nuestras manos y dejárnoslas estrechar. Significa superar el miedo para poder discernir en qué medida quedarnos en casa, guardar distancia, usar mascarilla, y si deseamos o no que nos inyecten.

Ahora, todo esto, claro está, jamás puede mandarse. Solo puede hacerse como respuesta amorosa a Aquél que nos amó primero.

domingo, 28 de febrero de 2021

2021-02-28 - Usando los símbolos propios de la cultura en la que fue escrito el evangelio se nos revela la identidad profunda de Jesús, es el Hijo amado al que hay que escuchar. Esto ya se nos había dicho en el relato del bautismo de Jesús.

2021-02-28 - En la primera lectura del libro del Génesis (Gn 22,1-2.9-13.15-18) nos aparece un Dios que es capaz de pedir lo más preciado que tiene un padre: la vida de su hijo. Ni Dios ni Abraham aparecen en buena luz.

En la segunda lectura de la carta de Pablo a los Romanos (Rm 8,31-34) se nos habla de un Dios que entrega a su Hijo. Tampoco aquí Dios aparece en buena luz. ¿Por qué entrega a su Hijo y no se entrega Él?, podríamos preguntarnos.

En el evangelio de Marcos (Mc 9,2-10) se nos relata la transfiguración de Jesús. Este relato está enmarcado en dos anuncios de la pasión de Jesús (Mc 8,31-33; 9, 30-33). Usando los símbolos propios de la cultura en la que fue escrito el evangelio se nos revela la identidad profunda de Jesús, es el Hijo amado al que hay que escuchar. Esto ya se nos había dicho en el relato del bautismo de Jesús (Mc 1,10-11) y se nos vuelve a repetir al pie de la cruz (Mc 15,39).

Lo que Jesús nos dice con su vida toda es que somos hijas e hijos entrañablemente amadas, amados de Dios. Que podemos confiar plenamente en Dios porque Él es un Padre que se desvive por nosotras y nosotros. Nos dice que nada ni nadie nos pueden separar de su amor. Nos dice que la vida es un regalo y que por eso la mejor manera de vivirla es entregándola. Nos dice que nos pueden matar, nos pueden crucificar, nos pueden traspasar el costado, pero que nadie nos va a poder quitar la vida entregada libre y generosamente.

Jesús nos libera del miedo a la muerte, no prometiéndonos que no vamos a morir, sino mostrándonos por qué vale la pena vivir. Hace posible que nos acerquemos unas a otros sin necesidad de esconder nuestra necesidad ni nuestra debilidad superando la desconfianza, hace posible que dialoguemos mirándonos a los ojos y descubriéndonos, hace posible que nos dejemos conmover por lo que vemos, escuchamos y palpamos, hace posible que nos tendamos las manos y que nos las dejemos estrechar.

Y el camino que propone Jesús es el de la gratitud, el reconocimiento agradecido de tanto bien recibido por parte de Dios. Esa es la montaña que debemos subir. Desde la gratitud y el agradecimiento la realidad toda se transforma, vemos todo bajo una nueva luz. Descubrimos al Dios creador que se desvive por nosotras y nosotros, descubrimos al Emmanuel, al Dios con nosotras y nosotros, descubrimos al Espíritu Santo, al Dios en nosotras y nosotros. Entonces nos experimentamos como hijas e hijos entrañablemente amadas, amados de un Dios de cuyo amor nada ni nadie nos pueden separar. Entonces experimentamos a las otras y otros como a nuestras hermanas y hermanos. Entonces somos capaces de sentarnos a la mesa con todas y con todos compartiendo gozosamente lo que somos y tenemos. Entonces somos capaces de vencer el miedo a la muerte. Y, entonces, somos capaces de entregarnos libre y generosamente como Jesús.

Y así, en este tiempo en que el miedo y la desconfianza amenazan con volvernos ingratas e ingratos vamos a poder salvar la humanidad.

domingo, 21 de febrero de 2021

2021-02-21 - ¿En qué consiste este evangelio? Consiste en afirmar que el tiempo se ha cumplido y que el reinado de Dios está cerca.

 

 2021-02-21 - evangelio de Marcos (Mc 1,12-15) que escuchamos hoy nos habla de la tentación de Jesús en el desierto y del inicio de su predicación. Comencemos con la predicación de Jesús para luego pasar a la tentación.

Jesús, nos dice Marcos, predica la buena nueva de Dios, el evangelio de Dios. ¿En qué consiste este evangelio? Consiste en afirmar que el tiempo se ha cumplido y que el reinado de Dios está cerca. De ahí su invitación a la conversión. Aquí nos encontramos con una síntesis de la predicación de Jesús. Si nos vamos a la vida de Jesús relatada por los evangelios podemos deletrear con más detalle la buena noticia de Dios anunciada por Jesús.

Dios para Jesús es como un Padre, bueno y amoroso que es amor y solo amor. Nosotras y nosotros somos sus hijas e hijos entrañablemente amados. Entre nosotras y nosotros somos todas hermanas y hermanos. Como en una familia, todas y todos pertenecemos, nadie está excluido. De ahí su pasión por los pobres, las perdidas, los enfermos, las marginadas. Es un Dios que se entrega todo, por nosotras y nosotros, gratuitamente. Es un Dios que confía ilimitadamente en nosotras y nosotros. Es un Dios de cuyo amor nada ni nadie nos puede separar. Es un Dios cercano, Emmanuel. Es un Dios íntimo: Espíritu. Es un Dios cuyo sueño es que nos amemos las unas a los otros como él nos ama. Es un Dios que es capaz de despertar en nosotras y nosotros un amor que responde al suyo. Es un Dios cuya felicidad es la nuestra. Por eso Jesús elige ser cercano, hacerse cercano, dialogar escuchando y diciendo su palabra, dejarse conmover por lo que ve, escucha y palpa,  tender la mano y dejársela estrechar por toda persona que así lo desee. Por eso Jesús disfruta compartir la mesa con todo tipo de personas agradeciendo, celebrando y compartiendo la vida en torno a ella. Por eso Jesús decide entregar su vida libre y generosamente, para que por más que lo maten, lo crucifiquen y lo traspasen no se la puedan quitar. Quiénes creen en ese Dios que anuncia Jesús forman comunidades en torno suyo en donde ya se viven los brotes de su reinado.

Reflexionemos ahora sobre las tentaciones que podemos encontrar quiénes elegimos acompañar a Jesús en su camino. Y hagamos esto en el contexto de la presencia del Covid19 y de la manera de tratarlo que hemos estado viviendo los últimos 11 meses. Una gran tentación en este tiempo es la de dejarnos llevar por el miedo que los medios de comunicación han estado sembrando estos 11 meses pasados. El miedo ha llevado a algunas personas a negar la existencia del Covid19, creyendo que negar su existencia va a evitar el contagio. Otra tentación ha sido discriminar a las personas contagiadas olvidándonos que solo son nuestras manos las que Dios les puede tender para aliviar su necesidad. Otra tentación es despreciar tratamientos sencillos, eficaces y accesibles como el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de ibuprofeno y antigripales para tratar el Covid19 cuando sentimos los primeros síntomas. Otra tentación es poner toda nuestra esperanza en una inyección de ARN mensajero sintético que no ha sido debidamente experimentada, por cuyos efectos adversos las farmacéuticas que las producen no asumen ninguna responsabilidad, y que está generando efectos secundarios como mielitis, pequeñas convulsiones, Guillian Barré, parálisis de Bell en la cara.

Esta cuaresma nos da la oportunidad de agradecer la vida como un regalo para poderla entregar libre y generosamente como lo hizo Jesús movidas y movidos por un amor que responde al de aquél que nos ama primero.

miércoles, 17 de febrero de 2021

2021-02-17 - Jesús nos invita a una triple práctica que hace posible, a su vez, un triple encuentro.

 

2021-02-17 - Hoy, Miércoles de ceniza, estamos comenzando un nuevo tiempo de Cuaresma. Lo hacemos con un evangelio (Mt 6,1-6.16-18) en el que Jesús nos invita a una triple práctica que hace posible, a su vez, un triple encuentro. Y, lo hacemos en un contexto social marcado por una serie de medidas extraordinarias que han sido justificadas como necesarias para hacerle frente al Covid19.

Una primera práctica que propone Jesús es la oración. La oración en palabras de santa Teresa de Jesús es “Un tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. La oración hace posible el encuentro con Dios. Y el Dios que se nos revela en Jesús es un Dios que es amor y solo amor. Y cuando nos encontramos con alguien que ama y solo ama, sentimos gratitud, mucha gratitud. Así, un signo importante del encuentro con Dios es la gratitud. Una pregunta que nos podemos hacer en este tiempo de Cuaresma es cuánta gratitud hay en nuestras vidas, qué tan agradecidas y agradecidos somos. Ahora la oración, además de tener una dimensión personal, tiene una dimensión familiar y comunitaria. Así, también nos podemos preguntar: ¿Oramos en familia? ¿Damos gracias a Dios en familia? ¿Tenemos como familia un espacio diario para darle gracias a Dios por tanto bien recibido? Eucaristía significa acción de gracias. ¿Participo, participamos como familia regularmente en la eucaristía? ¿Es la eucaristía un momento de encuentro agradecido con Dios en familia con la comunidad?

Una segunda práctica que propone Jesús es el ayuno. El ayuno es una práctica que hace posible el encuentro con una misma, con uno mismo. El mundo en el que vivimos hace posible el encuentro con muchas realidades, ahora también de manera virtual. Antes si queríamos decir que conocíamos algo bien, decíamos que lo conocíamos como la palma de nuestra mano. Si hoy nos pidieran dibujar de memoria la palma de nuestra mano serían probablemente muy pocas las personas que lo podrían hacer. Así, conocemos muchas cosas, pero nos conocemos poco a nosotras y a nosotros mismo. En este tiempo esta falta de encuentro con nosotras y nosotros mismos se ve muchas veces reflejado en el miedo. Vivimos actualmente con mucho miedo: miedo al Covid19, miedo a contagiarnos, miedo a morir. Al miedo le damos lugar cuando no sabemos bien para qué vivimos, cómo queremos entregar nuestras vidas, por qué estamos dispuestas y dispuestos a morir. El tiempo de Cuaresma es una bella oportunidad para encontrarnos con nosotras y nosotros mismos, para reconciliarnos con nuestra historia, para descubrir el sentido de nuestras vidas. En la medida en la que vayamos encontrando para qué queremos vivir y por qué queremos morir vamos a ir experimentando una paz y una tranquilidad profundas. Vamos a ir perdiendo el miedo a la muerte, porque nadie nos puede quitar la vida entregada libre y generosamente. Aquí también podemos preguntarnos por los espacios de encuentro como familias. ¿Tenemos espacios y tiempos para encontrarnos y compartir como familia regularmente? ¿Cómo es la comunicación como familia? ¿Nos preguntamos cómo estamos? ¿Compartimos cómo nos sentimos?

Una tercera práctica que propone Jesús es la limosna. La limosna es una práctica que hace posible el encuentro con las y los demás. En este tiempo se nos ha recomendado quedarnos en casa, distanciarnos socialmente, usar mascarilla como que si lo más importante en la vida fuera evitar el contagio. Evitar el contagio es sin duda importante, pero mucho más importante es acercarnos a la persona necesitada o contagiada, escucharla y decirle nuestra palabra, dejarnos conmover por su situación, tenderle la mano y dejárnosla estrechar. Y es que Dios no tiene otras manos que las nuestras para tenderlas. Así, en este tiempo, la mejor manera de dar limosna es ser buenas y buenos samaritanos, comenzando por nuestra propia familia, y siguiendo con nuestras vecinas y vecinos, para continuar con otras personas que no están cerca, pero a las que elegimos acercarnos.

Que este tiempo de Cuaresma que estamos iniciando hoy nos dé, pues, la oportunidad de llenar nuestros corazones con gratitud en el encuentro con ese Dios que es amor y solo amor, para discernir y decidir para qué vale la pena vivir, por qué vale la pena entregar la vida libre y generosamente, y para darnos calor las unas a los otros en nuestras necesidades tendiéndonos las manos y dejándonoslas estrechar.

Dejémonos, pues, convertir, creyendo en el Evangelio.

domingo, 7 de febrero de 2021

2021-02-07 - En medio de esta crisis que estamos viviendo dejemos que Jesús se nos acerque, nos tome de la mano y nos levante liberándonos del miedo, permitiéndonos recuperar la confianza, haciéndonos capaces de volvernos a acercar unas a otros, de escucharnos, de dejarnos conmover, de tendernos las manos y de dejárnoslas estrechar.


2021-02-07 - El evangelio de Marcos (Mc 1,29-39) que acabamos de escuchar se nos relata la sanación de la suegra de Pedro, cómo la gente se congrega alrededor de Jesús y cómo Jesús sana a muchos y expulsa muchos demonios, la oración de Jesús en la madrugada y cómo sigue su camino predicando y expulsando demonios por Galilea.

La suegra de Pedro está postrada con fiebre en cama. Jesús se acerca a ella, la toma de la mano y la levanta. Ella se pone a servirlos. En estos tiempos marcados por la presencia del Covid19 podría representar a tantas personas que se encuentran postradas por el miedo al contagio. Acercándose a ellas, tomándolas de la mano y levantándolas, Jesús les estaría devolviendo la confianza que a su vez las liberaría para servir.

Mucha gente busca hoy salud, presas del demonio del miedo que los medios de comunicación social han propagado de manera sistemática. Se nos ha hecho creer que el Covid19 es la principal amenaza para la salud en Honduras y en el mundo entero. Es verdad que el Covid19 si no se trata a tiempo y bien puede suponer una amenaza para la salud. Con todo, existen tratamientos sencillos y eficaces para el Covid19, entre ellos el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de ibuprofeno y antigripal. Además, visto en perspectiva, tendríamos que preguntarnos si lo que más daño ha hecho en Honduras no ha sido el Covid19, sino la manera de tratarlo. El Covid19 se diagnostica exclusivamente por el uso de pruebas rápidas o de PCR que han probado ser bastante poco confiables y no por un examen clínico. Sin embargo, para diagnosticar la recuperación se recurre solo a la clínica, no a las pruebas. El diagnóstico a base solo de pruebas ha generado el caso de los así llamados asintomáticos, que muy probablemente sean en muchos casos falsos positivos. Se decretó el cierre de la economía so pretexto de evitar el contagio. El cierre de la economía no solo no evitó que la tasa de pruebas positivas creciera exponencialmente, sino que condujo también a la pérdida de 225,000 puestos de trabajo, reabriendo la economía con la tasa de pruebas positivas creciendo exponencialmente. So pretexto de la crisis sanitaria se pactaron préstamos millonarios. Sin embargo, 11 meses después muchos hondureños nos preguntamos dónde está el dinero, porque muchos hospitales siguen padeciendo un desabastecimiento crónico, personal médico y de laboratorio van a huelgas por falta de pago, los reactivos para procesar las pruebas no siempre han estado disponibles, el personal médico se queja continuamente de falta de equipos de bioseguridad. Se invirtieron U$47.4 millones de dólares en la compra de siete hospitales móviles de los cuales solo dos se encuentran en funcionamiento. Además, se pagó U$7.4 millones de dólares por un hospital móvil que nuevo de fábrica costaba U$2.5 millones de dólares. Los hospitales además no fueron adquiridos en la fábrica, sino que son hechizos, con materiales muchas veces viejos, siendo esta una de las razones por las que cinco de ellos no han podido todavía empezar a funcionar. Se nos ha impuesto un toque de queda desde las 8 pm y se ha restringido la circulación los fines de semana, pero durante el 24 y el 25 de diciembre, el 31 de diciembre y el 1 de enero se suspendió el toque de queda. Además, ahora se está fomentando masivamente un tratamiento inyectado utilizando una tecnología nueva nunca antes ocupada en humanos, aprobado contra reloj, por el que las distintas farmacéuticas no asumen responsabilidad de daños, y que según la Dra. Barrientos está produciendo diversos efectos negativos como, por ejemplo, mielitis (infección de la columna), pequeñas convulsiones, Guillain Barré, parálisis de Bell en la cara.

En medio de esta crisis que estamos viviendo dejemos que Jesús se nos acerque, nos tome de la mano y nos levante liberándonos del miedo, permitiéndonos recuperar la confianza, haciéndonos capaces de volvernos a acercar unas a otros, de escucharnos, de dejarnos conmover, de tendernos las manos y de dejárnoslas estrechar.

El encuentro con Dios en la oración en el silencio y en la soledad de la madrugada como Jesús puede ayudarnos a encontrar la claridad, la paz y la compasión que estamos necesitando tanto en estos días.

domingo, 24 de enero de 2021

2021.01.24 - Conversión significa un cambio de mentalidad que permite vivir de otra manera.


2021.01.24 - En la lectura del evangelio de Marcos (Mc 1,14-20) que escuchamos se nos relatan fundamentalmente dos cosas: el primer anuncio del evangelio y la formación de una comunidad a la que está indisolublemente unido.

Comencemos por el primer anuncio del evangelio. Como bien sabemos la palabra evangelio significa buena nueva, buena noticia. ¿Cuál es la buena noticia que anuncia Jesús? La buena noticia que proclama Jesús es la llegada del reinado de Dios. Esto a su vez exige conversión y fe. La llegada del reinado de Dios se puede decir de muchas maneras: afirmando que Dios es Padre de todas y de todos, lo que nos convierte en sus hijas e hijos, hermanas y hermanos unas de otros. Y que, por eso, hagamos lo que hagamos, siempre vamos a ser preciosas, preciosos a sus ojos. Se puede decir también que es un Dios que es amor y solo amor que no quiere, sino que su amor despierte el nuestro y que seamos felices. Que es un Dios que quiere liberarnos del miedo para ser libres para amar como él nos ama y vivir en plenitud.

La buena noticia es que Dios es así ya. Esto pide de nosotras y nosotros conversión y fe. Conversión significa un cambio de mentalidad que permite vivir de otra manera. Y la fe es la confianza en esa buena noticia, lo que nos permite vivir desde ella. Dicho con palabras de Juan: si Dios nos ama así, también nosotras y nosotros podemos amarnos así (ver 1Jn 4,11).

Y entonces, ahí viene la formación de la comunidad. Lo primero que Jesús hace después de anunciar la buena noticia es formar una comunidad. Esta comunidad es esencial porque es el contexto que hace posible la fe en el reinado de Dios. Sin una comunidad que verificara la nueva manera de vivir posibilitada por la buena noticia del reinado de Dios, esta buena noticia dejaría de ser creíble. En el evangelio de Marcos que escuchamos Jesús llama a cuatro personas: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Llama la atención que son todos varones, que Jesús toma la iniciativa, que no se pueden resistir a su llamada, que lo dejan todo y que le siguen inmediatamente. Este relato difiere de la experiencia de muchas y muchos de nosotros. Aunque tal vez hayamos sentido su llamada, nos hemos resistido a ella, negándonos a dejarlo todo y posponiendo muchas veces nuestra respuesta de manea indefinida.

En este sentido puede venir a nuestra ayuda el otro relato de la formación de la primera comunidad contenido en el evangelio de Juan (Jn1,35-51), del cual escuchamos un trozo el domingo pasado. Ahí no se trata de un llamado irresistible, sino de un señalamiento al que le siguen un diálogo, la invitación de Jesús a acompañarlo y la decisión de hacerlo durante un día. De ese relato también llama la atención que el primero en acompañarlo no es Pedro, y que se indica que otra persona, cuya identidad no se revela, es de las primeras acompañantes, junto con Andrés. Este relato tal vez refleja más nuestra experiencia, identificándonos con esa persona desconocida, que al tener noticia de Jesús se acerca a él, dialoga con él, experimenta la invitación a acompañarlo, y se decide a hacer la experiencia con distintos grados de convicción.

En el evangelio de hoy Jesús nos anuncia la buena noticia del reinado de Dios, nos invita a cambiar nuestra manera de pensar y así creer en esa buena noticia, lo que lleva a vivir en comunidad, en una comunidad de servicio, en una comunidad de compartir agradecido, en una comunidad de entrega libre y generosa, que hace creíble que el reinado de Dios ya está entre nosotras y nosotros, al experimentar un amor que responde al suyo.

En esta era del hielo que nos quieren imponer amenazándonos con volvernos a confinar, mandándonos a quedarnos en casa, a distanciarnos socialmente, a cubrir nuestras bocas y nuestros rostros, pensando algún multimillonario incluso en cubrir el sol, eso significa darnos calor como parejas animándonos a construir un espacio para poder vivir y expresar la intimidad libre y gozosamente; significa darnos calor como familias celebrando en familia la cena que recrea y enamora dando gracias por tanto bien recibido, sentándonos juntos a comer, compartiendo la vida al tiempo que compartimos la comida, poniendo un plato extra para el invitado inesperado; significa darnos calor como vecinas y ciudadanos del mundo perdiendo el miedo y superando la desconfianza para podernos acercar unas a otros, dialogar, dejarnos conmover por lo que vemos, escuchamos y palpamos, tendernos las manos y dejárnoslas estrechar. Nuestro mundo necesita de mucho calor y Dios ha puesto su esperanza en nosotras y nosotros para dárselo.