sábado, 3 de abril de 2021

2021-04-03 - Hoy estamos celebrando la Vigilia pascual en la que profesamos nuestra fe en la resurrección de Jesús, luego de su pasión y muerte.

 

2021-04-03 - Hoy estamos celebrando la Vigilia pascual en la que profesamos nuestra fe en la resurrección de Jesús, luego de su pasión y muerte. Este es un primer punto importante. Resucitar no significa no padecer, no significa no morir. Más bien, atravesar la pasión y la muerte parecen esenciales para resucitar.

El evangelio de hoy (Mc 16,1-8) nos habla de tres mujeres, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé que muy de mañana el primer día de la semana se dirigen al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús. Se encuentran, para su sorpresa, con la losa del sepulcro corrida y con un joven envuelto en una vestidura blanca que les anuncia que Jesús ha resucitado y que les invita a ir a Galilea para encontrarse con él.

Estas mujeres ya habían aparecido antes en el evangelio de Marcos, a saber, en la crucifixión y en la sepultura de Jesús. Tal vez también están prefiguradas por aquella mujer anónima que unge a Jesús en el inicio del relato de la pasión según Marcos. Esto parece reforzar lo dicho al inicio: las primeras testigos de Jesús resucitado fueron aquellas que lo acompañaron en su pasión y muerte. Llama la atención que no pronuncian una sola palabra, en cambio, hacen como ninguno, lo que tocaba hacer: acompañar a Jesús en su pasión y muerte, para luego acompañarlo también resucitado.

A lo que invita el joven a las mujeres es a hacer una experiencia: ir a Galilea para verlo. Recuerda mucho aquella otra invitación que Jesús les hace a los primeros discípulos en el evangelio de Juan luego de preguntarle donde vive: “Vengan y lo verán” (Jn 1,39). Ser discípulo de Jesús es hacer una experiencia con él.

¿Qué experiencia habrán hecho aquellas mujeres y luego otros tantos en su encuentro con Jesús resucitado? Un primer momento de esa experiencia es la pérdida del miedo a la muerte (Hb 2,15). Era una de las grandes invitaciones que hacía Jesús en su vida: No tengan miedo (Mc 6,50).

Un segundo momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de ser libres para amar apasionadamente como Jesús. Así, la liberación del miedo a la muerte las hace libres para amar. Es lo que luego va a ser descrito como la experiencia del Espíritu Santo significada en Pentecostés. Pablo recoge esta experiencia en 1Cor 13: “ya puedo tener toda la fe, hasta mover montañas, que, si no tengo amor, no soy nada” (1Cor 13,2).

Un tercer momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de que Dios es amor y solo amor, e íntimamente unido a esto, la experiencia de la universalidad de su amor, la experiencia que nada ni nadie quedan fuera de él. De ahí, la experiencia de Dios como Padre Nuestro.

Un cuarto momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de una honda gratitud. Gratitud que junto con la compasión se convierten en las motivaciones del actuar desplazando al miedo y al interés.

Un quinto momento del encuentro con Jesús resucitado es la experiencia de que todo está abierto, de que ya no se trata de obedecer, ni siquiera a Dios, porque el amor por definición no se puede mandar, sino de amar libre, creativa y responsablemente. Y esto solo puede hacerse cuando se deja de ser discípulo de Jesús, para convertirse en amigo, compañero suyo, como lo hicieron aquellas tres mujeres de las que nos habla el evangelio.

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