En la primera lectura del libro del Deuteronomio (Dt 4,1-2.6-8) Dios aparece animando al pueblo de Israel a cumplir los mandatos y preceptos que les ha dado para que puedan vivir y tomar posesión de la tierra de promisión.
En la segunda lectura de la carta de Santiago (St 1,17-18.21-22.27) se nos recuerda en qué consiste la religión pura e intachable: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse de este mundo corrompido.
En el evangelio de Marcos (Mc 7,1-8.14-15.21-23) a raíz de la libertad de los discípulos de Jesús que comen con las manos impuras Jesús señala el peligro de dejar a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres y señala que lo que mancha al hombre no es lo que entra de fuera sino lo que le sale de dentro.
Estas lecturas cobran una gran actualidad en estos tiempos de Covid19 que estamos viviendo. En este tiempo se ha hecho mucho énfasis en el distanciamiento social, el lavado de manos, el uso de mascarillas, y últimamente en inyectarse. La higiene personal es indudablemente una buena práctica para prevenir el Covid19 y otras muchas enfermedades. Quedarse en casa cuando se está enfermo, es una excelente manera de prevenir contagios.
Pero ahora, muchas veces para poder participar en una actividad, se está pidiendo una prueba de Covid19 negativa. También, se está hablando de pedir la cartilla de vacunación con la constancia de las dos dosis de las inyecciones para el Covid19 para poder hacer diversos trámites e incluso mantener el empleo, tanto en el ámbito público como privado. Pareciera que estuviéramos implantando de nuevo las categorías de “puro” e “impuro”, pero ahora más allá del ámbito religioso, en el ámbito social. Sobre esto habría que decir varias cosas. En primer lugar, que las pruebas PCR en personas asintomáticas son poco confiables como lo afirma la OMS: “La OMS recuerda a los usuarios de medios diagnósticos in vitro que la prevalencia de la enfermedad modifica el valor predictivo de los resultados de las pruebas: cuanto más baja es la prevalencia, mayor es el riesgo de obtener un falso resultado positivo o negativo” (https://www.who.int/es/news/item/20-01-2021-who-information-notice-for-ivd-users-2020-05).
En segundo lugar, que las inyecciones para el Covid19 no previenen que la persona que la reciba se contagie ni que contagie a otra persona, que su efectividad se reduce sensiblemente con el paso del tiempo y frente a las nuevas variantes de manera que en algunos países ya se está dando o se está considerando dar una tercera dosis.
En tercer lugar, que las inyecciones para el Covid19 están teniendo en los primeros días muchos y muy variados efectos adversos neurológicos, cardíacos, respiratorios e inmunológicos, incluyendo muertes, y que se carecen de estudios sobre sus efectos a mediano y largo plazo. La supuesta seguridad de las inyecciones para el Covid19 también pareciera ser cuestionada por el hecho de que los estados tienen que renunciar a responsabilizar a las farmacéuticas que las fabrican, por cualquier efecto adverso que produzcan.
En cuarto lugar, que estas medidas generan una falsa seguridad que no ayuda para tratar la enfermedad cuando se manifiestan sus síntomas haciendo que mucha gente eventualmente se complique y requiera hospitalización.
En quinto lugar, evita que se hagan disponibles tratamientos sencillos y eficaces para tratar el Covid19 en casa que reducen la tasa de mortalidad en un 85%.
En sexto lugar, que la principal causa de muerte en Honduras no es el Covid19, sino la falta de oportunidades de trabajo debidamente remuneradas, la deficiencia del sistema de salud pública y de educación, la violencia, la corrupción y negligencia de muchas de las autoridades públicas, acompañadas de la impunidad y de la complicidad de sectores importantes de la empresa privada. La emigración masiva de hondureñas y hondureños pareciera confirmar esto empíricamente.
En séptimo lugar, que estas medidas generan y justifican una discriminación brutal hacia las personas “impuras”, haciéndonos pasar por alto que la religión pura e intachable, actualizando lo que dice Santiago, es acercarnos a las personas contagiadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por ellas, tenderles nuestras manos y dejárnoslas estrechar por ellas.
Lo que está en juego en estos tiempos de Covid19, como nos recuerda Jesús en el evangelio, más que nuestra supuesta “pureza” frente al Covid19, es nuestra humanidad, la que brota – o no – de nuestro interior precisamente frente a la persona “impura”, contagiada.
