domingo, 21 de marzo de 2021

2021-03-21 - El amor de Dios no elimina la pasión, pero nos da la posibilidad de vivirla de una manera nueva, como grano de trigo que muere y así se hace fecundo dando mucho fruto, como entrega libre y generosa en respuesta al amor de Dios.

 


2021-03-21 - La primera lectura del libro de Jeremías (Jr 31,31-34) nos habla de la nueva alianza que Dios va a establecer con su pueblo posibilitada por el perdón de culpas y olvido de pecados, dicho en otras palabras, posibilitada por un amor incondicional. Así, la nueva alianza no está fundada en el poder de Dios, sino en su amor. Y es que el amor no se puede imponer, solo se puede proponer, y la manera de hacerlo es amando y solo amando.

El tema del salmo (Sal 51) es la creación de un corazón puro. Desde la perspectiva de la primera lectura nuestros corazones ya son puros, no porque seamos buenas o buenos, sino porque somos amadas y amados por Dios. Como se dice en El Principito: “no se ve bien sino con el corazón”. O, en palabras de san Juan de la Cruz: “No quieras despreciarme, que si color moreno en mi hallaste, ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste”. Así las cosas, tal vez lo que habría que pedir sería un corazón agradecido.

La segunda lectura de la Carta a los hebreos (Hb 5,7-9) nos habla de las oraciones y súplicas, de los gritos y lágrimas de Jesús, nos habla de su pasión. Constatamos, pues, y tal vez muy a nuestro pesar, que el amor de Dios no elimina la pasión.

¿Qué pasa entonces con la pasión? A eso responde el evangelio de hoy (Jn 12,20-33). El amor de Dios no elimina la pasión, pero nos da la posibilidad de vivirla de una manera nueva, como grano de trigo que muere y así se hace fecundo dando mucho fruto, como entrega libre y generosa en respuesta al amor de Dios. La pasión, pues, se convierte en glorificación de Dios y del hombre, porque es un amor (el del hombre) que responde a su amor (el de Dios). Así, en la nueva alianza, la pasión puede convertirse de desgracia en glorificación: en la expresión de un amor agradecido por tanto amor recibido.

¿Qué significa esto en el contexto electoral que estamos viviendo? Significa que la salvación no viene del poder, mucho menos del poder de algunos, ya no digamos del de uno, sino del amor, de la entrega libre y generosa de todas y todos. Así, podemos dejar de poner nuestra esperanza en el poder y empezar a amar apasionadamente con un amor que nos lleve no solo a amar al prójimo sino a hacernos prójimas y prójimos de las personas necesitadas y contagiadas. Fue lo que vivimos en Eta y Iota. La salvación no nos vino del poder, ni de los poderosos, ni de los de “arriba”, sino de nosotras y nosotros mismos, desde abajo cuando habiéndonos dejado conmover superamos el miedo, nos atrevimos a acercarnos unas a otros, a tendernos las manos y a dejárnoslas estrechar. Así, si bien es cierto que nos puede ser de una gran ayuda elegir a personas que no sean ni corruptas ni ávidas de poder, que más que servir al pueblo quieran servirse de él, no van a ser los políticos ni los poderosos los que nos van a salvar, como tampoco un Dios milagrero ni “todopoderoso”. Lo que nos salva es el Dios que es amor y solo amor, y nuestra entrega libre y generosa, nuestra pasión agradecida como respuesta a su amor.

La crisis económica, social y sanitaria provocada por la manera en que nuestros políticos han enfrentado al Covid 19 y los contagios producidos por él, nos van a permitir entregarnos libre y generosamente unas a otros, con un amor agradecido y apasionado haciendo, entonces, posible que formemos comunidades de compartir agradecido cada vez más abiertas en las que vamos a experimentar, agradecer y celebrar nuestra salvación.

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