Homilía (Mc 6,7-13) 15 Domingo TO B
Yoro – 2021.07.11
El evangelio de hoy (Mc 6,7-13) nos habla del envío de los 12: Jesús los manda en pareja, los empodera para expulsar espíritus inmundos, les dice qué deben llevar – bastón y sandalias – y qué no deben de llevar – pan, alforja, dinero, una segunda túnica –, dónde deben alojarse – en una misma casa –, y qué hacer en caso los rechacen – sacudirse el polvo de las sandalias –. Luego se nos dice lo que hicieron: predicaron la conversión, expulsaron demonios y curaron enfermos.
A la misión se debe de ir en compañía, de la pareja, de una amiga, de un compañero. Parece ser que fue lo que hicieron los apóstoles como nos recuerda Pablo: “¿acaso no tenemos derecho a viajar en compañía de una mujer cristiana como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?” (1Cor 9,5).
La forma de empoderar para la misión, de dar autoridad parece resumirse en frases como: “La prueba es que de su plenitud todos nosotros hemos recibido: un amor que responde a su amor” (Jn 1,16), “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15,12), “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). La dinámica cristiana es hacer con las y los demás lo que Dios ha hecho con nosotras y nosotros. Eso explique tal vez que las mujeres fueran más fieles compañeras de Jesús que los varones, porque de ellas se nos dice que fueron “curadas de malos espíritus y enfermedades”, llegando incluso a afirmar que de Magdalena “habían salido siete demonios” (Lc 8,2), algo que nunca se afirma de los apóstoles. Sin embargo, a Pedro lo llama Satanás (Mc 9,33).
La forma de anuncio es el diálogo, como queda insinuado por ejemplo en la sanación del leproso (Mc 1,40-45), en la curación del ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), y es explicitado en los diálogos de Jesús con la samaritana (Jn 4,4-44), el paralítico (Jn 5,1-15) y el ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). Dios siempre propone, jamás impone.
La actitud de los apóstoles en la misión debe semejar la del sembrador que siembra al voleo, de manera que parte de la semilla cae en el camino, otra entre piedras, otra entre espinos y otra en tierra buena (Mc 4,3-9). Deben de sembrar con la misma generosidad y paciencia con las que Dios ha sembrado en ellos. Esta siembra gratuita – no condicionada por los resultados – solo es posible fruto de la gratitud – por la experiencia de tanto bien recibido –.
El ministerio es itinerante, de ahí el bastón y las sandalias. La confianza se debe de poner no en el dinero sino en los hombres a los que se dirigen.
En caso de ser rechazados no deben de guardar ni el equivalente a una pizca de polvo de resentimiento o rencor. Solo así van a poder seguir sembrando al voleo una y otra vez.
A lo que Jesús invita a los apóstoles es a ser testigos de la buena nueva que anuncian. Esto, en estos tiempos de Covid19 que corren, significa expulsar el espíritu maligno del miedo que los medios de comunicación se han dedicado a sembrar sistemáticamente en nosotras y nosotros. Significa liberarnos de las creencias que nos han inculcado atreviéndonos a cuestionar la adecuación y pertinencia de muchas de las medidas que nos han impuesto: quedarnos en casa, distanciarnos socialmente, usar mascarillas, saludarnos con la mano empuñada, dejarnos inyectar. Significa acercarnos a las personas contagiadas o necesitadas, dialogar con ellas, dejarnos conmover por sus historias, tenderles las manos y dejárnoslas estrechar. Significa entregar la vida libre y generosamente con la convicción de que nada ni nadie nos podrá quitar la vida así entregada. Significa reconocer y agradecer tanto bien recibido, valorando así lo que somos y tenemos, y entonces haciéndonos capaces de compartir.
Jesús, pues, nos invita a vivir como compañeros amantes traspasados, que yendo vulnerables por el camino, siembran al voleo una y otra vez la buena nueva de la nueva vida experimentada en compañía de Jesús.

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