2021-02-21 - evangelio de Marcos (Mc 1,12-15) que escuchamos hoy nos habla de la tentación de Jesús en el desierto y del inicio de su predicación. Comencemos con la predicación de Jesús para luego pasar a la tentación.
Jesús, nos dice Marcos, predica la buena nueva de Dios, el evangelio de Dios. ¿En qué consiste este evangelio? Consiste en afirmar que el tiempo se ha cumplido y que el reinado de Dios está cerca. De ahí su invitación a la conversión. Aquí nos encontramos con una síntesis de la predicación de Jesús. Si nos vamos a la vida de Jesús relatada por los evangelios podemos deletrear con más detalle la buena noticia de Dios anunciada por Jesús.
Dios para Jesús es como un Padre, bueno y amoroso que es amor y solo amor. Nosotras y nosotros somos sus hijas e hijos entrañablemente amados. Entre nosotras y nosotros somos todas hermanas y hermanos. Como en una familia, todas y todos pertenecemos, nadie está excluido. De ahí su pasión por los pobres, las perdidas, los enfermos, las marginadas. Es un Dios que se entrega todo, por nosotras y nosotros, gratuitamente. Es un Dios que confía ilimitadamente en nosotras y nosotros. Es un Dios de cuyo amor nada ni nadie nos puede separar. Es un Dios cercano, Emmanuel. Es un Dios íntimo: Espíritu. Es un Dios cuyo sueño es que nos amemos las unas a los otros como él nos ama. Es un Dios que es capaz de despertar en nosotras y nosotros un amor que responde al suyo. Es un Dios cuya felicidad es la nuestra. Por eso Jesús elige ser cercano, hacerse cercano, dialogar escuchando y diciendo su palabra, dejarse conmover por lo que ve, escucha y palpa, tender la mano y dejársela estrechar por toda persona que así lo desee. Por eso Jesús disfruta compartir la mesa con todo tipo de personas agradeciendo, celebrando y compartiendo la vida en torno a ella. Por eso Jesús decide entregar su vida libre y generosamente, para que por más que lo maten, lo crucifiquen y lo traspasen no se la puedan quitar. Quiénes creen en ese Dios que anuncia Jesús forman comunidades en torno suyo en donde ya se viven los brotes de su reinado.
Reflexionemos ahora sobre las tentaciones que podemos encontrar quiénes elegimos acompañar a Jesús en su camino. Y hagamos esto en el contexto de la presencia del Covid19 y de la manera de tratarlo que hemos estado viviendo los últimos 11 meses. Una gran tentación en este tiempo es la de dejarnos llevar por el miedo que los medios de comunicación han estado sembrando estos 11 meses pasados. El miedo ha llevado a algunas personas a negar la existencia del Covid19, creyendo que negar su existencia va a evitar el contagio. Otra tentación ha sido discriminar a las personas contagiadas olvidándonos que solo son nuestras manos las que Dios les puede tender para aliviar su necesidad. Otra tentación es despreciar tratamientos sencillos, eficaces y accesibles como el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de ibuprofeno y antigripales para tratar el Covid19 cuando sentimos los primeros síntomas. Otra tentación es poner toda nuestra esperanza en una inyección de ARN mensajero sintético que no ha sido debidamente experimentada, por cuyos efectos adversos las farmacéuticas que las producen no asumen ninguna responsabilidad, y que está generando efectos secundarios como mielitis, pequeñas convulsiones, Guillian Barré, parálisis de Bell en la cara.
Esta cuaresma nos da la oportunidad de agradecer la vida como un regalo para poderla entregar libre y generosamente como lo hizo Jesús movidas y movidos por un amor que responde al de aquél que nos ama primero.

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