domingo, 2 de mayo de 2021

2021-05-02 - Dios el labrador y nosotras y nosotros los sarmientos (las ramas).

 

2021-05-02 - En el evangelio de Juan (Jn 15,1-8) que escuchamos Jesús nos dice que él es la vid (el tronco), Dios el labrador y nosotras y nosotros los sarmientos (las ramas). Nos dice que las ramas que no producen fruto son cortadas, y las que lo producen son limpiadas. Así como una rama no puede producir frutos separada del tronco, tampoco nosotras ni nosotros, podemos producir frutos separados de Jesús. La relación con Jesús es fundamental para dar frutos. La gloria de Dios consiste en que demos muchos frutos.

Una primera cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que no existimos separadas, separados, que estamos íntimamente unidas, unidos al tronco, y por ende unas a otros. Nada ni nadie está excluida, excluido. Todas y todos pertenecemos.

Una segunda cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que todas, todos estamos conectados. Nuestras vidas con minúscula dependen de la Vida con mayúscula.

Una tercera cosa que resulta clara del evangelio de hoy es que estamos destinadas, destinados a dar fruto, mucho fruto.

¿Qué significa todo esto en el momento actual? El Covid19 nos ha recordado que más allá de la vinculación digital por internet estamos vinculados vitalmente. Así, un virus que fue detectado al otro lado del mundo no tardó mucho en llegarnos a nosotras y nosotros sin respetar sexo, religión, condición social u otras distinciones que estamos acostumbradas, acostumbrados a hacer. También nos muestra lo importante que es cuidarnos, y esto en dos sentidos. Practicando, por un lado, unas medidas de higiene básicas y, sobre todo, tratándonos a tiempo y bien en caso nos contagiemos, y por otro, acercándonos unas a otros, dialogando unas con otros, dejándonos conmover por lo que vemos, escuchamos y palpamos en las y los demás, y tendiéndonos las manos y dejándonoslas estrechar.

Los medios de comunicación social han estado sembrando el miedo sistemáticamente. El miedo nos lleva al aislamiento, a la desconfianza, al debilitamiento personal y colectivo. El miedo literalmente nos desconecta, tanto unas de otros, como de nosotras y nosotros mismos. La savia de la vida es la gratitud. En la medida en que seamos agradecidas, agradecidos vamos a poder experimentar el amor, la bondad, la generosidad, la fidelidad de Dios. Entonces la experiencia de su amor va a ir desatando el nuestro, haciéndonos capaces de responder con amor al suyo. Y, entonces, libres del miedo vamos a ser libres para amar.

Amar en estos tiempos del Covid19 significa reunirnos, formar comunidades. Unas comunidades en las que superando la desconfianza ya no ocultemos nuestros rostros, unas comunidades en las que compartamos lo que somos y tenemos, y esto no fruto del miedo a un castigo, ni fruto de la esperanza de un premio, sino fruto de la gratitud, del agradecimiento por tanto bien recibido. En estas comunidades nuestra esperanza no va a estar puesta en una inyección, sino en el apoyo mutuo. Estas comunidades se van a convertir en nuestras arcas de Noé en el diluvio de la corrupción, de la impunidad, de la violencia, de la negligencia que estamos viviendo. Estas comunidades comienzan en nuestras familias, para luego extenderse a nuestras vecindades, aldeas y pueblos.

Ahora, en la lógica del tronco, las ramas y los frutos, la única manera de dar vida, de ser fecundas, fecundos es entregando la vida, libres del miedo, confiando en el labrador y respondiendo con amor al suyo.

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