Homilía 2º domingo de Cuaresma (Lc 9,28-36) La transfiguración
Yoro – 2022.03.13
En el evangelio el día de hoy se nos relata la así llamada transfiguración de Jesús (Lc 8,28-36). Jesús lleva a Pedro, Juan y Santiago a un monte a orar. El rostro de Jesús cambia y sus vestidos se vuelven de un blanco resplandeciente. Aparecen Moisés y Elías hablando del éxodo que Jesús iba a completar en Jerusalén. En lo que Moisés y Elías se alejan, Pedro le pide a Jesús hacer tres chozas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. Se forma una nube que los cubre y se escucha una voz: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Jesús está ya solo.
En este pasaje se nos muestra una especie de radiografía de Jesús. Nos revela su realidad profunda. El contexto es el de su ida a Jerusalén en donde va a experimentar el misterio pascual, su pasión, muerte y resurrección. Los poderes religiosos y políticos no toleran a Jesús y lo condenan a muerte crucificándolo.
Eso que pasó entonces sigue pasando ahora. Comencemos haciendo una radiografía de la sociedad que todavía hoy condena a muerte a las hijas e hijos de Dios. Ayer asesinaron en una calle del parque central de Yoro a Gerónimo George, un taxista. Es el segundo que asesinan en pocas semanas. El transporte público de Yoro a San Pedro está paralizado desde hace varios días. Es un secreto a voces que esto se debe a la extorsión con la que se está amenazando también a muchos negocios. Hace unos días apareció violada y estrangulada Julissa Abigail Cárcamo en las afuera de Yoro, una niña de 11 años que fue a dejar tortillas. Este asesinato y violación nos confrontan nuevamente con la dura realidad del machismo. Vivimos en sociedades abusivas en las que se recurre a la violencia y el miedo como instrumentos de coacción. Y esto se da también a nivel del estado: el caso de los hospitales móviles, de las casas contenedores, del hermano del expresidente condenado por narcotráfico en Estados Unidos, son algunos ejemplos de la corrupción e impunidad que reinan en Honduras. En estos últimos dos años hemos experimentado esta misma violencia y miedo a nivel mundial. So pretexto del Covid19 se nos encerró en nuestras casas, se cerró la economía con desastrosas consecuencias para los negocios pequeños y medianos, para el sistema escolar, y para el bienestar general de la población. Ahora nos encontramos en medio de una abusiva campaña de “vacunación” en la que se amenaza con pérdida de trabajo, con la imposibilidad de hacer uso del sistema bancario y del sistema de transporte público, con la negativa a ser tratados en los centros de salud, con la negativa a inscribir a los niños en el sistema educativo. Y todo esto, por unas inyecciones que no son seguras como lo muestra el impresionante rastro de eventos adversos que están dejando, ni efectivas, ya que no evitan el contagio propio ni ajeno – tanto así que tuvieron que cambiar la definición de “vacuna” ( de “un producto que estimula el sistema inmune de la persona para producir inmunidad a una enfermedad específica, protegiendo a la persona de esa enfermedad” a “una preparación que es usada para estimular la respuesta inmune del cuerpo en contra de enfermedades”, CDC). Además, estas inyecciones tienen una autorización de uso de emergencia que exime a las farmacéuticas de cualquier responsabilidad por eventos adversos y sus contratos son secretos.
Leída en este contexto de sociedades estructuralmente abusivas que recurren al miedo y a la violencia para coaccionar a la población, ¿qué nos dice el relato de la transfiguración? Lo que se dice de Jesús vale también de nosotras y nosotros. También nosotras y nosotros somos hijas e hijos entrañablemente amados de Dios, una condición que depende de Dios y que por tanto es inalienable, nada ni nadie nos la pueden quitar. La voz del cielo invita a escuchar a Jesús por encima de cualquier otra autoridad. Para escucharlo tenemos que hacer a un lado el ruido de la propaganda manipuladora y poder así adentrarnos en lo hondo nuestro, en nuestro interior. Ahí en el silencio y la quietud seremos capaces de discernir la voz de Jesús y experimentar su Espíritu, ahí seremos capaces de sentir su amor, ahí seremos capaces de dejar que su amor despierte el nuestro. Y entonces desaparecerá el miedo, porque “en el amor no hay temor” (1Jn 4,8). Y entonces podremos alzar nuestras cabezas y erguir nuestros cuerpos y podremos hacerle frente a los abusos y a los abusadores movidas y movidos por una profunda gratitud.
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