sábado, 18 de julio de 2020

2020.7.18 - Homilia Mt.12,19 Miren a mi Siervo en quien manifestaré todo mi Amor. 


El Cap. 12 de Mt. nos relata cómo los maestros de la Ley se van endureciendo en contra de Jesús, lo rechazan. Jesús viene a revelarnos el amor del Padre por todos nosotros, ese amor que acoge a todos, y de un modo especial a los marginados y despreciados de la humanidad y que conduce a eliminar todos los privilegios sociales y religiosos. Los fariseos y maestros de la Ley, que tienen puesta su seguridad en el cumplimiento literal de la Ley, se sienten atacados, pues Jesús pone el bien de los marginados y pobres por encima de la Ley. La Ley es buena siempre que ayude a evitar las violencias y abusos de los poderosos, pero cuando sirve para defender privilegios y desigualdades, pierde su sentido. Ese era el caso en tiempos de Jesús y sigue siéndolo ahora. Y los que basan su poder y privilegios en leyes injustas, se sienten atacados y piensan en eliminar a Jesús. Pero Jesús no se echa para atrás, sino que busca manifestar cada vez más claramente el amor del Padre. Y lo hace por medio de sanaciones y curaciones de gentes pobres y humilladas, esperando que ello ablande el corazón de todos. Pero eso produce poco efecto. 
    Entonces Mt. nos recuerda los poemas del Siervo de Yahvé en Is. Hoy el primero, en Is. 42: Miren a mi siervo, a quien sostengo. En él manifestaré todo mi amor, todo mi Espíritu, para que haga brillar la justicia sobre todos los pueblos. Y no lo hará con gritos y clamores, sino por el camino del servicio y el sacrificio y la entrega, mostrando así mi amor por todos. Jesús siguió ese camino hasta
la muerte. “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Ese es el camino del cristiano. Pero en ese camino contamos con la fuerza del Espíritu, que ilumina toda nuestra vida y hace que las cargas se hagan livianas y llevaderas, y hasta fáciles de llevar con alegría. Esa es la Buena Noticia que nos anuncia Jesús.
    Estamos viviendo una crisis muy seria, que está poniendo en graves dificultades a muchos hermanos. Las crisis, miradas con ojos de Fe, son un llamado de Dios a la conversión, a reflexionar para descubrir que en muchos aspectos andábamos por caminos perdidos. Y el Señor nos está invitando a dejar de lado esos caminos que nos ofrece el mundo: los caminos del consumismo, del individualismo, de la búsqueda neurótica del placer, del poder y la opulencia. Y a seguir su camino, del servicio, la entrega y la austeridad. El camino del amor y la misericordia.
    ¿Cuántas ocasiones se nos están ofreciendo de hacernos más serviciales unos por otros, de pensar y hacer algo por los demás, de dejar de lado nuestros caprichos y mezquindades?  De hacernos más responsables unos por otros, de ayudar y compartir con más generosidad y alegría. Es tiempo de vivir con corazón generoso y agradecido en la familia, en el barrio, en la aldea. De darnos cuenta cuánta insensatez y falta de sentido hay en el consumismo y en la superficialidad que tanto promueve la vida moderna. Y de ayudarnos a descubrir cuánta belleza y paz puede haber en una vida sencilla y austera, una vida de servicio y disponibilidad hacia las personas con las que convivimos, con las que podemos construir una comunidad más fraternal y solidaria.
    Un servicio importante que todos podemos aportar es el de no dejarnos aterrorizar por el miedo. Recordar que el Coronavirus es una forma de gripe, que descubierta y tratada a tiempo, tiene remedio. Y no tan difícil y bastante asequible, como el tratamiento que propone la Dra. Barrientos de El Salvador. Y que si se trata a los pocos días de empezar a sentir los síntomas, en pocos días puede superarse, sin dejar daños serios en el enfermo. Por eso en la parroquia estamos promoviéndolo, para ayudar a la gente y evitar complicaciones graves. Aunque siempre es necesario
mantener ciertas precauciones, como la de evitar aglomeraciones de gente, especialmente en locales cerrados, y el uso de mascarilla cuando se está con personas que han podido estar expuestas a contagio.
    Y algo que siempre ayuda es intensificar nuestras vivencias espirituales, meditando la Palabra de Dios, rezando el Rosario, escuchando la Santa Misa, y también dedicando más tiempo a la Oración. Con todo ello equilibramos nuestro espíritu, nos liberamos de “malos espíritus”, favorecemos las buenas relaciones con todos los hermanos, y reforzamos nuestro sistema inmunológico, que nos hace más fuertes y resistentes a toda clase de virus y microbios.
    Que el Señor nos conceda sentir su presencia sanadora y consoladora, para que dejándonos guiar por Él, crezcamos en el amor y la misericordia, y así contribuyamos a formar una verdadera familia de hermanos. Que María y nuestro Santo Patrón Santiago nos sigan ayudando a avanzar por estos caminos de Paz y Bien para todos.   Amén  

No hay comentarios:

Publicar un comentario