2020. 7. 04 - Homilia Mt.9,15 ¿Cómo estar triste en una fiesta de bodas?
Evangelio significa Buena Noticia, noticia de alegría. Hace 7 años el Papa Francisco nos escribió su primera encíclica “La Alegría del Evangelio” para recordarnos que el Evangelio es una noticia de alegría para toda la humanidad. Jesús habla del Reinado de Dios como de una fiesta desbordante de alegría. Y la Buena Nueva es que esa fiesta ya ha comenzado y todos estamos invitados a entrar en ella. Y si es así, ¿cómo pueden los invitados ayunar cuando la fiesta ya ha comenzado?
El ayuno significaba una disciplina para purificarse y prepararse para la fiesta. Los judíos esperaban el cumplimiento de la Promesa del Reinado de Dios, y para que llegara era necesario purificarse, quitar de la propia vida todo lo que era contrario a esa realidad. La Ley era el camino de purificación de todo lo malo, necesario para alcanzar el premio. Y de organizarse para conseguirlo. Pero con Jesús, el Reino ya comenzaba. Ya no eran necesarias nuevas leyes, sino empezar a vivir la vida al modo de Jesús, es decir, guiados por el Espíritu del Amor, el Amor de Dios que se revela y se vive en el amor a los hermanos, en el servicio humilde y sencillo a toda persona, especialmente a los que más lo necesitan.
El ayuno mira hacia atrás, a sacrificarse e imponerse una disciplina de purificación de los desvaríos cometidos y despertar el anhelo por la venida del Reino. Pero Jesús viene a abrirnos el camino hacia adelante: Del pasado, acordarse para no volver a caer en los fallos y errores cometidos, dejándolos a la Misericordia del Padre. Y mirar hacia adelante: cuáles son las oportunidades que se nos ofrecen de hacer el bien a los demás, sintiendo que eso es lo que Dios más desea. Dejar de lado los caprichos y mezquindades que nos encierran en nuestros egoísmos, para abrirnos a la alegría del compartir generoso y agradecido con todos los hermanos, poniendo en juego las cualidades de cada uno para construir entre todos ese Reinado de la Paz, de la Vida, de la Alegría.
Ese camino no es un camino cómodo ni fácil. Jesús lo mostró con su vida. No es un camino en el que cada quien pueda seguir sus caprichos y pareceres privados. Pero es un camino en el que ya se empieza a vivir la alegría del Reino. Un camino en el que Jesús nos acompaña y no sólo nos acompaña junto a nosotros, sino que Él mismo vive en nosotros, comunicándonos su luz, su Vida, su fuerza, su alegría. Él vive en nosotros ya resucitado. Esa presencia se realiza en nosotros de un modo muy especial en la Celebración Eucarística, que nos vivifica desde lo más profundo de nuestro ser y nos fortalece para amarnos unos a otros como Él nos ama, es decir, entregando la vida por nosotros. Esa es una gran verdad de Fe, que podemos experimentar cuando seguimos su Palabra, y en la que vamos creciendo progresivamente a medida que avanzamos en el camino.
El camino de Jesús es un camino de luz y de alegría, pero supone también sacrificios y renuncias. Pero sacrificios que no son impuestos por ley externa ninguna, como pensaban los fariseos, sino que nacen de la decisión del propio corazón, iluminado por el espíritu del amor. Son como los sacrificios que se impone una madre o un padre amorosos por sus hijos. Que pueden ser muy grandes, pero que no le amargan a uno la vida, sino al contrario, se hacen con plena libertad, y por ello, se sienten llevaderos y soportables porque su motivación es el amor y no la coacción o la ley.
Jesús no desprecia ni rechaza la Ley, sino que viene a comunicarnos su Espíritu, para que su cumplimiento no sea una carga pesada, sino que la veamos como un modo luminoso de hacerlo con libertad y alegría, como un modo de realizar nuestro amor por los demás, por la comunidad, hasta por los enemigos y por toda la familia humana. El Espíritu de Jesús nos hace libres, nos hace ver que lo mandado por la ley, no es una carga pesado, una coacción impuesta desde fuera, sino algo bueno que nos ayuda a organizar mejor nuestra convivencia, nuestro trabajo, nuestros sacrificios. Y avanzar así hacia nuestra realización y nuestra felicidad plena y verdadera. Por eso Jesús no viene a poner remiendos en las leyes viejas o a imponernos nuevas obligaciones, sino a regalarnos un vestido nuevo, el vestido de fiesta, el vestido de la Gracia y la Verdad de la Vida y la Alegría.
Estamos inmersos en esta crisis. Y como seguidores del Señor se nos invita a mirarla como el Señor lo hace, es decir, con sabiduría, amor y esperanza. Como una invitación a mirar críticamente la catástrofe a la que nos avocamos de seguir por esos criterios del consumismo y el capitalismo salvajes. A ser testigos de que un modo de vida basado en los criterios de la solidaridad, la austeridad, la justicia, la fraternidad, la verdad, la responsabilidad, es posible, y es muy deseable y realizable. Que merece la pena trabajar seriamente por ello. Que muchos lo están viviendo ya. Y que el Señor nos guía y acompaña en nuestro caminar. Que nuestra Madre María nos haga sentir su presencia y su protección maternal. Amén

No hay comentarios:
Publicar un comentario