Ya Ezequiel (Ez 17,22-24) había hecho una comparación parecida. Solo que ahí lo que se siembra no es una semilla de mostaza sino la copa de un cedro: “Echará ramas, dará fruto y llegará a ser un cedro magnífico; anidarán en él todos los pájaros a la sombra de su ramaje anidarán todas las aves” (Ez 17,23). Y termina la parábola Ezequiel diciendo: “Y sabrán los árboles silvestres que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde, seco el árbol verde y reverdezco el árbol seco. Yo, el Señor, lo digo y lo hago” (Ez 17,24). En este contexto llama la atención que Jesús no hable de un cedro magnífico para exponer cómo es el reinado de Dios, sino de una semilla y de un arbusto de mostaza. El Dios que aparece en el relato de Ezequiel es uno que humilla desde la grandeza, en cambio el Dios que aparece en la parábola de Jesús es un Dios humilde que no humilla a nadie, y que desde su humildad acoge a todas y a todos. Además, la mostaza era considerada como una plaga para los cultivos.
Esto nos lleva a la segunda parábola, la de la levadura. En el tiempo de Jesús no había levadura como ahora que se puede comprar en una pulpería. En su tiempo lo que se usaba como levadura era un pedazo de pan “nacido” que las mujeres guardaban en un rincón de la casa. Era algo descompuesto, despreciable.
El reinado de Dios propuesto por Jesús no tiene nada que ver con grandeza ni dominio. Y esto vale para sus orígenes, pero también para su desarrollo. No es que nace pequeñito y después se hace una realidad apabullante. El reinado de Dios nace pequeño y no pierde nunca su humildad. Así, el reinado de Dios nunca es algo que se impone, sino que siempre y solo algo que se propone. Pero, además, la manera en que Dios reina es sirviendo, en la parábola de la semilla de mostaza ofreciendo cobijo, acogiendo, en la de la levadura, fermentando, haciendo que la masa crezca y se esponje. Ese es el Dios de Jesús, y esa es su manera de reinar: es un Dios humilde que sirve.
¿Qué significa esto en medio de esta crisis sanitaria, económica y social que estamos atravesando? Los poderes de este mundo nos han hecho creer por medio de los medios de comunicación social que el Covid19 es un virus muy contagioso y muy mortal, que no hay tratamiento eficaz para enfrentarlo, que nuestra única esperanza está en una vacuna que están desarrollando, y que, mientras tanto, tenemos que protegernos las unas de los otros, porque cualquiera nos puede contagiar. Repitiéndonos esto día y noche, día tras día, a lo largo de cuatro meses lo que han logrado los poderes de este mundo es infectarnos con el virus del miedo. Es verdad que el Covid19 es un virus que puede causar la muerte, como la pueden causar otros muchos virus y bacterias si no son tratados bien y a tiempo. Así, por ejemplo, si alguien tiene vómito y diarrea y lo único con lo que se trata es con acetaminofén es muy probable que la persona se complique y muera. Ahora, si se le da el antibiótico adecuado a los dos días esa persona ya se encuentra bien y en vías de recuperación. El tratamiento que propone la Dra. María Eugenia Barrientos y que hemos estado facilitando desde la Parroquia a base de antiinflamatorios y antigripales evita que las personas se compliquen al evitar la inflamación que produce el virus desde un inicio y reduce la tasa de contagio al reducir las secreciones y con ellas, la tos y los estornudos. Las “gripes”, pues, no tienen por qué ser mortales, si las tratamos a tiempo y bien. Hay un tratamiento sencillo y eficaz para enfrentarlas.
Ahora, lo que realmente nos está matando es el virus del miedo. Hoy en la mañanita me escribió una mujer de una aldea pidiéndome que la llevara al hospital. Al preguntarle si no había carros en la comunidad me dijo que sí, pero que nadie quería hacerle el viaje. Antes de salir a recogerla me escribió que un hermano suyo se había animado a llevarla al hospital. Ese es el virus que más daño nos está haciendo. Ahora, éste, como el primero también tiene tratamiento. Lo primero es superar el miedo al contagio confiando en un tratamiento sencillo y eficaz como el propuesto por la Dra. Barrientos. Eso nos va a permitir acercarnos, escucharnos, dejarnos conmover por nuestras historias y tendernos las manos, haciendo lo que nosotras y nosotros, y solo nosotras y nosotros podemos y debemos hacer. Así, cuando vencemos el miedo, nos convertimos en los granitos de mostaza y en la levadura del reinado de Dios de los que nos habla Jesús en las parábolas de hoy.

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