El reinado de Dios ciertamente es como una red en la que todas, todos y todo tienen lugar. Y es que el Dios de ese reinado es el “que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Una mujer sirofenicia le enseña a Jesús que en el reinado de Dios no hay extranjeros (Mc 7,24-31).
En el contexto de esta crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo podemos tener la tentación de excluir a dos tipos de personas: a las contagiadas y a las ladronas públicas.
Aunque el número de contagios sigue aumentando exponencialmente, y aunque las personas contagiadas son cada vez más cercanas a nosotras y nosotros, la tentación de la discriminación de las personas contagiadas sigue siendo muy fuerte. Creemos que ellas no pertenecen, y por eso las excluimos: no las visitamos, nos apartamos de ellas cuando se acercan, nos negamos a llevarlas en nuestros carros al hospital, a veces incluso las llamamos para insultarlas. Dominadas y dominados por el miedo huimos de ellas y si se nos tratan de acercar las atacamos para defendernos. El miedo nos hace olvidar que la persona contagiada es tan humana como nosotras y nosotros, y nos impide dejarnos conmover por su necesidad. Sin embargo, en estos tiempos en los que tenemos nuestros templos cerrados, sin la posibilidad de visitar al Santísimo y de comulgar, la persona contagiada es la presencia más cercana de Jesús sacramentado en esta crisis. Y acercarnos a ella, dialogar con ella, dejarnos conmover por su situación, y tenderle la mano es una de las maneras privilegiadas de comulgar con Jesús en esta crisis.
Excluir a los funcionarios públicos que han utilizado esta crisis para robar descaradamente como en el caso de los hospitales móviles, por ejemplo, condenándolos y deseándoles el peor de los destinos es otra tentación frecuente en medio de esta crisis. Ellos, con todo, también pertenecen al reinado de Dios. Porque como dice Jesús: “No he venido a invitar justos, sino pecadores” (Mc 2,17). Por eso Jesús jamás excluye, sino que llama a la conversión dándole así un lugar a todas, a todos y a todo en el reinado de Dios. Ahora, esto de ninguna manera tiene que ver con el conformismo. Esta actitud es más bien fruto de atrevernos a ocupar el lugar que nos toca, y entonces hacer posible que las y los otros ocupen el lugar que les toca. Esta actitud de acogida es la única que hace posible el arrepentimiento y la conversión, ya no por miedo al castigo ni por interés en un premio, sino por amor. Algo de esto es lo que han hecho en Olanchito, donde están construyendo un Centro Covid-19 con fondos propios de la población y una inversión de apenas L.2.5 millones de lempiras.
Con la parábola de la red tal vez Jesús nos esté invitando a organizarnos como vecinas y vecinos para tenderles la mano a las personas contagiadas y/o golpeadas por la crisis, y a ocupar nuestro lugar como ciudadanos para poner fin al abuso sistemático de muchos funcionarios públicos poniéndolos a ellos en su lugar como servidores del pueblo. De esta crisis nos vamos a salvar en red, como pueblo, y no precisamente quedándonos paralizados en casa, sino saliendo y haciendo lo que solo nosotras y nosotros podemos y debemos de hacer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario