miércoles, 29 de julio de 2020


2020.7.29 - Santa Marta
El evangelio de hoy nos relata el conocido pasaje de Jesús en casa de Marta y María, las dos hermanas de Lázaro. Muchas con las interpretaciones que se han hecho sobre el papel de estas dos mujeres, la mayoría tildando a Marta de equivocada en sus afanes por el llamado de atención de Jesús: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria…” veámosla con detenimiento.
Si bien, Jesús es consciente de la necesidad de atender las situaciones de la vida cotidiana, pretende llamar la atención de Marta que, frente a él, lo deja de lado para afanarse por otras cosas que en su momento también son necesarias y podrá darles su atención, pero que ahora no son tan importantes como descubrir la presencia del Señor en su casa y escuchar su Palabra.
El evangelio nos da a entender la importancia que tiene Jesús en medio de nuestra vida, porque en él se nos ha revelado todo el amor de Dios para con la humanidad, y por eso, no podemos dejar de lado la escucha de su Palabra y la puesta en práctica en nuestra vida cotidiana, porque solo de esa manera nuestras acciones cotidianas estarán inspiradas y guidas por ese amor que proviene de Dios y que se hace carne en Jesús. 
San Juan nos invita en la primera lectura que escuchamos a amarnos los unos a los otros, porque el amor proviene de Dios y solo quien ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor. Una invitación muy concreta y actual en medio de esta crisis sanitaria, económica y social. Un amor que responde a otro amor. 
Frente a esa invitación podríamos preguntarnos si nuestros afanes diarios, el miedo que nos ha confinado al encerramiento y al aislamiento, son acciones propias del amor que nos revela Dios en su Hijo Jesús. San Juan nos dice que el amor verdadero está en que Dios nos amó primero, es decir, nos “primereó” en el amor, como señala el Papa Francisco, y entregó su Hijo para salvarnos. Es un amor que se ha mostrado desde la cercanía amorosa de Dios con la humanidad en Jesús, que se acercó a los que sufrían, que comía con los pecadores, sanaba a los enfermos y a los pobres les anunciaba el reinado de Dios. 
De forma tal, que quienes queremos responder a este amor primero de Dios debemos acercarnos a los demás tal como Él se acercó a nosotras y nosotros asumiendo nuestras necesidades como suyas y amándonos desde la cercanía y la cotidianidad que mostró María a los pies de Jesús en casa de Marta. Porque “a Dios nadie lo ha visto nunca, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.”
Así pues, estamos invitados-invitadas a responder con amor, al amor que Dios nos da, y ese amor puesto en obras de solidaridad, de cercanía, de inclusión, de comunidad, de compartir. Ese es el signo evidente de que permanecemos en Dios, si y solo si, con nuestras obras hacia los demás permanecemos en el amor.

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