martes, 7 de julio de 2020

                               

2020.7.07 - En el evangelio de Mateo (Mt 9,33-37) se nos relata la sanación de un mudo por parte de Jesús y las reacciones, por un lado, del pueblo que se sorprende, y, por otro, de los fariseos, que ven la acción del príncipe de los demonios en la de Jesús. Luego se nos hace una síntesis de la misión itinerante de Jesús: la proclamación del reinado de Dios y la sanación de la vida. Se nos dice lo que animaba a Jesús: la compasión por su pueblo que andaba como ovejas sin pastor. El evangelio termina con la petición de Jesús al Padre para que mande obreros a su mies.
Leamos el evangelio desde el contexto de la actual crisis sanitaria, económica y social en la que estamos. Esta crisis más que en el Covid19 tiene sus orígenes en la forma en que ha sido tratado. Así la crisis ha revelado las actitudes de muchas de las personas que han sido delegadas para enfrentarla. Una ambición feroz que lleva a una corrupción criminal que literalmente causa muertes por hospitales desabastecidos o inexistentes, personal médico no debidamente protegido, una errática política de cierre y reapertura de la economía; una impunidad que impide responsabilizar a las personas implicadas por sus hechos; un esquema autoritario de manejo de la crisis que limita y excluye la participación de otros actores sociales por miedo a perder protagonismo; una actitud de soberbia que impide recocer los límites de los lineamientos médicos oficiales para tratar a las personas contagiadas con Covid19 y abrirse a otros más sencillos y eficaces, como el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de ibuprofeno de 400 mg y antigripal.
El evangelio apunta a la actitud necesaria para enfrentar esta crisis: la compasión. Mientas lo que nos mueva sea la codicia asesina o el miedo que nos hace reaccionar como víctimas, victimarios o que nos paraliza, las posibilidades de superar esta crisis se ven seriamente comprometidas. Es la compasión la que nos va a llevar a hacernos prójimas y prójimos, la que nos va a acercar. Es la compasión la que nos va a permitir empezarnos a ver como hermanas y hermanos, hijas e hijos de un mismo Dios en medio de todas nuestras diferencias. Es la compasión la que nos va a permitir dialogar, escucharnos y expresarnos. Es la compasión la que nos va a permitir tendernos las manos sirviéndonos en nuestras necesidades.
Esta compasión no se improvisa, es fruto del cultivo de la gratitud, del agradecimiento. Mientras no agradezcamos por todas, por todos y por todo vamos a ser unas pobres personas, incapacitadas para compartir, marcadas por la mezquindad, la codicia, la envidia. Mientras no agradezcamos no vamos a poder reconocer ni disfrutar de la abundancia de la vida que Dios nos regala. Mientras no agradezcamos no vamos a poder dejar de poner nuestra mirada en lo que nos hace falta, en lugar de en todo lo que ya tenemos. Por eso, por paradójico que parezca, mientras no agradezcamos esta crisis no vamos a poder salir de ella.
En esta situación es que cobra pleno sentido la actividad de Jesús: ser testigo de un Dios amigo de la vida, de un Dios que sana la vida, de un Dios que está al servicio de la vida, de un Dios que ama tanto la vida que la entrega. Y en esta situación es que también cobra pleno sentido la petición de Jesús por obreros para la mies. Jesús estaba claro que la sociedad con la que soñamos se va construyendo desde aquí, desde ahora, desde abajo, desde nosotras y nosotros mismos. En este sentido si no somos capaces de reconocer que el reinado de Dios ya está entre nosotras y nosotros y de actuar correspondientemente, éste nunca va a llegar.
Lo que impedía a los fariseos reconocer en la actividad sanadora de Jesús la obra Dios era el miedo a perder unos privilegios basados en la exclusión y la discriminación. De ahí que la invitación de Jesús a entrar en el reinado de Dios no excluye a nadie, pero implica conversión, esto es, pasar de la ingratitud a la gratitud, del miedo a la confianza, de la acumulación mezquina al compartir generoso, de la vida a costa de otras vidas a la vida que se entrega para que otros tengan vida, y esto porque se han encontrado el tesoro escondido y la perla preciosa: un amor que responde a otro amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario