sábado, 25 de julio de 2020


2020.7.25 - Hoy estamos celebrando nuestra fiesta patronal, la fiesta de Santiago Apóstol. Los últimos nueve días hemos estado rezando el Rosario y la Novena del Camino de Santiago. En esta Novena hemos ido contemplando el camino que recorrió Santiago en compañía de Jesús, como compañero de él. Vamos ahora a contemplar el camino que hemos venido recorriendo como compañeras y compañeros de Jesús a lo largo de la crisis sanitaria, económica y social que estamos atravesando dejándonos ayudar por las estaciones recorridas por Santiago en su propio camino.
El domingo, 15 de marzo fue el último día que celebramos eucaristías públicas ya solo con la presencia de 50 personas. El lunes, 16 de marzo comenzó la cuarentena nacional. En aquellos días fuimos testigos de endeudamientos masivos por parte del Estado, de promesas de subsidios económicos y de bolsas de comida, y de aumento y mejora de la capacidad hospitalaria del país para poder hacerle frente a la crisis que se avecinaba. Por parte del Estado se nos invitaba a quedarnos en casa confiando en sus buenos oficios.
Como Parroquia sentimos entonces dos llamados: a acompañarnos en esta crisis y a compartir desde la gratitud con las y los hermanos necesitados. Esto lo hicimos a través de nuevos programas en Radio Loyola: la eucaristía diaria; el programa de Técnicas de afrontamiento que quería ofrecer consejos para poder hacer frente a esta crisis; la lectura del libro de José Antonio Pagola, Jesús Aproximación histórica, que buscaba hacer presente la vida de Jesús para sentirnos acompañadas y acompañados por él en medio de esta crisis; la lectura de diversos libros que buscaban cultivar nuestra espiritualidad para poderle hacer frente a esta crisis con Espíritu. También organizamos en esos primeros días una campaña de recogida y distribución de alimentos, que nos permitió llevar una bolsa de comida a muchas familias gracias al compartir agradecido que se dio.
A medida que fue pasando el tiempo se fueron dando los primeros contagios en nuestra Parroquia. Aquí sentimos nuevamente dos llamados más: proveer un tratamiento sencillo, accesible y eficaz para tratar a las personas contagiadas por el Covid19, y hacer frente a la discriminación de la que eran objeto las personas contagiadas. El lineamiento médico por el que optamos fue el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de antiinflamatorios y antigripales. Primero fue ibuprofeno de 400 mg, luego ante la imposibilidad de conseguir un ibuprofeno de 400 mg de calidad en el mercado, naproxeno de 220 mg. Como a Santiago este tratamiento nos ha permitido ser testigos de la salvación de muchas vidas que se veían amenazadas por la “gripe”, sintiendo una notable mejoría normalmente al tercer día de haber iniciado el tratamiento, y, sobre todo, evitando complicaciones posteriores de la gripe. El relato de la sanación del leproso por parte de Jesús (Mc 1,40-45) nos inspiró a acercarnos a las personas contagiadas y/o necesitadas, a escucharlas, a dejarnos conmover y a tenderles la mano sirviéndolas en sus necesidades según nuestras posibilidades. También retomamos nuestra escuela de formación integral con Joaquín y Ana como protagonistas de unos hechos de vida en los que se han abordado los temas del tratamiento de la Dra. Barrientos y el de la discriminación.
Como la cuarentena se prolongaba animamos a la siembra de huertos familiares sobre todo en Yoro, asociada con la repartición de semillas y bolsas de comida. Esto lo hemos hecho en colaboración con San Yves.
Como Santiago también hemos sentido la tentación de pedir que baje fuego del cielo. Esto lo hemos experimentado cuando a lo largo de esta crisis se ha ido descubriendo la corrupción de funcionarios públicos encargados de hacer frente a la crisis. El caso más evidente ha sido el de los hospitales móviles, por los que se pagó una comisión del 69% de su valor a un intermediario. Además, vienen con vaporizadores usados y en mal estado. Los hospitales siguen teniendo problemas de abastecimiento y el personal que atiende en ellos se encuentra reducido por el contagio. La distribución masiva de alimentos no se ha dado como se había prometido.
Como Santiago también hemos sido testigos de la agonía de muchas hermanas y hermanos nuestros por la pérdida de sus seres queridos y por la imposibilidad de despedirse de ellos como era costumbre.
Hoy a 136 días del inicio de la cuarentena, con 37,559 contagios y 1,061 muertes oficiales por Covid19 nos preguntamos como Santiago por el tiempo y las señales, sobre todo, de cara a la anunciada reapertura de la economía a partir del lunes, 27 de julio. Lo que se ha evidenciado con claridad en este tiempo es que la crisis no la ha provocado el Covid19 sino la manera de tratarlo. Por eso, en primer lugar, se trata de proveer masivamente a la población de un tratamiento eficaz, y esto no se va a dar, mientras no se incluyan antiinflamatorios ya en el tratamiento básico. En este sentido es irresponsable aducir falta de fundamento científico para un tratamiento como el propuesto por la Dra. Barrientos a base de antiinflamatorios y antigripales frente a la eficacia que ha mostrado para tratar a tantas personas con síntomas de Covid19. Ya los antiguos latinos decían: contra facta non valent argumenta, esto es, contra los hechos no valen los argumentos. En segundo lugar, se trata de que los funcionarios públicos realicen la misión para la que fueron electos, ponerse al servicio de su pueblo en esta crisis comenzando por fortalecer el sistema de salud, en lugar de seguir actuando como dictadores y abusando de su autoridad, con la codicia, la corrupción y la impunidad como sus banderas. En tercer lugar, se trata de que nos organicemos a nivel local, como comunidades de vecinas y vecinos, acercándonos a las personas contagiadas y/o necesitadas, escuchándolas, dejándonos conmover, y tendiéndoles la mano para servirlas en sus necesidades desde nuestras posibilidades. En cuarto lugar, es fundamental que en medio de esta crisis no dejemos de dar gracias; y esto, porque solo la gratitud nos va a permitir reconocer todos los bienes con los que hemos sido bendecidas y bendecidos; porque solo la gratitud nos va a permitir experimentar el amor de ese Dios a quien sentimos como Padre-Madre amoroso que nos hermana a todas, a todos y a todo; porque solo la gratitud va a hacer posible que despierte en nosotras y nosotros un amor que responda al suyo. Y entonces, vamos a poder ir experimentando desde ahora, desde aquí y desde nosotras y nosotros mismos ese reinado de Dios del que Santiago y Jesús fueron testigos.

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