2020.8.01 - Las lecturas que escuchamos hoy nos relatan a dos personajes importantes que fueron calumniados por causa de defender la verdad y lo que era agradable a Dios.
La historia del profeta Jeremías constantemente nos muestra diferentes momentos en los cuales a causa de las profecías que hace de parte de Dios es amenazado de muerte, sus contemporáneos no soportan el hecho, primero, que sea un hombre justo y por tanto contrario en sus acciones con el estilo de vida desordenado e injusto, sobre todo de las autoridades de la época. En segundo lugar, no soportan que les eche en cara todas sus maldades y mucho menos que ponga al descubierto la trama de mentiras, de rituales vacíos y de una vida totalmente de espaldas a la voluntad de Dios. Sus denuncias resultan grandes ofensas a sus ojos.
En el evangelio, encontramos el relato de la muerte de Juan el Bautista, encarcelado injustamente por denunciar el desorden en la vida del rey Herodes, y más escandalosa aún es su muerte, ejecutada únicamente para satisfacer los caprichos de una persona y también porque el rey no tuvo la sensatez de defender la vida de un inocente por encima de un juramento absurdo hecho en público.
Hoy en día nos encontramos en nuestra realidad con situaciones tan absurdas y caprichosas como las relatadas en estos pasajes. Por un lado siguen habiendo mujeres y hombres que llevan una vida intachable a favor de la vida de las demás personas o del medio ambiente y por esas situaciones son amenazadas, insultadas y violentadas. Las y los enfermos de gripe son mirados con recelo y despreciados en sus barrios y aldeas, al punto de llegar a prohibirles la movilización libre, el acceso a los servicios básicos y más aún, son discriminados e incluso amenazados si llegan a declararse enfermos.
Además, también seguimos encontrando muchos que viven encaprichados con una vida desordenada, cuyas consecuencias afectan a toda la población. Encontramos graves escándalos entre las autoridades por el descaro con que han sido manejados los fondos destinados para esta crisis sanitaria, económica y social, sin importarles en nada el sufrimiento causado a miles de personas sumergidas en la pobreza o desatendidas por el deterioro del sistema de salud nacional.
Frente a todo ese panorama estamos llamadas y llamados a mantener nuestra voz con la misma coherencia que lo hicieron el profeta Jeremías y Juan el Bautista, sabiendo que Dios nos desoye nuestras súplicas y mucho menos nos desampara. Además, nuestro ejemplo debe ser mucho más convincente, sabiéndonos acercar a quienes necesitan de nuestra ayuda, salir a su encuentro, brindarles la mano. A nivel comunitario es necesario unir esfuerzos y dejar de estar a la espera de soluciones que no van a llegar de los promotores de esta misma crisis, sino que como comunidad debemos mostrar la fuerza que hace la unidad, continuando apoyando los esfuerzos por tener al alcance de la población un tratamiento sencillo y accesible a base de antiinflamatorios y antigripal que permita a la población tratarse a tiempo, evitando complicaciones de la gripe. Ayudando a que el desarrollo económico no se quede solo en unas pocas manos, sino que se puede ir saliendo de la crisis con la ayuda y el esfuerzo de todas y todos.
Que el Señor nos dé la fuerza de ánimo para seguir caminando con su gracia.

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