martes, 4 de agosto de 2020

2020.8. 04 - En el evangelio de Mateo (Mt 15,1-2.10-14) que hemos escuchado unos fariseos y letrados de la ley cuestionan a Jesús por no seguir las normas de higiene antes de comer.



2020.8. 04 - En el evangelio de Mateo (Mt 15,1-2.10-14) que hemos escuchado unos fariseos y letrados de la ley cuestionan a Jesús por no seguir las normas de higiene antes de comer. Jesús les recuerda que lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino que lo que sale de ella. Ante el escándalo de los fariseos por la respuesta de Jesús, éste termina diciendo que son ciegos que guían a otros ciegos.
En el contexto de la crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo se ha hecho mucho énfasis en las medidas de higiene: lavado frecuente de manos con agua y jabón o en su defecto con gel desinfectante; no tocarse la cara con las manos; toser y estornudar en el pliege interno del codo, no en las manos; el uso de mascarillas al salir de la casa; desinfectar las plantas de los zapatos; desinfectar superficies; distanciarse socialmente de otras personas evitando tocarlas y procurando estar a metro y medio de distancia de ellas; autoconfinarse en las casas. Indudablemente, estas medidas, unas más que otras, pueden ayudar a prevenir el contagio del Covid19, y de muchos otros virus y bacterias. Sin embargo, también pueden tener efectos secundarios adversos como la hipoxia por el uso de la mascarilla; la ansiedad, la depresión, el aumento de la violencia intrafamiliar por el confinamiento; el debilitamiento del sistema inmunológico por su falta de ejercicio; entre otros.
Sin embargo, no es a esta discusión a la que nos invita el evangelio el día de hoy, sino a otra mucho más fundamental: lo que realmente puede hacerle daño al ser humano. En este sentido, Jesús recuerda que no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella lo que puede manchar al hombre. Así, una de las cosas que más daño nos pueden hacer es la discriminación de las personas contagiadas. So pretexto de evitar el contagio, nos distanciamos de las personas contagiadas – a menos que sean familiares muy cercanos, en cuyo caso no tenemos esa alternativa –; creamos un cerco, un muro alrededor de ellas; las estigmatizamos socialmente; las abandonamos a su destino. Y esto, muchas veces con la mejor de las conciencias: no nos queremos contagiar. Esto lleva a que las personas contagiadas vivan su enfermedad en secreto, con mucha vergüenza, sin recibir la ayuda que a veces urgentemente necesitan, solas y aisladas, no contribuyendo todo esto sino complicar su situación.
La discriminación indudablemente le causa mucho daño a la persona contagiada, pero también a la persona que discrimina. La hace sentirse superior a la persona contagiada; la llena de miedo y deja que sea éste el que rija su vida; le nubla la mirada; le endurece el corazón y las entrañas; le hace empuñar la mano en lugar de extenderla; la segrega y aísla; en una palabra, la “deshumaniza”. Dicho en términos religiosos, le hace renegar de su condición de hermana de las demás personas, y, por ende, de su condición de hija de Dios, porque no se puede ser hija de Dios sin ser hermana de las demás.
En este evangelio se nos invita a volver la mirada y el corazón sobre el tesoro y la perla preciosa de nuestras vidas, los cuales bajo ninguna circunstancia pueden ser evitar el contagio, sino el servicio desinteresado, el compartir generoso, la entrega libre frutos de la gratitud, del agradecimiento de otro amor, previo al nuestro, que lo despierta y lo hace posible.
Lo que nos va a salvar de esta crisis no va a ser evitar el contagio del Covid19, que al fin y al cabo puede ser tratado de manera sencilla y eficaz con un lineamiento médico como, por ejemplo, el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de antiinflamatorios y antigripales. Lo que nos va a salvar de esta crisis va a ser acercarnos a las personas contagiadas y/o golpeadas por la crisis, dialogar con ella, dejarnos conmover por su dolor y su necesidad, y tenerles la mano en la medida de nuestras posibilidades. Y esto, sencillamente porque más importante que evitar el contagio es mantener el amor.

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