sábado, 8 de agosto de 2020

2020.8.08 - En la lectura del libro del profeta Habacuc éste termina diciendo: “el justo […] vivirá por su fe”.

2020.8.08 - En la lectura del libro del profeta Habacuc éste termina diciendo: “el justo […] vivirá por su fe”. En el evangelio de Mateo que escuchamos (Mt 17,14-20), Jesús expulsa el demonio de un joven que sus discípulos no habían podido expulsar. Respondiendo a una pregunta de sus discípulos, Jesús les dice que les hizo falta fe para poder expulsar al demonio del muchacho.

En la situación actual que estamos viviendo, más que el virus del Covid19 son algunos demonios que andan sueltos o que han sembrado los que nos están causando mucho daño.

Un primer demonio que nos está haciendo mucho daño es el miedo. Los medios de comunicación social pareciera que se estuvieran dedicando a sembrar miedo. La bandera que enarbolan para hacerlo es la letalidad y contagiosidad del Covid19 haciéndonos creer que no estaremos a salvo mientras no nos vacunemos. Examinemos esto más detenidamente. Es verdad que el Covid 19 puede matar y ha causado muchas muertes. Pero también es verdad que tratado a tiempo y bien, con el tratamiento propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos, por ejemplo, a base de antiinflamatorios y antigripales, las personas no se complican y superan la “gripe”. Desde la oficialidad se repite que este tratamiento carece de base científica. Con todo, una de las evidencias de este tiempo es que los tratamientos oficiales no parecen ser muy efectivos a juzgar por las complicaciones que padecen muchos de los que los utilizan, y esto también en países así llamados desarrollados. ¿Qué significa tener fe en este contexto? Tener fe en este contexto significa abrirse a la evidencia práctica de que un tratamiento sencillo y accesible propuesto por un médico general, no un especialista, una mujer, no un varón, desde un pequeño país, el así llamado Pulgarcito de América, no desde una súper potencia, hace posible que las personas con “gripe” a los tres días se sientan ya mejor, y, sobre todo, que no se compliquen.

Otro demonio que está causando mucho daño en la actualidad es el de la desconfianza que se expresa en el así llamado distanciamiento social y en el uso de mascarillas. Se nos dice que debemos permanecer en casa y que si salimos debemos estar a metro y medio sino dos de las demás personas y que debemos de usar mascarillas. El mensaje es claro: cuídate de los demás que te pueden contagiar. El otro día, una madre relataba como un hijo que había dado positivo a la prueba de hisopado la había llamado preguntándole si cuando llegara a la casa lo iba a recibir o no con un abrazo. La madre compartía emocionada que cómo le iba a negar un abrazo a su hijo cuando llegara a casa. Y es que siendo verdad que es importante auto aislarnos cuando tenemos la gripe para evitar más contagios, solo vamos a poderlo hacer sin que nos cause daño si nos sentimos incondicionalmente amadas, y amamos así. Tener fe en este contexto significa encontrar formas creativas o tradicionales de hacernos cercanas, de hacernos prójimos, de las personas contagiadas y/o necesitadas. Tener fe en este contexto significa dejarse llevar por la audacia del amor que encuentra mil y una formas de expresar cercanía, de acercarse.

La situación que estamos viviendo nos está dando la oportunidad de caminar por fe, no por visión que dice san Pablo (2Cor 5,7). Y esto significa que si nos contagiamos de la “gripe” podemos tratarnos para evitar complicaciones con un tratamiento sencillo, accesible y eficaz como el propuesto por la Dra. Barrientos. Y esto también significa que el miedo al contagio no va a evitar que busquemos maneras de acercarnos, de hacernos prójimas, de las demás. Porque sin tendernos las manos no vamos a poder salir de esta situación.

Jesús tiene razón, basta una fe del tamaño de un granito de mostaza para mover las montañas del miedo y de la desconfianza que nos han sembrado. Y para esto no se necesita mucha temeridad, sino sencillamente un amor que responda a otro.

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