2020.8.07 - Las lecturas de hoy nos ponen de relieve ante el Señor como único Dios de quien procede la vida plena. Él es Señor de la vida, por eso hemos proclamado con el salmista: “Yo doy la muerte y la vida”. Ahora bien, no se pretende con esto ver a Dios como un tirano que se goza en el sufrimiento de la gente, sino todo lo contrario, es un Dios que se goza en la vida de cada persona. Por eso el profeta Nahum lo describe con gritos de júbilo, porque en todo momento Dios restaura la vida. Esta es una promesa muy importante para quienes creemos en el Señor, porque afirmamos que de él nos viene la vida, y Jesús nos dirá que se trata de una vida en abundancia (Jn 10,10).
Por eso, ante esta llamada tan importante Jesús nos interpela acerca de qué es lo realmente valioso frente a esa vida que nos viene de Dios, y por eso nos invita a asumir en nuestra cotidianidad asumir el reto de ser portadores de vida desde nuestras acciones diarias. De esa forma hemos de ser capaces de renunciar a nuestro egoísmo y tomar la cruz de Jesús, que es el acto supremo de amor mostrado por él para con la humanidad.
En medio de esta crisis, asumir el estilo de vida de Jesús, cercano a los enfermos, a quienes se sienten rechazados y discriminadas; siendo compasivos y misericordiosos con quienes más nos necesitan, esto es asumir el reto de la vida que nos viene de Dios. Porque, señala Jesús, quien quiera salvar su vida, guardar, protegerla de los demás, al final termina perdiéndola en realidad, porque queda envuelto en su soledad y en su egoísmo. En cambio, perder la vida desde una entrega generosa, atenta a las necesidades de quienes viven a nuestro lado, es asumir el reto de promover la vida en medio de nuestra sociedad. Es luchar contra el miedo que nos han vendido en esta crisis y salir al encuentro de la otra persona en quien se hace Dios presente, humano y hermano.
Como cristianas y cristianos estamos llamados a promover la vida por encima de la muerte, desde nuestras acciones diarias, desde lo que somos y hacemos constantemente con los cercanos y hermanos nuestros. Por eso, una forma efectiva de ser promotores de la vida ha sido los tratamientos que hemos querido poner al alcance de la gente que está sufriendo enferma, propuestos por la Dra. María Eugenia Barrientos, a base de antiinflamatorios y antigripales, y que tanto bien han hecho a las personas que los están utilizando, no solo porque atacan la gripe de forma efectiva y sin complicaciones, sino también, porque es un tratamiento sencillo y accesible a las personas y eso permite reducir el miedo al contagio y poder asumir el reto de seguir apostando por la vida que nos han querido arrebatar.
Frente a los promotores de la muerte, hemos de dejar que Dios sea Dios, y por tanto a él dejarle el juicio, pues como dice el profeta sus propias acciones al final serán su propia paga. Por eso, no podemos permitir continuar promoviendo el egoísmo individualista que nos aleja de los demás. Mantenernos encerrados y herméticos frente a la vida. Hemos de cuidarnos mutuamente frente a esta enfermedad seria, pero ante todo, hemos de ser humanos frente a quienes están sufriendo y por eso, tender la mano a los necesitados. Porque de esa forma hemos de perder la vida por aquellos que nos necesitan, y perdiéndola es como en realidad la hemos de encontrar.
Que el Señor nos anime con su gracia en todo momento sabiendo que él camina junto a nosotros y nosotras. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario