2020.8.25 - En el evangelio que hemos escuchado hoy, Jesús confronta fuertemente el culto vacío y alejado totalmente del querer de Dios. Y a partir de esa confrontación hace una invitación para saber identificar aquello que agrada a Dios verdaderamente y llevarlo a la práctica.
En primer lugar, para Dios lo más importante es la vida del ser humano, creado como obra cumbre suya y como co-creador de la vida que procede de Dios. Esta vida se enriquece desde la experiencia del compartir agradecido que podamos cada una-uno asumir cotidianamente, con un estilo de vida encaminado a la práctica de la justicia, la misericordia y la fidelidad al proyecto de salvación de Dios por la humanidad.
Jesús denuncia las conductas hipócritas de quienes pretender colocar la ley por encima del ser humano, mientras se quedan al margen de la vida y la dignidad que debieran resguardan las leyes humanas de convivencia social. De igual forma, a lo interno de la Iglesia y de nuestras comunidades, en muchas ocasiones colocamos tradiciones o costumbres anquilosadas, incapaces de apuntar por lo que nos acerca realmente al Dios de Jesús y actuamos como fieles custodios de la tradición, aún y a pesar de que las mismas puedan alejarnos de Dios.
Jesús es consciente de que el su pueblo ha dejado de lado a Dios, desde la exclusión y opresión que vive su pueblo marginado y pobre, a causa de la Ley, que más que ayudar a vivir con alegría la vida que Dios da se les ha convertido en una camisa de fuerza, donde quienes ejercen la ley viven al margen de ella y la misma solo sirve para oprimir a los débiles y a los pobres.
Una mirada actual en nuestra sociedad nos permitiría darnos cuenta de que también entre nosotros seguimos actuando de la misma manera. Las actuales leyes y normas restrictivas solo han servido para atemorizar a la población, mientras con descaro y mal intención quienes ostentan el cumplimiento de las leyes han sido sus más fervientes detractores, utilizándola únicamente para enriquecerse vilmente a partir de los recursos destinados para las mayorías de la población pobre y marginada.
San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses, que escuchamos hoy, nos invita a no dejarnos perturbar ni engañar por quienes buscan atemorizar a la población con información falsa y manipulada para crear ideas equivocadas sobre nuestra realidad y sobre el proyecto de salvación de Dios.
Jesús nos invita a limpiar desde dentro la vida, mediante la práctica de la solidaridad, la justicia, la paz, la fraternidad y el amor de unos por otras. Es a partir de estas acciones, del cuidado cariñoso y fraterno de unos por otras, como una forma de proceder cotidiana, como realmente será agradable nuestro culto a Dios, porque no hay mayor deseo de Dios que el bien del ser humano, que el hombre y la mujer vivan plenamente. De ahí que nosotros y nosotras, como verdaderos cristianos, estamos llamados a una vida desde la práctica del amor efectivo.
No seamos en nuestras vidas “guías ciegos, que colamos el mosquito y nos tragamos el camello”. Empecemos por mirar nuestras conductas diarias en medio de esta crisis, corrijamos nuestros errores, acerquémonos a las víctimas de la discriminación y de la corrupción social, seamos solidarios con su dolor y construyamos una sociedad desde la práctica de la justicia, la misericordia y la fidelidad al proyecto de amor de Dios en medio de nosotras y nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario