miércoles, 26 de agosto de 2020

2020.8.26 - Jesús muestra en toda su vida que Dios Padre es Amor y sólo Amor por nosotros, que su mayor deseo es el bien y la felicidad de todos y cada uno de nosotros. Y que todo lo dispone y nos guía para que crezcamos en ese camino.

 2020.8.26 - Homilia Mt. 23,27 Hay de ustedes, fariseos hipócritas, que van a su ruina.    


El cap. 23 de Mt. recoge unas advertencias muy serias contra la gente más religiosa de su tiempo, los fariseos y los maestros de la ley, que eran fanáticos en la observación y cumplimiento de lo mandado en el A.T. Que pensaban que la Ley era la roca firme que había dado seguridad y orientación a Israel en toda su historia y que en tiempos difíciles como los que estaban pasando, seguía siéndolo. Pero Jesús vino a mostrar que los tiempos de la Ley ya habían llegado a su madurez y era necesario abrirse a la nueva vida del Reino que estaba comenzando. Que había que superar la imagen de un Dios autoritario y juez para descubrir que Dios es ante todo y sobre todo Amor y Misericordia. Y las consecuencias que eso tiene para nosotros, sus hijos. 

    Jesús muestra en toda su vida que Dios Padre es Amor y sólo Amor por nosotros, que su mayor deseo es el bien y la felicidad de todos y cada uno de nosotros. Y que todo lo dispone y nos guía para que crezcamos en ese camino. Incluso la Ley fue dada para ayudarnos a ello. Pero para que lo entendamos correctamente nos comunica su Espíritu en la medida que nos vamos abriendo a Él. Por eso, el domingo pasado, Jesús pregunta a los Apóstoles: ¿quién soy Yo para ustedes?  La respuesta no es cosa de palabras, sino de vida. 

    Los fariseos sólo buscaban seguridad en la Ley: cumplir lo mandado, pero sin abrir el corazón a los hermanos. Jesús nos dice que eso no sirve para nada, es pura hipocresía. Lo que de verdad sirve es el abrirse a la Misericordia y el servicio. Sólo cumpliendo lo mandado, no cambia el mundo; lo que lo cambia es arriesgarse y amar y servir en concreto a los hermanos y a los que necesitan ayuda. Y eso es lo que el Padre, por amor a nosotros, tanto desea y continuamente nos está invitando a hacerlo.

    Por eso, S. Pablo en la carta a los Tesalonicenses nos recuerda la responsabilidad del trabajo: el que no trabaje, que no coma. No se puede vivir a costa del trabajo y el sacrificio de los demás. El trabajo, para conseguir lo necesario para vivir, es obligación de todos en la medida de las posibilidades de cada uno. No hacerlo es arruinar la propia vida. En aquellos tiempos se consideraba que el trabajo material era cosa de esclavos, algo indigno de personas libres. Pero Jesús pasó la mayor parte del tiempo de su vida dedicado al trabajo material, en el campo y en Nazaret. Y lo mismo Pablo, siempre dedicó una parte importante de su tiempo al trabajo humilde para ganarse la comida de cada día. Por eso dedica unas palabras fuertes a los quieren vivir a costa de la comunidad, sin aportar lo que pueden. El amor ha de manifestarse en el servicio que cada quien hace por los hermanos. Y Pablo nos lo propone con el ejemplo de su vida. Para todo cristiano el trabajo concreto bien hecho y el servicio a los hermanos es una forma muy importante de realizar el amor por los demás. No hacerlo es apartarse del camino que nos lleva al Reino.

    las C.e.B.s, en sus reuniones, nos ayudan de descubrir que siempre hay algo que podemos hacer para mejorar un poco la vida de los que más lo necesitan. Algo que aprender de otros, algo que compartir, algo para mejorar nuestra vida y nuestra comunidad. Y dedicando expresamente algo de tiempo y sacrificio, hacerlo realidad con alegría. Es un modo ir cambiando nuestra vida y de avanzar hacia el Reino de Verdad y de Vida, de Justicia y de Paz. Y de ir construyendo un mundo nuevo, que todos deseamos, y que se va haciendo realidad en la medida que avanzamos por el Camino.  En los tiempos que vivimos, aunque las reuniones habituales están muy restringidas, siempre podemos cuidar los contactos con los vecinos y esmerarnos en prestar pequeños servicios que harán más llevaderas las dificultades actuales. María, José y Jesús, siempre lo hicieron con generosidad y alegría. Pidámosles que nos ayuden con su ejemplo y su Espíritu, para que nuestra vida se vea libre de falsedad e hipocresía y sea una vida llena de sabiduría, de Amor, de alegría y de Paz.  Amén.



 

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