En el evangelio (Mt 14,22-36) Elmiedo hace que los discípulos confundan a Jesús con un fantasma. La desconfianza impide que Pedro acompañe Jesús.
Leemos estos textos en el contexto de la crisis sanitaria, económica y social que estamos atravesando.
Durante los 145 días que llevamos desde el inicio de la cuarentena en Honduras constantemente se nos ha estado metiendo miedo del Covid19 aduciendo que es un virus muy letal y altamente contagioso al cual vamos a estar expuestos mientras no exista una vacuna. Se decretó una cuarentena y se cerró la economía para evitar el contagio. Se contrató nueva deuda pública diciendo que era necesaria para hacerle frente a la crisis.
Veamos los resultados de estas medidas. El contagio no solo no se ha reducido, sino que sigue creciendo exponencialmente. Los fondos contratados han sido desviados masivamente por los funcionarios del gobierno encargados de enfrentar la crisis, como ha quedado evidenciado claramente en la compra de los hospitales móviles. Muchos hospitales del país siguen desabastecidos, el personal sanitario está diezmado por el contagio. Cada vez son más y más fuertes las voces que expresan que el tratamiento oficial primario no evita que las personas más vulnerables al Covid19 se compliquen. En general, la población tiene muchísimo miedo y desconfianza. Éstos se expresan en la negativa de la gente a reconocer el contagio por el Covid19 y a asistir a los centros de atención oficial, una brutal discriminación hacia las personas contagiadas, considerar a las otras personas como posibles fuentes de contagio que deben de ser evitadas y de las que se debe guardar la mayor distancia posible. Muchas empresas han cerrado y el desempleo ha crecido dramáticamente. La prometida masiva ayuda gubernamental se sigue dejando esperar. Se ha retomado la reapertura de la economía en medio del crecimiento exponencial de la tasa de contagios.
En medio de esta crisis generada más que por el Covid19 por tanta mentira, por corrupción e impunidad descaradas, por la siembra masiva e intensiva del miedo y de la desconfianza, por la creciente vulnerabilidad económica de la población, cada vez son más las personas que logran superar el miedo al contagio dejando de ver fantasmas por todas partes. Así, empiezan a confiar en que el Covid19 tiene cura si se trata a tiempo y bien, empleando tratamientos alternativos como, por ejemplo, el propuesto por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de antiinflamatorios y antigripales. Cada vez son más las personas que movidas por la compasión atraviesan el muro de la discriminación, atreviéndose a acercarse a las personas contagiadas, a escuchar sus necesidades y a tenderles la mano según sus posibilidades. Cada vez son más las personas que dejando la supuesta seguridad de quedarse en casa se rebuscan la vida para sobrevivir a la crisis. Cada vez son más las personas que librándose del secuestro emocional del miedo y la desconfianza empiezan a organizarse a nivel local asumiendo responsablemente la gestión de la crisis en sus comunidades al margen de los lineamientos oficiales.
En medio de esta crisis sanitaria, económica y social se nos están abriendo los ojos y se nos está aclarando la visión descubriendo que su causa no es el Covid19 sino la manera de tratarlo. Hemos empezado a distinguir las voces de los falsos profetas sembradores de miedo y cultivadores de falsas esperanzas que nos dicen que la única cura del Covid19 es una vacuna inaccesible y que mientras llega debemos aislarnos en nuestras casas. Estamos perdiendo el miedo y la desconfianza. Nos estamos empezando a tratar de manera sencilla y eficaz cuando sentimos los síntomas de la gripe. Dejamos de estar viendo como fantasmas a las personas contagiadas y a las que se nos acercan y nos rodean. Dejamos de ver con desconfianza la cercanía y estamos redescubriendo la importancia de pequeños gestos como compartir una taza de café o un vaso de pinol. Nos estamos atreviendo a asumir el destino de nuestras vidas y el de nuestras comunidades en nuestras propias manos al margen de funcionarios públicos negligentes y corruptos. Tal vez, todavía vacilamos un poco como Pedro, y a veces sentimos que nos hundimos, pero hemos experimentado que es posible caminar sobre al agua de esta crisis tomadas y tomados de la mano de Jesús.

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