viernes, 28 de agosto de 2020

2020.08.28 - Jesús nos anima en la necesidad de saber mantener nuestras lámparas encendidas, para no desanimarnos ni ser sorprendidos por la angustia, la soledad, el egoísmo y la comodidad que nos puede provocar el estar encerrados y aislados de los demás.


2020.08.28 - El evangelio de hoy nos previene en la necesidad de estar preparados frente a la inminencia del Reino de Dios, el cual se nos revela desde la cotidianidad de nuestra vida. La parábola de las jóvenes descuidadas y las previsoras nos confronta en nuestras prácticas cristianas frente a las realidades que nos rodean. Y nos lleva a reflexionar profundamente cómo estamos en medio de esta crisis que nos ha podido mantener adormecidos en el encerramiento y el miedo paralizante. 

Jesús nos anima en la necesidad de saber mantener nuestras lámparas encendidas, para no desanimarnos ni ser sorprendidos por la angustia, la soledad, el egoísmo y la comodidad que nos puede provocar el estar encerrados y aislados de los demás. También nos previene de no dejarnos acostumbrar a las realidades virtuales, que si bien nos ayudan para poder mantenernos en comunicación, no pueden reemplazar la cercanía, la ternura y la necesidad de salir al encuentro con los demás. 

La llegada del novio en la parábola ocurre a la medianoche, cuando el peso del cansancio es mayor y nuestro cuerpo está menos dispuesto para reaccionar. Con esta imagen se nos quiere develar que también en medio de esta situación, después de más de cinco meses de haberse iniciado el bombardeo en los medios de comunicación sobre la pandemia y sus efectos, podemos encontrarnos cansados y habernos ido acostumbrando a una realidad alienada, desde la virtualidad y la lejanía de los demás. Quienes se dejen relajar pueden verse sorprendidos por el desánimo, la desesperación, la angustia y el sinsentido que a la larga puede provocar una vida de aislamiento prolongado. El ser humano ha sido creado en relación total con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, y todas estas áreas son de vital importancia para un desarrollo adecuado de nuestra humanidad y también de nuestro ser cristiano. 

San Pablo nos dice en su primera carta a los Corintios que nosotros predicamos el Evangelio en cuyo centro está la cruz de Cristo, como signo por excelencia de entrega y generosidad del amor de Dios por la humanidad. Pero también como confirmación de un proyecto de amor que sobrepasa todas las fronteras humanas e invita a asumirlo como estilo de vida cotidiano. 

La cruz es signo de escándalo para unos y de necedad para otros, porque confronta los estilos de vida que promueve la sociedad postmoderna desde la comodidad de un clic y la lejanía de las realidades humanas necesitadas de salvación. Para todas y todos que durante este tiempo hemos tenido que utilizar estos medios virtuales, no podemos conformarnos con lo fácil, si no que hemos de ser capaces de asumir el reto de mantener la cercanía con las-los demás, desde los cuidados que debemos tener, pero sabiendo ante todo que frente a toda esta serie de artimañas, el Evangelio nos impulsa a arriesgar la vida por amor, por un amor que es respuesta a un amor primero, que nos desinstala y nos lleva al riesgo del servicio generoso de unas por otros, del cuidado cariñoso y paciente con las y los enfermos. Desde esta lógica el extremo de la cruz nos ubica frente a una realidad distinta a la propuesta por quienes han manipulado esta crisis, porque “la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres. 

Estamos llamadas y llamados a vivir desde la debilidad que se transforma en fortaleza por el amor sin medida de unas por otros y que desenmascara la manipulación realizada por quienes pretenden alejarnos de la fuerza de unidad frente a los escándalos que a diario seguimos descubriendo de quienes se siguen aprovechando de esta crisis. 

Ante esas situaciones no podemos estar dormidos. Hemos de estar despiertos para saber actuar desde la sabiduría de Dios que confunde a los poderosos y sabios de este mundo. Desde la lógica del amor que transforma todas las realidades y nos humaniza y acerca más a los demás y con ellos, a Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario