2020.8.10 - Las lecturas de hoy nos colocan frente al tema de la cosecha que se logra de la tierra. Tanto san Pablo como Jesús en el evangelio ponen de relieve la importancia de ser generosos a la hora de sembrar, para de esa misma manera lograr una cosecha abundante.
En el evangelio Jesús nos asegura que si el grano de trigo no cae en tierra y se deshace, muere, no da frutos, pero si muere, si se entrega libre y generosamente, entonces producirá fruto abundante. Y añade que quien se ama a sí mismo, protegiéndose, encerrándose, se pierde; pero quien se entrega con generosidad y en libertad, asegura su vida, es decir, la vive en plenitud.
En este mismo sentido, san Pablo nos dice que quien poco siembra, cosecha poco, y quien mucho siembra, cosecha mucho. Eso lo podemos ver con facilidad en nuestra parroquia tan dada a las siembras de frijol y maíz. Quienes han sembrado poco, poco han cosechado, quienes sembraron mucho, mucha ha sido su cosecha. Y aún más, son muchos los que comparten desde lo poco o mucho que han cosechado, con aquellos que no tienen, y esta es una gran riqueza.
Cada quien debe dar lo que su corazón le diga y no de mala gana, sino con alegría. En esa generosidad se nos manifiesta expresamente la presencia de Dios.
En medio de esta crisis que enfrentamos, la generosidad y la alegría con la que compartamos nuestra vida y lo que cada uno tenga a su alcance es la oportunidad y a la vez lo que marca la diferencia para lograr una sociedad distinta, más solidaria, fraterna, humana y cristiana. En ello estriba lo de sembrar poco o mucho del evangelio. Son nuestras acciones cotidianas las que nos permiten que nuestra vida sea la semilla que siembre gestos y acciones de bien en medio y frente a quienes nos necesitan, y también frente a quienes egoístamente pretenden guardarse para sí, mediante los actos de corrupción y frente a la discriminación vivida con los enfermos.
De forma que, tenemos frente a nosotras y nosotros la posibilidad de ser sembradores de vida, de esperanza, que mediante los gestos de generosidad, de cercanía, de una vida vivida desde la alegría del amor podamos aportar un estilo de vida y un modo de proceder como lo hizo Jesús, cercano y totalmente humano y con ello construir una sociedad distinta, entonces sí “una nueva normalidad”. O de lo contrario, podemos mantenernos al margen, como lo hacen muchos, guardarse encerrados en sus hogares, protegiéndose de los demás como si fueran enemigos, discriminándoles y agrediéndoles, pensando que nunca les tocará enfermarse y totalmente presos del miedo y la desconfianza. Quienes obren de esa manera, ciertamente están lejos del evangelio y del estilo de vida de Jesús, que ha venido para darnos vida, una vida en total libertad, no aquella que se nos pretende ahogar detrás de una mascarilla y de restricciones mal planificadas, manipuladas y aprovechadas para mantener a la población adormecida y lejos de los temas centrales de nuestra sociedad, como son la corrupción en los estamentos estatales, el incremento desmedido de la canasta básica familiar, la pobreza desmedida, la violencia generalizada y el deterioro del ambiente, cada vez mayor.
De esa forma, podemos elegir ganar la vida, desde la entrega que hagamos cada una-uno, cada día, o podemos seguir buscando preservarla al margen del encuentro con los demás, encerradas, encerrados, mientras la vida se nos pasa por delante. Jesús nos invita a seguir su ejemplo y asumirlo como nuestro.

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