viernes, 1 de mayo de 2020


Homilía 01.05.2020: (Jn 6,52-59), Yoro 

Evangelio San Juan 6,52-59. Viernes 9 de Mayo de 2014 ...

La lectura de los Hechos de los apóstoles nos relata la conversión de San Pablo en el camino de Damasco.
  El evangelio de Juan continúa con el discurso del pan de vida de Jesús que inició con la comida compartida y abundante. Jesús afirma que la vida definitiva depende de la comunión con él, con su cuerpo y con su sangre.
  El camino de esta cuarentena en medio de la crisis sanitaria y económica que estamos viviendo nos da la oportunidad de convertirnos. La conversión que se nos está pidiendo no es tanto una conversión parcial, de nuestros vicios, defectos, debilidades, limitaciones, sino una conversión fundamental: abrirnos al amor de Dios, confiar en él, reconocer su amor, agradecerlo. La conversión que se nos está pidiendo es pasar de la ingratitud a la gratitud.
  Pasar de la ingratitud a la gratitud nos va a permitir pasar del maltrato al cuidado. Nos va a permitir pasar del maltrato de nosotras y nosotros mismos, de las y de los otros, y de nuestra casa común, a auto cuidado, al cuidado de las y los demás, de nuestra casa común. El aprendizaje del verdadero cuidado fruto de la gratitud es una de las grandes oportunidades que nos está brindando esta crisis.
  Pasar de la ingratitud a la gratitud nos va a permitir pasar de la desconfianza a la confianza. Porque Dios nos ama confía en nosotras y nosotros. Confía en que nosotras y nosotros vamos a poder salir de la crisis. Pero para eso debemos de dejar de poner nuestra esperanza en soluciones milagreras o en bolsas de comida, y aplicarnos al trabajo, que será distinto del que estamos acostumbradas y acostumbrados. No hay alternativa a trabajar dura y arduamente para salir adelante en esta crisis. Trabajar también significa organizarnos, confiar en mí y en las y los demás, pero no con los ojos cerrados e ingenuamente, sino lucidamente, con los ojos bien abiertos. Un trabajo organizativo a nivel de barrios, y más allá, va a ser fundamental. Tenemos que trabajar por reconstruir la confianza social que ha sido sistemáticamente saboteada por años de violencia, corrupción, impunidad, mentira, y negligencia, entre otras.
  Pasar de la ingratitud a la gratitud va a permitir, por último, pasar de la codicia a la generosidad, de la acumulación al compartir, del egoísmo a la entrega, en definitiva, de la muerte en vida a la vida más allá de la muerte. La vida definitiva, la vida eterna, no es la supervivencia en esta vida, es más bien, la vida a través de la muerte, es la vida que nada ni nadie me pueden quitar porque yo la entrego libre y generosamente. Resucitar no es volver a la vida, eso sería revivir, resucitar es vivir una vida por la que vale la pena morir, porque esta es la vida que nos permite transcender la muerte, pero no salteándonosla, sino atravesándola, esta es la vida a prueba de muerte, y esto precisamente porque estamos dispuestas y dispuestos a morir por ella. En definitiva, la vida eterna, la vida definitiva, la vida verdadera es la vida que se entrega gratuitamente.
  Y de esto es precisamente de lo que nos está hablando el evangelio el día de hoy. Comulgar con el cuerpo y la sangre de Jesús da vida porque significa hacernos eucaristía. Comulgar con el cuerpo y la sangre de Jesús significa entregar nuestra vida hasta la muerte, comulgar con el cuerpo y la sangre de Jesús significa responder con amor a su amor, significa entregarnos con un amor leal que atraviese la muerte con y como Jesús.
  Y hacer todo esto, dando gracias, agradeciendo el cáliz de la pasión.

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