Homilía (Jn 14,1-6)
Yoro – 2020.05.08

En el
evangelio de Juan que hemos escuchado, Jesús nos invita a no perder la paz y a
mantener nuestra fe en él. Nos promete que donde esté él estaremos también
nosotras y nosotros. Y nos termina diciendo que él es el camino, la verdad y la
vida.
En medio de
esta crisis sanitaria y económica que estamos viviendo es fundamental no perder
la paz y mantener la fe, la confianza en Jesús. Lo que se opone a la fe es el
miedo. Y el miedo nos hace huir, nos hace atacar o nos paraliza. De esta crisis
no vamos a salir huyendo de ella. En primer lugar, porque no tenemos a dónde
huir. Y, en segundo lugar, porque las crisis se superan enfrentándolas, no
huyendo de ellas. Para superar esta crisis vamos a tenerla que enfrentarla de
manera consciente y organizada, como comunidad. Así, por ejemplo, muchas
personas no aceptan que están contagiadas porque tienen miedo a ser
discriminadas o a morir. Así, la persona no va a poder recibir el tratamiento
adecuado y además va a contagiar a muchas otras personas porque no va a querer
guardar la cuarentena necesaria.
De esta
crisis tampoco vamos a salir atacándola, combatiéndola. Lo que tenemos que
aprender a hacer con esta crisis es a escucharla. ¿Qué nos está diciendo? ¿Qué
nos dice sobre nuestro modo de vivir, sobre nuestro modo de organizar la
sociedad? ¿Qué nos dice, por ejemplo, sobre nuestro compromiso? ¿Estamos
comprometidas y comprometidos con alguien o con algo en nuestras vidas? ¿Con
quién o con qué? ¿Vale la pena ese compromiso? ¿Estoy dispuesta y dispuesto a
vivir por él, a morir por él, a entregarme por él? ¿Qué nos dice sobre nuestra
manera de organizar la sociedad? ¿Qué nos dice, por ejemplo, que las brigadas
que llegan a hacer pruebas del virus sean recibidas solo en una de cada 25
casas? ¿Qué nos dice ese nivel de desconfianza en las brigadas médicas? ¿Por
qué vivimos con tanta desconfianza? ¿Qué nos dice sobre nuestra relación con
nuestra casa común que mientras estamos padeciendo esta crisis sanitaria y
económica nuestros bosques no dejan de arder? Para salir de esta crisis tenemos
que aprender a escuchar lo que nos está diciendo y hacer los cambios que
tengamos que hacer, porque de lo contrario, no es difícil imaginar que esta
crisis estará gestando la siguiente.
De esta
crisis tampoco vamos a salir paralizándonos por el miedo. Necesitamos, más
bien, todo lo contrario. Tomar manos en el asunto. Tenemos que aprender a
cuidarnos y a cuidar a las y los demás. Y esto significa, tomar las medidas
necesarias para no contagiarnos, como lavarnos las manos con agua y jabón,
evitar tocarnos los ojos, la nariz y la boca con las manos, estornudar y toser
tapándonos la boca y la nariz con el codo. Esto también significa cuidar a las
y los demás guardando la cuarentena si tengo el virus y cuidarme tratándome
para sanar de la enfermedad. Esto también significa cuidar nuestros bosques y
nuestras fuentes de agua para detener el recalentamiento global que ya estamos
padeciendo.
Lo que nos
va a permitir superar el miedo y confiar en medio de esta crisis es reconocer
la bondad, la generosidad el amor de Dios con nosotras y nosotros y
agradecerlo. Sin gratitud no es posible la confianza. La confianza que
necesitamos no es la que depositamos en los políticos cada vez que nos piden y
les damos el voto. Porque esa confianza es una confianza que empodera a los
políticos al precio de desempoderarnos a nosotras y nosotros mismos. Por poner
un ejemplo, lo que nos va a sacar delante de esta crisis no va ser poner
nuestra confianza en una bolsa de comida que nos van ir a venir a dejar a la
casa, sino ponernos a trabajar con los recursos que tenemos, ya sea haciendo
comida, u ofreciendo otros servicios, cultivando huertos familiares,
organizándonos como comunidad. Por eso es tan importante reconocer y agradecer
todos los bienes que Dios nos ha dado, para poderlos utilizar para enfrentar
esta crisis.
En medio de
esta crisis, Jesús nos recuerda que él es el camino, la verdad y la vida. Que
Jesús sea el camino nos recuerda que hay que caminar, que no podemos detenernos
paralizadas y paralizados por el miedo, la tristeza o el desánimo. Nos recuerda
que lo nuestro es caminar, eso sí, nunca solas ni solos, sino en compañía, en
caravana. Que Jesús sea la verdad nos anima a discernir su voz entre las otras
muchas voces que se escuchan en estos días de crisis que lo que quieren es
engañarnos con falsas promesas y sacar provecho. Finalmente, que Jesús sea la
vida nos invita a vivir y morir con y como vivió y murió Jesús, sirviéndonos,
lavándonos los pies, atendiéndonos en nuestras necesidades unas a otros,
compartiéndonos, compartiendo lo que somos y tenemos unas con otros, y
entregándonos libre, generosa y gratuitamente unas a otros.
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