sábado, 9 de mayo de 2020


Homilía (Jn 14,1-6)
Yoro – 2020.05.08
Camino, Verdad y Vida

  En el evangelio de Juan que hemos escuchado, Jesús nos invita a no perder la paz y a mantener nuestra fe en él. Nos promete que donde esté él estaremos también nosotras y nosotros. Y nos termina diciendo que él es el camino, la verdad y la vida.
  En medio de esta crisis sanitaria y económica que estamos viviendo es fundamental no perder la paz y mantener la fe, la confianza en Jesús. Lo que se opone a la fe es el miedo. Y el miedo nos hace huir, nos hace atacar o nos paraliza. De esta crisis no vamos a salir huyendo de ella. En primer lugar, porque no tenemos a dónde huir. Y, en segundo lugar, porque las crisis se superan enfrentándolas, no huyendo de ellas. Para superar esta crisis vamos a tenerla que enfrentarla de manera consciente y organizada, como comunidad. Así, por ejemplo, muchas personas no aceptan que están contagiadas porque tienen miedo a ser discriminadas o a morir. Así, la persona no va a poder recibir el tratamiento adecuado y además va a contagiar a muchas otras personas porque no va a querer guardar la cuarentena necesaria.
  De esta crisis tampoco vamos a salir atacándola, combatiéndola. Lo que tenemos que aprender a hacer con esta crisis es a escucharla. ¿Qué nos está diciendo? ¿Qué nos dice sobre nuestro modo de vivir, sobre nuestro modo de organizar la sociedad? ¿Qué nos dice, por ejemplo, sobre nuestro compromiso? ¿Estamos comprometidas y comprometidos con alguien o con algo en nuestras vidas? ¿Con quién o con qué? ¿Vale la pena ese compromiso? ¿Estoy dispuesta y dispuesto a vivir por él, a morir por él, a entregarme por él? ¿Qué nos dice sobre nuestra manera de organizar la sociedad? ¿Qué nos dice, por ejemplo, que las brigadas que llegan a hacer pruebas del virus sean recibidas solo en una de cada 25 casas? ¿Qué nos dice ese nivel de desconfianza en las brigadas médicas? ¿Por qué vivimos con tanta desconfianza? ¿Qué nos dice sobre nuestra relación con nuestra casa común que mientras estamos padeciendo esta crisis sanitaria y económica nuestros bosques no dejan de arder? Para salir de esta crisis tenemos que aprender a escuchar lo que nos está diciendo y hacer los cambios que tengamos que hacer, porque de lo contrario, no es difícil imaginar que esta crisis estará gestando la siguiente.
  De esta crisis tampoco vamos a salir paralizándonos por el miedo. Necesitamos, más bien, todo lo contrario. Tomar manos en el asunto. Tenemos que aprender a cuidarnos y a cuidar a las y los demás. Y esto significa, tomar las medidas necesarias para no contagiarnos, como lavarnos las manos con agua y jabón, evitar tocarnos los ojos, la nariz y la boca con las manos, estornudar y toser tapándonos la boca y la nariz con el codo. Esto también significa cuidar a las y los demás guardando la cuarentena si tengo el virus y cuidarme tratándome para sanar de la enfermedad. Esto también significa cuidar nuestros bosques y nuestras fuentes de agua para detener el recalentamiento global que ya estamos padeciendo.
  Lo que nos va a permitir superar el miedo y confiar en medio de esta crisis es reconocer la bondad, la generosidad el amor de Dios con nosotras y nosotros y agradecerlo. Sin gratitud no es posible la confianza. La confianza que necesitamos no es la que depositamos en los políticos cada vez que nos piden y les damos el voto. Porque esa confianza es una confianza que empodera a los políticos al precio de desempoderarnos a nosotras y nosotros mismos. Por poner un ejemplo, lo que nos va a sacar delante de esta crisis no va ser poner nuestra confianza en una bolsa de comida que nos van ir a venir a dejar a la casa, sino ponernos a trabajar con los recursos que tenemos, ya sea haciendo comida, u ofreciendo otros servicios, cultivando huertos familiares, organizándonos como comunidad. Por eso es tan importante reconocer y agradecer todos los bienes que Dios nos ha dado, para poderlos utilizar para enfrentar esta crisis.
  En medio de esta crisis, Jesús nos recuerda que él es el camino, la verdad y la vida. Que Jesús sea el camino nos recuerda que hay que caminar, que no podemos detenernos paralizadas y paralizados por el miedo, la tristeza o el desánimo. Nos recuerda que lo nuestro es caminar, eso sí, nunca solas ni solos, sino en compañía, en caravana. Que Jesús sea la verdad nos anima a discernir su voz entre las otras muchas voces que se escuchan en estos días de crisis que lo que quieren es engañarnos con falsas promesas y sacar provecho. Finalmente, que Jesús sea la vida nos invita a vivir y morir con y como vivió y murió Jesús, sirviéndonos, lavándonos los pies, atendiéndonos en nuestras necesidades unas a otros, compartiéndonos, compartiendo lo que somos y tenemos unas con otros, y entregándonos libre, generosa y gratuitamente unas a otros.

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