miércoles, 13 de mayo de 2020


Homilía 13.05.2020: Miércoles de la quinta semana de Pascua, 13 de Mayo

Juan 15, 1-8 | Misioneros Digitales Católicos MDC

Queridas hermanas y hermanos, las primeras comunidades cristianas vivieron diferentes dificultades por asumir en sus vidas la gran riqueza que contiene la Buena Noticia revelada por Jesús. Su estilo de vida y su forma de proceder para con todas y todos, y una vida en total armonía con la creación exigía un cambio radical de la vida humana, de la imagen divina y de las diversas relaciones de su acontecer, es decir, representaba un cambio de paradigma mediante el cual Jesús no pretendía anular la Ley antigua, sino llevarla a su plenitud en el amor. Esa resultó una ardua tarea que el Espíritu de Dios fue develándole a las comunidades cristianas, paulatinamente, frente a sus marcadas resistencias.
Así nos lo revela el texto de hoy de los Hechos de los Apóstoles, mientras que unos centran su atención en lo más importante que era dar a conocer esa Buena Noticia a todos los pueblos, otros, encerrados en su estrechez de mente y en sus viejas tradiciones, pretendían la Ley por encima de la dinamicidad del Espíritu y por encima del propio ser humano.
Hoy, cuando se habla de volver a “una nueva normalidad” tenemos que ser honestos y responsables frente a nuestra realidad y vislumbrar con determinación y compromiso cuál es esa vuelta que deseamos. ¿Se trata en realidad de una realidad nueva, diferente, que involucre la inclusión de quienes por siglos vienen estando marginadas y marginados de la sociedad; que coloque la dignidad de cada ser humano por encima de intereses egoístas y mezquinos que solo piensan en acumular y aprovecharse de la situación; una realidad nueva, capaz de conservar la naturaleza y desarrollar estilos de vida saludables y en armonía con la creación; una nueva realidad donde seamos responsables en cuidarnos unos de otros frente al peligro presente aún de la epidemia?
O por el contrario, pretendemos mantener las viejas costumbres que nos han llevado a donde estamos, en donde lo que prima por encima de todo es el dinero y el deseo insaciable de consumir y acumular, donde no se respeta la convivencia pacífica y solidaria de todas y todos, donde lo que vale es el color político al que perteneces y no la construcción de una sociedad distinta, inclusiva, solidaria y fraterna.
Si esa “nueva normalidad” que pretendemos no representa un cambio profundo y real de nuestras acciones cotidianas, simplemente terminaremos en más de lo mismo, con unos pocos instalados en el poder, acumulando los recursos de las grandes mayorías que sufren la pobreza y el hambre en medio de esta crisis y en la realidad cotidiana.
Jesús nos invita a construir esa “nueva normalidad” desde nuestra cercanía a Él, porque solo quien permanezca en Él y en su Palabra puede dar frutos, es decir, puede generar una nueva vida, de lo contrario las buenas intenciones, por más que sean, terminarán secándose y quedándose en lo mismo.
Para asumir esa “nueva normalidad” es necesario que seamos sensatos y sensatas y comprendamos que el virus es una realidad que tenemos cada vez más cercano y por tanto, es necesario que cada quien sea responsable consigo mismo-misma y con los demás. Por tanto, si usted presenta los síntomas debe cuidarse, autoaislarse y así evitar la propagación a los demás, esa actitud dará verdaderos frutos de vida, de lo contrario, usted terminará secándose, como señala Jesús, enfermándose y enfermando a los demás. Si se enferma, permita ser atendido y ponga mucho interés y responsabilidad en las medidas necesarias para recuperarse. Jesús resucitado vence a la muerte para darnos vida, vence el miedo para darnos esperanza, no permitamos que la irresponsabilidad y el miedo nos conduzcan a la muerte, más bien apostemos por la vida desde la fe, la esperanza y el cuidado responsable.
Por último, esa “nueva normalidad” exige un cambio de actitudes. No podemos pretender que todo nos caiga del cielo o de quienes quieren aparentar ser los salvadores de esta crisis; es necesario que nos comprometamos con nuestro esfuerzo y trabajo a salir adelante, y que cada uno-una seamos capaces de saber compartir desde lo que tenemos y desde el sabernos agradecidos con el Dios que nos da la posibilidad de construir una sociedad distinta y nueva.
De esa manera, señala Jesús, permaneceremos en Él y en su Palabra, seremos verdaderos discípulos y discípulas suyos y la verdad estará en nosotras y nosotros.
Abramos nuestros corazones y nuestra mente a la posibilidad de una vida nueva, distinta, y empecemos desde nuestro cuidado asumiendo las medidas de salubridad y cuidando de los más vulnerables.
Que Jesús, la vid verdadera, nos ayude a permanecer verdaderamente unidos a Él. Amén.

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