10.05.2020
Homilía 5º domingo de Pascua (Jn 14, 1-2)
Día de
la madre
Yoro

El
evangelio de Juan que escuchamos nos invita a no perder la paz porque donde
esté Jesús ahí estaremos también nosotras y nosotros. Más aún, Jesús es camino,
verdad y vida. Jesús nos revela al Padre. Quien crea en él hará las obras que
él hace y aún mayores.
El contexto
de este evangelio es el de la última cena, el del amor leal: ponerse a los pies
unas de otros y lavárselos sin excluir a nadie, tampoco al traidor, ni a los
que lo niegan por temor.
El contexto
en el que nosotras y nosotros leemos este evangelio es del crecimiento
exponencial de la curva de contagios der Covid19, la profundización de la
crisis económica, la negativa a reconocer el contagio en una uno mismo, la
discriminación y estigmatización de las personas contagiadas, y, muy
especialmente, la celebración del Día de la Madre.
En este
contexto Jesús nos invita a no perder la paz, esto es, a no dejarnos dominar
por el miedo ni la desconfianza. Y por paradójico que parezca, algo que nos
puede ayudar a no perder la paz en este contexto es la verdad, reconocer la
verdad. Aunque puede ser que la curva exponencial de contagios nos dé miedo,
tenemos que saber que el Covid19 bien tratado con anti inflamatorios, y
eventualmente, antibióticos y antiagregantes plaquetarios se cura. Pero para
tratarlo bien, es fundamental tanto reconocer a tiempo sus síntomas, como
recibir el tratamiento adecuado. Y algo que muchas veces no nos permite
reconocer los síntomas es la falsa creencia de que si los tengo me voy a morir.
El tiempo que ha transcurrido entre el surgimiento del virus y hoy ha permitido
diseñar esquemas de manejo sencillos y eficaces para tratarlo. Entonces una
primera verdad que nos va a hacer libres es creer que el Covid19 tiene cura y
que esta cura es sencilla si se procede a tiempo evitando complicaciones.
Reconocer que me contagié, en caso que así sea, también es fundamental para
auto aislarme y no contagiar a otras ni a otros, comenzando por mi propia
familia. Nuevamente, aquí la verdad nos va a permitir reducir al máximo el
número de contagios cuidando de las y los demás. Otra verdad fundamental que
nos va a ayudar a recorrer este camino de la crisis sanitaria es reconocer que
por muy enferma que esté una persona, jamás deja de ser hija de Dios y hermana
nuestra, y por eso mismo es fundamental tratarla como tal. Si bien es cierto
que es muy importante que la persona contagiada se aísle, tan importante es
también no discriminarla, sino acogerla y atenderla con todo el cuidado
necesario, porque es precisamente en esa condición que más necesita de nosotras
y nosotros. La otra verdad, pues, que nos va a hacer libres y que nos va a
permitir caminar a través de esta crisis sanitaria es la solidaridad con las
personas contagiadas.
Dicho,
pues, con otras palabras, lo que nos va a ayudar a caminar en medio y a través
de esta crisis sanitaria y económica que estamos viviendo es el amor leal: un
amor lúcido que nos permita reconocer la verdad; un amor servicial que nos haga
ponernos a los pies unas de otros y servirnos en nuestras necesidades; y, un
amor incluyente en el que todas y todos, especialmente, las y los contagiados
tengan no solo cabida sino incluso un lugar privilegiado.
Haciendo
esto vamos a confesar con nuestras vidas que hay camino en esta crisis, y que
se puede atravesar, que el reconocimiento de la verdad nos va a dar la libertad
para recorrerlo, y que la vida que vale la pena es la que se entrega fruto de
un amor leal. Haciendo esto vamos, pues, a confesar que Jesús es el camino, la
verdad y la vida no a pesar, sino precisamente, en medio de esta crisis
sanitaria y económica. Y esto nos va a permitir transitar este camino en paz y
nos va a disponer a realizar aquellas obras -tal vez incluso mayores que las
suyas – que nos exige la situación actual, y que van a ser las que nos van a
permitir afrontar y superar esta crisis.
La
experiencia más cercana del amor leal necesario que exige esta crisis, es el
amor de las madres. Ustedes mamás nos conocen a sus hijas e hijos desde el
momento de nuestra concepción, saben como nadie quiénes somos. Ustedes mamás
nos han servido desde el momento de nuestra concepción acogiéndonos en su seno,
nutriéndonos, dándonos un hogar, cuidándonos, ayudándonos a crecer,
proveyéndonos en nuestras necesidades, sirviéndonos a la mesa, estando siempre
a nuestro lado. Ustedes mamás nos han acogido siempre, jamás nos han volteado
la cara, ni nos han dado la espalda, ustedes siempre nos han acogido así como
somos, porque al vernos con amor ven nuestro fondo más profundo y descubren a
Dios en él.
Gracias,
Madres, por su amor. Hoy, más que nunca necesitamos de ustedes y de su amor, porque
solo un amor como el suyo nos va a permitir recorrer en paz el camino de esta
crisis y atravesarlo.
¡Feliz día,
Madres!
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