miércoles, 27 de mayo de 2020

25.05.2020 Lunes de la séptima semana de pascua.
Juan 16, 29-33 | Misioneros Digitales Católicos MDC
Queridas hermanas y hermanos, hemos entrado en la última semana de la pascua y con la fiesta de la Ascensión celebrada ayer domingo las lecturas de esta semana nos preparan para la gran solemnidad de Pentecostés: la venida del Espíritu Santo que celebraremos el próximo domingo.
Las lecturas de esta semana en los Hechos de los apóstoles nos irán relatando como esa presencia del Espíritu del resucitado se hace presente en las nuevas comunidades cristianas que van conformando la Iglesia. Jesús continúa cerca a sus discípulos y discípulas en esa presencia-ausencia que es reafirmada y confirmada por el Espíritu del Padre que consuela, defiende, anima y va gestando las comunidades de las cristianas y cristianos, seguidoras y seguidores del Señor.
Por tanto, las lecturas que escucharemos esta semana nos estarán preparando para celebrar con alegría la presencia del Espíritu de Dios en nuestras vidas.
Jesús parte de la realidad cristiana de que ser verdaderos discípulos y discípulas de Jesús es asumir un camino de testimonio y por ende su traducción en martirio. Por eso nos advierte que los verdaderos discípulos y discípulas hemos de tener tribulaciones en el mundo, porque Él también las tuvo y porque su proyecto del Reino de Dios se enmarca en realidades de justicia, paz, solidaridad y fraternidad, y esos no son valores que promueva el mundo. El mundo por su parte promueve la exclusión, la comodidad, el aislamiento y el individualismo egoísta; eso lo hemos podido observar con total claridad en esta crisis. Las indicaciones que en todo momento se nos dan es aíslese, mantenga la distancia, evite todo contacto, el virus mata. No son esos mensajes totalmente contrarios a la presencia-ausencia de Jesús y de su Espíritu en nosotras y nosotros. ¿Acaso no es mejor hablar en términos positivos a las gente, desde la responsabilidad y el cuidado que cada uno-una debemos tener y de esa manera saber afrontar la enfermedad apoyándonos unos a otros?
Jesús tuvo esa misma experiencia en su pasión, y por eso en el Evangelio de hoy les dice con total claridad a sus discípulos y discípulas, y nos lo dice a nosotras y nosotros también: “Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre estará conmigo” (Jn 16,32). ¿Cuántos hermanos y hermanas se han sentido discriminados por los miembros de la misma comunidad cristiana al saber que están infectados?, ¿hemos sido nosotros-nosotras de esos que les encanta señalar a los demás? El Espíritu de Jesús viene a denunciar y a corregir ese tipo de actitudes, de lo contrario no hemos de ser verdaderas cristianas y cristianos ni el Espíritu de Dios habita en nosotras y nosotros.
Ante quienes sufren Jesús nos dice: “Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí (…) tengan valor, porque yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). El mensaje de Jesús resucitado en todo momento es el deseo de la paz, paz en nuestras vidas, paz en medio de nosotras y nosotros; y la paz es fruto de la justicia (Gaudium et spes #78). Por eso les animo en todo momento a mantener la paz que brota de la presencia de Jesús resucitado junto a nosotras y nosotros mediante la fuerza de su Espíritu.
Esa fuerza del Espíritu es la que estuvo presente en los primeros relatos de los cristianos y cristianas y les movió al arrepentimiento de sus malas conductas y a creer en Jesús y querer vivir desde los valores del reinado de Dios. Por eso el Espíritu les inspira a hablar nuevas lenguas y a profetizar. También nosotras y nosotros estamos llamadas y llamados a hablar en ese nuevo lenguaje del Espíritu que se traduce en amor, desde nuestra actitud para con todas y todos, sobre todo los que están sufriendo más en medio de esta crisis. Debemos profetizar nuevos tiempos construidos sobre las actitudes antes citadas de cuidado y responsabilidad entre unos y otras, y sobre todo desde la cercanía en medio de esa presencia-ausencia, cercanía-distancia que debemos vivir.
Hermanas y hermanos, la preparación para la solemnidad de Pentecostés nos reta a continuar impulsando una nueva vida con nuevas actitudes y nuevas acciones que nos lleven a vivir más responsablemente y comprometido nuestro ser cristiano. El mundo necesita de testigos, como nos dice un canto: “Somos testigos de la resurrección, Él está aquí, está presente es vida y es verdad. Somos testigos de la resurrección, él está aquí, su Espíritu nos mueve para amar”.
Dejemos que ese amor puesto es obras sea el motor que nos ayude a prepararnos adecuadamente para seguir haciendo presente entre nosotras y

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