sábado, 30 de mayo de 2020

29.05.2020 Homilía : Último viernes de pascua.
Los amigos de Jesús
“Al atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor” (San Juan De La Cruz). Jesús no solo ama durante su vida hasta el extremo en la cruz, sino que aún después de su resurrección quiere enseñarles a sus discípulos que el amor es la única puerta de entrada a la comunión con Él y con el Padre en el Espíritu.
El evangelio de Juan coloca como colofón de su texto la triple pregunta sobre el amor hecha a Pedro, el que ha de pastorear a las ovejas de Jesús: ¿Me amas?, ¿alguna vez nos han hecho esta pregunta o se lo hemos preguntado a alguien?
Las respuestas a esta pregunta pueden ser muy rápidas y poco comprometidas, como las de Pedro con Jesús. El texto griego coloca en las dos primeras preguntas sobre el amor en Jesús la pregunta por el amor “ágape”: un amor sin límites, oblativo, entregado, apasionado, hasta el extremo de dar la vida. Pedro sin embargo, responde con un amor “filia”, es decir, fraterno, amigable, el amor de los amigos. Jesús invita a Pedro a un amor total, busca de él una respuesta comprometida con este proyecto del Reino de Dios cuyo fundamento es el amor sin medidas. Pedro por su parte aún no es capaz de asumir tal compromiso, prefiere mantener un amor de amigos, pero sin un compromiso total.
Ante las dos primeras respuestas de Pedro, Jesús entonces le interroga desde su misma posición, desde el amor de la amistad, pero una amistad profunda, verdadera, sin titubeos y sobre todo aquella que se muestra cuando más se necesita. Pedro se entristece porque se descubre desnudo frente al Señor; recuerda su triple negación en la Pasión y ahora se ve tres veces cuestionado desde el amor y solo amor de Jesús. Su respuesta expresa el total abandono y confianza en Jesús: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús conoce sus flaquezas, sus debilidades, sus miedos, y por encima de ello le demuestra que él le ama. También a nosotras y nosotros nos dice lo mismo, sin importar nuestras debilidades o egoísmos, también quiere hacernos partícipes de ese amor que sana y libera, y que nos hace más humanos y hermanos. Hoy en día ese amor se muestra en gestos concretos de solidaridad con los que más sufren en esta crisis: con los enfermos que son discriminados, con los adultos mayores a veces incomodados, con los pobres ignorados en su pobreza y en su total exclusión a las posibilidades de autoaislamiento frente a la enfermedad o utilizados burlescamente frente a sus necesidades alimentarias, con muchas y muchos que sufren esta crisis en soledad, desempleo, estrés, hambre. Ante todos ellos resuena la pregunta de Jesús para nosotras y nosotros: ¿me amas?
Por encima de la respuesta de Pedro, Jesús no deja de amarle y, porque le ama y le conoce tal como es, le encarga la misión de pastorear sus ovejas. Es necesario experimentar ese amor sanador de Jesús, pues solo quien se ha sabido amado-amada tal como es, puede dar a los demás ese mismo amor. De lo contrario se quedaría en un bonito cuento, o en corazoncitos flechados.
En este tiempo se nos ha puesto a prueba el amor que nos tenemos unos a otras, en las familias, entre los amigos, en las pequeñas comunidades, en la Iglesia. Frente a la enfermedad que se puede presentar resuena la pregunta de Jesús: ¿me amas?, la respuesta no puede ser a la ligera, para no quedar entristecidos, como Pedro, ante la realidad de nuestras acciones. Debemos dejar más bien hablar a nuestros gestos, a nuestras actitudes y así realmente podremos ser transparentes y responder a nuestras hermanas y hermanos como Pedro respondió a Jesús: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”.
Tanto Pablo en la primera lectura de hoy, como Pedro, supieron dejarse amar por Jesús, más que pretender ellos amarle y fue ese amor incondicional el que les empujó a ser verdaderos testigos del Resucitado en medio de las situaciones más difíciles, como Pablo frente a las autoridades romanas o como lo haría también Pedro ante su muerte.
Jesús termina su diálogo con Pedro confirmando su llamada a seguirle, a hacer vida esa experiencia de salvación y de amor que ha vivido con él, y partiendo de ese amor incondicional, a confirmar en la fe en el Dios amor, la vida cristiana de las pequeñas comunidades.
En las vísperas de la celebración de Pentecostés pidámosle al Señor que nos confirme en el amor de su Espíritu para saber responder frente a la necesidad de los cercanos y los lejanos que en este tiempo necesitan de nuestra cercanía y más que nunca de nuestra amistad.
Que María, nuestra madre nos acompañe como acompañó la vida de los dis

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