20.05.2020 Homilía Jn.16, 13 El Espíritu los guiará hasta la Verdad
plena C.S. 892

Vamos
avanzando hacia la experiencia de Pentecostés y el Señor nos va guiando paso a
paso. En el Evangelio de hoy Jesús comienza diciendo a los discípulos: “Aún
tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender”. Él
quiere revelarnos todo el Amor con que nos ama, quiere comunicarnos toda su
Vida, pero se encuentra con que nosotros “todavía no podemos comprender
suficientemente”. Vamos aumentando nuestra capacidad de amar, pero poco a poco.
Como un niño pequeño al que su madre quiere mucho, pero él todavía no puede
comprender mucho de lo que su madre hace por él. Se siente amado, cuidado,
protegido, pero su madre todavía no puede hacerle comprender muchas cosas, porque
todavía no tiene capacidad para ello.
Ser
cristiano es avanzar en el camino de conocer y vivir la Vida de Dios. Jesús
decía: “la Vida eterna es conocer, experimentar la Vida de Dios en nosotros”.
No es un conocimiento intelectual, de conceptos o palabras, sino un
conocimiento vivencial, arraigado en lo hondo del corazón. Algo así como el que
experimenta una pareja o unos amigos que se quieren de verdad. Tal vez no
pueden explicar con muchas palabras lo que sienten y viven el uno por el otro.
Pero sí sienten con toda claridad que se aman, que pueden confiar el uno en el
otro totalmente, que se pueden sacrificar el uno por el otro hasta entregar la
vida y todo lo más valioso que tienen cada uno. Y que esa entrega y sacrificio
no cuesta, porque se hace con alegría y total libertad. Más aún, cada uno está
deseando entregarse más y más, sin límite, sin medida. Y en la entrega
encuentra cada uno su felicidad y hace feliz al otro.
Esa
realidad casi no se puede expresar en meras palabras o conceptos, sino más bien
en la poesía, en el canto o con gestos y comparaciones. Por eso en la Biblia
hay tanto lenguaje poético, vivencial o figurado. Por eso Jesús hablaba tanto
en parábolas y en historias imaginadas, que comunicaban grandes verdades, pero
que no las decía para que se entendieran al pie de la letra. Por eso
interpretar la Biblia literalmente es el error fundamental que impide entender
lo que Jesús nos quiere decir. Era el fallo radical de muchos judíos, que
escuchaban las Palabras de Jesús de ese modo y “por más que oían, no entendían”
y “por más que miraban, no veían”. Como le ocurrió a Saulo, un gran maestro de
la Ley, que se sabía de memoria gran parte de la Biblia y podía discutir con
autoridad con cualquiera, pero que andaba como ciego, hasta que el Señor le
iluminó por medio de Ananías.
Algo
así nos puede ocurrir a nosotros, como les ocurría a los discípulos. “Todavía
no las pueden comprender”, no las pueden aceptar. Lo que acabamos de proclamar
es parte del discurso de la Última Cena, cuando a Jesús le quedan pocas horas
de esta vida mortal. Y Jesús les dirige sus últimas palabras, su “testamento”,
aun dándose cuenta que casi no lo entienden. Pero les promete: el Espíritu que
yo les voy a enviar les iluminará todo lo que les estoy diciendo. El Espíritu
es el que nos acompaña en nuestro caminar.
Ese
Espíritu lo recibimos en la Iglesia, en la Comunidad. Es necesario vivir en
comunidad, ya que el amor sólo se manifiesta en la vida de las personas
concretas. El amor necesita encarnarse en obras concretas entre personas
concretas. “Obras son amores y no buenas razones” dice el refrán. Jesús
necesitó encarnarse en María y vivir en Nazareth para mostrar su amor por los
pobres y los marginados. Y ahora nos
necesita a nosotros para que seamos testigos de su amor por todos nosotros,
incluso por los despreciados y alejados, incluso por los enemigos.
La
vida espiritual es camino. Jesús nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la
Vida”. No es sólo estar juntos, sino caminar juntos, avanzar ayudándonos unos a
otros, como el pueblo de Israel en el desierto. Al caminar juntos vamos
descubriendo que somos distintos, que tenemos distintas cualidades, pero que
todos dependemos unos de otros. Todos somos necesarios, pero cada quien tiene
sus carismas y habilidades. Aprendemos a cuidarnos unos a otros, a velar por
los más débiles, a cuidar de los enfermos, a ayudarnos unos a otros y
defendernos en los peligros. Y todo ello guiados por el Señor, por su Palabra
que nos orienta y nos dirige.
Yo
creo que esta crisis del Covid 19 está siendo una oportunidad de reorientar
nuestras vidas en todo el mundo y en todas las personas. Una oportunidad para
hacernos más solidarios, más hermanos. Más conscientes de nuestra dependencia
mutua. Más humildes y más sensibles a las necesidades de otros y a nuestra
fragilidad individual y colectiva. Más conscientes de que la soberbia y la
arrogancia no dan vida, no humanizan ni dan felicidad, sino que nos destruyen. Y que necesitamos dejarnos guiar por el
espíritu del servicio, el respeto, el sacrificio por los demás, que es lo que
nos ayudará a salir adelante, dejarnos guiar por el Espiritu Santo, que nunca
nos abandonará. Pidámosle al Señor y a su Madre María que nos sigan acompañando
y orientando con su sabiduría, su amor y su misericordia. Amén.
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