jueves, 7 de mayo de 2020


07.05.2020 Homilía: Jn. 13, 17 Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán felices.  C.S.
Juan 13,16-20 | Misioneros Digitales Católicos MDC
                 El cap. 13 de S. Jn. comienza con el relato del “Lavatorio de los pies” y a continuación vienen los versículos que acabamos de proclamar. El versículo 17 nos dice: “Si entienden bien esto y lo ponen en práctica, serán felices”. Nos habla de entender bien. Jesús ha realizado, sin hablar nada, un gesto que es una revelación importantísima: En mitad de la Cena, la Última Cena, comienza el cumplimiento de la Promesa, de la Obra de Jesús. Y Jesús lo centra en un gesto, aparentemente sin gran importancia, pero que, si lo entendemos bien, será la base de nuestra felicidad.
                  Lavar los pies es hincarse delante de unos hombres para prestarles un servicio que habitualmente sólo lo realizaba algún sirviente sin importancia, nunca el jefe de familia. Un servicio humilde, vulgar. Pero efectivo, el que lo recibía inmediatamente sentía un alivio de su cansancio, muy sencillo pero agradable y placentero. Y era algo que cualquiera puede realizar, si está libre de orgullo y arrogancia.
                “Entender bien” significa captar que la base del amor verdadero es el servicio sincero a los hermanos, buscando su bien ser y bien estar. Que la Vida verdadera está hecha de multitud de pequeños (o grandes) actos de servicio en los que se concretan las actitudes de respeto, cariño, aprecio y ayuda a los demás. Que no hay amor donde no de dan estos actos. El amor comienza en lo pequeño y va creciendo en actos y decisiones cada vez más profundas y trascendentales. Jesús comenzó pequeño y humilde en Belén y terminó en la Cruz. “Entender bien” significa también que en cosas de amor, no hay cosas pequeñas, despreciables, como decía Sta. Teresa. Para quien ama todo es importante y se hace con cuidado y esmero. Todo se va convirtiendo en una “obra de arte”.
                “Entender bien” significa también que el amor supone sacrificio, trabajo. No hay cosa valiosa que no cueste. “De lo que no cuesta, se hace fiesta”, no se aprecia. Algo que ha costado esfuerzo, trabajo, se aprecia. Cuando uno se ha sacrificado seriamente por algo o por alguien, lo aprecia mucho.  “Esto me ha costado mucho”, decimos para expresar que lo valoramos mucho. Cuando una madre ha tenido que sacrificarse mucho por su hijo, dice: “este hijo me ha costado mucho, por eso lo quiero tanto”.  Jesús mostró su amor por nosotros naciendo en Belén y entregándose a la muerte en la Cruz.
                “Entender bien”, es darse cuenta que el amor ha de ser afectivo pero también efectivo, manifestarse en los efectos materiales, “en las obras”, como nos repite Jesús en S. Jn. y en Sant. Sin obras, el amor es falso, vacío. Jesús manifestó su amor por nosotros acercándose a los enfermos, los despreciados, los marginados. Y sanándoles, confortándoles, acogiéndoles. Mostrándonos que el amor necesariamente ha de tener efectos positivos para el amado.
                Y Jesús nos hace una promesa, la gran Promesa: “Si lo ponen en práctica, serán felices, serán dichosos”. Hacerlo nos lleva a la plenitud de la felicidad que nace del corazón. Esa felicidad que todos deseamos, el tesoro que todos buscamos. Toda persona siente en su corazón ese deseo de felicidad profunda, auténtica. Los ídolos del mundo moderno nos ofrecen felicidad: el poder, el dinero, el consumismo, el placer caprichoso,… Lo ofrecen, pero nos engañan, nos mienten, no nos lo dan, ni nos lo pueden dar. Dejarnos encandilar por ellos lleva a las peleas, las violencias, las injusticias, la opresión, los robos, los fraudes, la enfermedad, la angustia, el terror, etc. En cambio, el seguir a Jesús sirviendo a los hermanos, trae la paz, la alegría, la seguridad, la felicidad y el progreso verdaderos. Y eso lo vamos descubriendo cuando lo vamos “poniendo en práctica”, como lo hizo Jesús. Él no nos engaña, lo puso en práctica y eso lo llevó a la plenitud de la Vida y la alegría eterna.  Los santos son hombres y mujeres que han creído en Él, lo han experimentado en profundidad, en verdad y han alcanzado esa Vida.
                Esta gran crisis que estamos viviendo es una ocasión magnífica de entregarnos al camino del Señor, el camino del servicio humilde, sincero y eficaz, dejando de lado toda arrogancia, orgullo, egoísmo, codicia y falsedad. Y experimentar que en el cuidado de unos por otros, en la entrega solidaria y eficaz, en el trabajo y en el servicio sincero y eficiente, está la vida, la esperanza, la luz.
                Esta crisis nos está haciendo más pobres, más austeros, más solidarios, más sencillos, más justos. Y menos arrogantes, menos orgullosos, menos prepotentes, menos mentirosos, menos falsos. En una palabra, más humanos, más hermanos, y con ello más felices. Sólo es necesario “poner en práctica” lo que Jesús y tantos hermanos han vivido antes que nosotros y lo siguen viviendo ahora. Pidámosle al Señor que Él nos siga comunicando su Espíritu, nos abra el entendimiento y el corazón para que podamos entender estas cosas y nos fortalezca la voluntad para ponerlas en práctica y así alcanzar la felicidad que nos ofrece. Que nuestra Madre, María nos acompañe como lo acompañó a Él desde Belén hasta el Calvario y en la Resurrección.  Amén.

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