07.05.2020 Homilía: Jn. 13, 17 Si entienden esto y lo ponen en práctica,
serán felices. C.S.
Lavar los pies es hincarse delante de unos
hombres para prestarles un servicio que habitualmente sólo lo realizaba algún
sirviente sin importancia, nunca el jefe de familia. Un servicio humilde,
vulgar. Pero efectivo, el que lo recibía inmediatamente sentía un alivio de su
cansancio, muy sencillo pero agradable y placentero. Y era algo que cualquiera
puede realizar, si está libre de orgullo y arrogancia.
“Entender bien” significa captar que la base del amor
verdadero es el servicio sincero a los hermanos, buscando su bien ser y bien
estar. Que la Vida verdadera está hecha de multitud de pequeños (o grandes)
actos de servicio en los que se concretan las actitudes de respeto, cariño,
aprecio y ayuda a los demás. Que no hay amor donde no de dan estos actos. El
amor comienza en lo pequeño y va creciendo en actos y decisiones cada vez más
profundas y trascendentales. Jesús comenzó pequeño y humilde en Belén y terminó
en la Cruz. “Entender bien” significa también que en cosas de amor, no hay
cosas pequeñas, despreciables, como decía Sta. Teresa. Para quien ama todo es
importante y se hace con cuidado y esmero. Todo se va convirtiendo en una “obra
de arte”.
“Entender bien” significa también que el amor supone
sacrificio, trabajo. No hay cosa valiosa que no cueste. “De lo que no cuesta,
se hace fiesta”, no se aprecia. Algo que ha costado esfuerzo, trabajo, se
aprecia. Cuando uno se ha sacrificado seriamente por algo o por alguien, lo
aprecia mucho. “Esto me ha costado mucho”,
decimos para expresar que lo valoramos mucho. Cuando una madre ha tenido que
sacrificarse mucho por su hijo, dice: “este hijo me ha costado mucho, por eso
lo quiero tanto”. Jesús mostró su amor
por nosotros naciendo en Belén y entregándose a la muerte en la Cruz.
“Entender bien”, es darse cuenta que el amor ha de
ser afectivo pero también efectivo, manifestarse en los efectos materiales, “en
las obras”, como nos repite Jesús en S. Jn. y en Sant. Sin obras, el amor es
falso, vacío. Jesús manifestó su amor por nosotros acercándose a los enfermos,
los despreciados, los marginados. Y sanándoles, confortándoles, acogiéndoles.
Mostrándonos que el amor necesariamente ha de tener efectos positivos para el
amado.
Y Jesús nos hace una promesa, la gran Promesa: “Si lo
ponen en práctica, serán felices, serán dichosos”. Hacerlo nos lleva a la
plenitud de la felicidad que nace del corazón. Esa felicidad que todos
deseamos, el tesoro que todos buscamos. Toda persona siente en su corazón ese
deseo de felicidad profunda, auténtica. Los ídolos del mundo moderno nos
ofrecen felicidad: el poder, el dinero, el consumismo, el placer caprichoso,…
Lo ofrecen, pero nos engañan, nos mienten, no nos lo dan, ni nos lo pueden dar.
Dejarnos encandilar por ellos lleva a las peleas, las violencias, las
injusticias, la opresión, los robos, los fraudes, la enfermedad, la angustia,
el terror, etc. En cambio, el seguir a Jesús sirviendo a los hermanos, trae la
paz, la alegría, la seguridad, la felicidad y el progreso verdaderos. Y eso lo
vamos descubriendo cuando lo vamos “poniendo en práctica”, como lo hizo Jesús.
Él no nos engaña, lo puso en práctica y eso lo llevó a la plenitud de la Vida y
la alegría eterna. Los santos son
hombres y mujeres que han creído en Él, lo han experimentado en profundidad, en
verdad y han alcanzado esa Vida.
Esta gran crisis que estamos viviendo es una ocasión
magnífica de entregarnos al camino del Señor, el camino del servicio humilde,
sincero y eficaz, dejando de lado toda arrogancia, orgullo, egoísmo, codicia y
falsedad. Y experimentar que en el cuidado de unos por otros, en la entrega
solidaria y eficaz, en el trabajo y en el servicio sincero y eficiente, está la
vida, la esperanza, la luz.
Esta crisis nos está haciendo más pobres, más
austeros, más solidarios, más sencillos, más justos. Y menos arrogantes, menos
orgullosos, menos prepotentes, menos mentirosos, menos falsos. En una palabra,
más humanos, más hermanos, y con ello más felices. Sólo es necesario “poner en
práctica” lo que Jesús y tantos hermanos han vivido antes que nosotros y lo
siguen viviendo ahora. Pidámosle al Señor que Él nos siga comunicando su
Espíritu, nos abra el entendimiento y el corazón para que podamos entender
estas cosas y nos fortalezca la voluntad para ponerlas en práctica y así
alcanzar la felicidad que nos ofrece. Que nuestra Madre, María nos acompañe
como lo acompañó a Él desde Belén hasta el Calvario y en la Resurrección. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario