2020.6.30 - En el evangelio de Mateo (Mt 8,23-27) se nos relata como los discípulos despiertan a Jesús asustados en medio de una tormenta. Jesús les hace caer en la cuenta de su miedo y los invita a tener fe. Sobreviene la calma.
La tormenta que experimentaron los discípulos en la barca nos remite a la crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo. Como ellos, también nosotras y nosotros tenemos miedo. Tenemos miedo a contagiarnos, y esto porque creemos falsamente que contagiarnos es morirnos. Las estadísticas que nos presentan día a día sobre el aumento de los contagios aumentan nuestro miedo. Les tenemos miedo a las personas contagiadas, y por eso las sometemos a una brutal discriminación social. Le tenemos miedo a los hospitales, porque creemos que ahí nos van a contagiar. Les tenemos miedo a las brigadas médicas, escondemos a nuestras hijas e hijos, y, a veces, hasta los insultamos, amenazamos y les cerramos el paso. Nos tenemos miedo las unas a los otros porque vemos en las y los otros fuentes de contagio potenciales. Nos sentimos indefensas e indefensos frente al Covid19, y además, aisladas, recluidos en nuestras casas, inhabilitadas muchas veces para trabajar, obsesionados por no contagiarnos. Nos da miedo la falta de recursos económicos provocada por el desempleo y el descenso de las remesas familiares. Para colmo de males, la política de distanciamiento social no ha hecho sino reforzar y profundizar una desconfianza cultivada durante años por las altas tasas de criminalidad, corrupción e impunidad. Y aunque reconocemos la corrupción descarada que ha campeado durante esta crisis, y los efectos desastrosos del manejo que se ha hecho de ella, tenemos miedo a ensayar caminos alternativos a los propuestos oficialmente sometiéndonos muchas veces por el miedo mismo a las mismas personas que nos han estado secuestrando ya antes y durante esta crisis.
En este contexto, Jesús nos invita a recuperar la confianza, a tener fe. El Covid19 es una gripe, seria porque puede causar la muerte, pero que tratada a tiempo y con ibuprofeno y antigripal como propone la Dra. María Eugenia Barrientos no causa mayores complicaciones. Jesús nos invita a no perder nuestra humanidad en esta crisis, a ver en la persona contagiada a una hija de Dios necesitada de que le tendamos nuestra mano, tanto apoyándola con alimentos como haciéndole sentir que pertenece, que como hija de Dios es nuestra hermana y que no la vamos a dejar sola, que no la vamos a abandonar, que no la vamos a excluir, que es una de las nuestras y que puede contar con nosotras y nosotros. Así el contagio puede convertirse en una bella oportunidad para ir reconstruyendo la confianza entre nosotras y nosotros, al permitirnos acercarnos, escucharnos, dejarnos conmover y tendernos y estrecharnos las manos, a permitirnos irnos volviendo a hacer prójimas y prójimos unas de otros. Jesús nos invita a perder el miedo aprendiendo a cuidarnos y a cuidar a las y los demás con medidas tan sencillas como: lavarnos las manos; evitar estar tocándonos la cara y metiéndonos los dedos en la boca, nariz y ojos; estornudar y toser tapándonos la boca y nariz con el pliego interno del codo; tratarnos y guardarnos en casa si tenemos síntomas de gripe. Jesús nos invita a recuperar la confianza en nosotras y nosotros mismos, haciéndonos cargo de nuestras propias vidas y cuidando de las ajenas y de nuestra casa común, recuperando la vida familiar, fomentando la solidaridad entre vecinas y vecinos, sirviéndonos en nuestras necesidades, compartiendo en la medida de nuestras posibilidades lo que somos y tenemos, entregándonos libre y generosamente a las tareas que van surgiendo, y todo esto, desde ahora, desde abajo, desde nosotras y nosotros mismos.
Recuperar la paz está en nuestras manos si confiamos que Jesús está en nuestra barca y nos acompaña, que nunca dejamos de estar en las manos amorosas de nuestro Padre-Madre, y que nos ha entregado su Espíritu porque sentimos discreta pero certeramente que desde lo más hondo nuestro se va despertando un amor que responde al Suyo. Así, recuperemos la calma y hagamos que la travesía a través de esta crisis sanitaria, social y económica se convierta en una oportunidad para que se manifieste la gloria de Dios.

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