2020.6.27- La lectura del libro de las Lamentaciones (Lam 2,2.10.14.18-19) que acabamos de escuchar describe la situación dolorosa en la que se encuentra el pueblo luego de la destrucción del templo y la deportación de buena parte de la población.
En el Salmo (74) que da lugar al clamor del pueblo el salmista termina pidiendo a Dios que el humilde no salga defraudado, que los pobres y afligidos alaben su nombre.
El evangelio de Mateo que escuchamos (Mt 8,5-17) nos narra dos relatos de sanación. En el primero se pone de relieve la confianza excepcional del oficial romano que solicita la sanación para un criado suyo. En el segundo, llama la atención la sencillez de la forma en que Jesús cura a la suegra de Pedro.
El contexto en el que leemos estas lecturas está marcado por varios rasgos. Se habla de que estamos entrando a la fase 5 de la crisis sanitaria caracterizada por el desbordamiento de los hospitales a causa de los casos. Este desbordamiento se encuentra relacionado con la ausencia de los hospitales móviles comprados por el Gobierno de Honduras y por los indicios cada vez más claros de corrupción relacionados con su adquisición. Desde el 9 de junio, un día después de la reapertura de la economía los casos positivos diarios de Covid19 han aumentado sensiblemente. El día de ayer hubo 45 fallecimientos atribuidos al virus. El miedo y la desconfianza parecen estarse propagando entre la población con dos manifestaciones distintas pero complementarias: el encierro dentro de la casa, de mascarillas, anteojos, guantes y otros marcados por el terror al contagio; y la temeridad que ignora todo tipo de medidas de precaución marcada por la negación del contagio.
Al tenor del libro de Lamentaciones podemos señalar la deplorable situación del sistema de salud pública en el país, la falta de recursos que aqueja a los hospitales, la falta de trajes de bioseguridad para su personal, los altos números de personal hospitalario contagiado, cosas todas que claman al cielo cuando el Gobierno ha endeudado millonariamente al país so pretexto de hacerle frente a esta crisis. Pareciera que las medidas adoptadas por el Gobierno tanto para prevenir como para tratar los contagios no están dando los resultados esperados. Pareciera que hay un crecimiento proporcional entre el número de contagios y la intensidad de la discriminación de las personas contagiadas. Mientras tanto pareciera que la crisis económica generada por el desempleo, la reducción de las remesas familiares, las limitaciones para generar ingresos por las restricciones sanitarias, no hace sino profundizarse. Y aunque el Covid19 nos afecta a todas y todos, lo hace de forma desigual, afectando se manera más severa a los más pobres y vulnerables.
En esta situación es que nos identificamos con el clamor del salmo: “que el humilde no salga defraudado, y los pobres y afligidos alaben tu nombre”.
En medio de esta situación de crisis profunda sin aparente salida el evangelio de hoy nos ilumina un camino posible para transitar por ella. Del relato de sanación del criado del oficial romano llama la atención la fe, la confianza de este último. Al contrario de lo esperado, le indica a Jesús que no es necesario que vaya a su casa, que confía en su palabra. La salida a esta crisis sanitaria, económica y social pasa por la fe, por la confianza en Dios, sí, pero reflejada en la confianza entre nosotras y nosotros, entre vecinas y vecinos haciéndonos prójimas y prójimos de las personas contagiadas y/o necesitadas económicamente. Esta crisis nos da la oportunidad de crear comunidades de acoger y compartir agradecidos.
El relato de la sanación de la suegra de Pedro nos muestra que lo que nos va a permitir superar esta crisis no son acciones espectaculares, sino acciones sencillas, cotidianas, realizables por cualquiera. Lo que nos va a permitir enfrentar esta crisis con éxito va a ser hacernos prójimas y prójimos de las personas contagiadas y/o necesitadas en nuestro vecindario, esto es, hacernos cercanas y cercanos, dialogar, dejarnos conmover y tendernos la mano en la medida de nuestras posibilidades. Lo que el evangelio nos muestra es que la solución a esta crisis está en nuestras manos, que se puede realizar desde ahora, desde abajo, desde nosotras y nosotros mismos. Nos invita a confiar en la experiencia de la Dra. Barrientos y en el tratamiento que propone a base de ibuprofeno y de antigripal, un tratamiento, sencillo, accesible y eficaz. Nos invita a reconstruir el tejido social aprendiendo a cuidarnos y a cuidar de las y los otros movidos por la compasión. Nos invita a ahijarnos de nuestro Padre-Madre común hermanándonos unas de otros. Nos invita a participar en la misión de Jesús como compañeras y compañeros más allá de los estrechos límites de nuestras iglesias. Nos invita a abrirnos a la experiencia del Espíritu que despierta en nosotras y nosotros un amor que responde al suyo lleno de gratitud.

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