jueves, 11 de junio de 2020

Homilía. Mt.5, 17 – 19 - Décima semana tiempo ordinario, 10 de Junio

Reflexión Evangelio según San Mateo 5,17-19. en Daniel Molina en mp3(02/03  a las 15:56:43) 04:54 10643764 - iVoox 


En el Evangelio de Mateo que hemos venido reflexionando esta semana, Jesús nos propone su proyecto de vida, el Reino de su Padre que parte desde las cosas sencillas de la vida, pero que permiten construir una sociedad inclusiva, en justicia, promotora de paz, con sencillez de corazón, de forma tal que quienes asuman el reto de vivirla se conviertan en el sabor de la vida, es decir, que sean capaces de dar sentido pleno a la existencia propia y la de los demás, y además serán luz que ilumine el caminar de todas las personas y de la vida comunitaria.

Hoy Jesús nos dice que su misión es dar cumplimiento de esa Ley que brota de Dios y que se fundamenta en el amor sin medida que invita a preservar la vida propia y la de los demás, porque somos presencia de Dios, imagen y semejanza suya. Quién no cumpla con ese mandamiento de preservar la vida en toda su extensión, no es digno del Reino de los Cielos, porque su estilo de vida, su forma de proceder es contraria al estilo de vida de Jesús.

De ahí que coloca frente a nosotras y nosotros una elección vital, como señala en el Deuteronomio: “Elige la vida, y vivirás”, o si decidimos elegir la muerte, hemos de morir también. En dicha elección encontramos la libertad que Dios nos ha regalado desde el principio y que es rector de nuestra vida y nuestra convivencia, por tanto, como cristianas y cristianos debemos asumir un compromiso profundo con la vida que brota desde Dios y que se expresa en justicia, paz, solidaridad, cuidado propio y de los demás y cercanía con quienes nos necesitan.

La cuarentena vivida en este tiempo nos debe llevar a mirar el presente que tenemos y el futuro que deseamos desde esa elección: ¿queremos continuar dando muerte a la vida, ambiental, humana, o queremos elegir la vida desde el cuidado propio, de los demás y de la creación?
Algunos parecieran elegir salidas superfluas frente a esta crisis y pretenden continuar rengueando de las dos piernas, como nos señala el profeta Elías, sin decidirse por un cambio profundo y radical de los estilos de vida nocivos. Creen que por mucho gritar van a ser escuchados, como si Dios estuviera lejos de nosotras y nosotros, o como si fuera sordo, y más aún, como si nosotras y nosotros no tuviéramos ninguna responsabilidad frente a la vida y las elecciones que asumimos cada día. Quienes obran así seguirán alejadas y alejados de Dios y del proyecto del Reino, con una economía abierta, sin pensar en estrategias que realmente ayuden a la población a lograr salir adelante, manipulando cifras que muestran una realidad ciega y errada, y manteniendo a la población entretenida con píldoras tranquilizantes y paliativa, pero que no atacan el fondo del problema.

En cambio, asumir la vida que viene de Dios involucra buscar caminos que ayuden a superar esta crisis desde las raíces, partiendo de la honestidad, con tratamientos adecuados, como el propuesto por la Dra. María Barrientos de El Salvador, a base de ibuprofeno y antigripal, sencillo y accesible a todos y sobre todo que evita la gravedad del virus y su propagación entre la gente. Segundo, no estar manipulando los recursos solicitados ante los organismos internacionales y usados para el enriquecimiento y beneficio de unos pocos, mientras las grandes mayorías pobres siguen sufriendo más pobreza, hambre y desatención frente al virus. Y a nivel personal asumir el cuidado necesario para evitar más contagios de los cercanos y de los demás miembros de la comunidad.

De esta manera haremos del Señor nuestro Dios y de la vida el mandamiento central en nuestra cotidianidad y en nuestra fe. Sabremos descubrir la cercanía de Dios en nosotros y nosotras y seremos capaces de construir la sociedad que deseamos donde haya cabida para todas y todos desde el respeto a las diferencias, la solidaridad y la fraternidad.

Pidamos al Señor su gracia para saber elegir en medio de esta crisis la vida que nos viene de Él. Amén.

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