jueves, 11 de junio de 2020


200.6.11 Homilía. Mt.5, 44 Amarán a los enemigos   
El Poder del Perdón en las organizaciones
        

    El capitulo 5 de Mt. comienza con las Bienaventuranzas, que estamos meditando en estos días. La primera, como recordamos, es Felices los pobres de espíritu, los pobres de corazón agradecido. Los versículos siguientes nos aclaran lo que eso significaba para Jesús, como él lo había vivido en su vida. Y termina en el ver. 44 diciéndonos “amarán a sus enemigos”.  Y todo ello no como un mandamiento, algo que hay que cumplir, sino como una promesa, algo que se realizará en aquellos que se dejen guiar por su Espíritu. Y eso será la fuente de su felicidad verdadera y eterna.
    Las leyes son necesarias en este mundo material y limitado. Vivir sin leyes sería la anarquía y el desorden total. Sin leyes los más débiles desaparecerían y hasta los más fuertes acabarían destruyéndose unos a otros. Las leyes crean un marco que permite sobrevivir aun a los débiles. Todo el AT está basado en el respeto a la ley, Ley de Dios, y es lo que permitió al pueblo judío sobrevivir e ir creciendo y superando las dificultades y contrariedades de la vida a lo largo de su historia.
    La ley supone unas obligaciones que se imponen por la fuerza, y al que no las cumple, le cae el castigo encima. Supone un mirar hacia atrás. No evita el mal, sino que castiga el mal ya hecho con una “pena justa”, un daño para el que lo ha cometido, proporcional al daño hecho para compensarlo o para resarcirlo, si es posible. Para que se arrepienta y no vuelva a cometerlo. El AT está lleno de ejemplos de ello. La ley se cumple por miedo al castigo. Si no hubiera castigo, las leyes no se cumplirían. Pero eso no conduce a construir una familia de hermanos, que es el objetivo de Dios para la Humanidad.
    Y Jesús vino para enseñarnos el Camino para que se realice el Plan de Dios, el que todos vivamos como hermanos, como hijos de Dios. Para ello nos comunica su Espíritu, esa fuerza que desde dentro de nuestro corazón, transforma nuestro comportamiento y nos posibilita el perdonarnos y reconciliarnos. El Espíritu es esa luz interna que nos guía y nos comunica esa energía que nos hace crecer como hermanos, hasta llevarnos al Reinado de Dios, el Reino de la Verdad y la Vida, de la Paz y la Justicia, de la Luz y la Alegría.
    Hoy se nos explica cómo la reconciliación entre nosotros es paso necesario para avanzar por ese camino. La raíz de todo conflicto está en nuestro corazón. Se manifiesta en el deseo de aprovecharse de los otros, de tratar de imponerse a los otros, de violentar a otros por la fuerza, la ventaja o la mentira y conseguir algún lucro a costa de otros. Esa es la raíz de toda violencia externa o interna, de toda injusticia y abuso, de todo conflicto personal o social. Jesús viene a enseñarnos que ese camino no lleva a la felicidad de nadie, tampoco del violento.
    Todas las leyes son un intento de poner límites a la violencia que nace en los corazones de los humanos. Algo ayudan, en cuanto que, por el temor al castigo, disuaden de las violencias e injusticias más flagrantes. Pero aun las más elaboradas y perfectas, son incapaces de crear verdadera fraternidad. Por eso Jesús vino a descubrir y arrancar la raíz de todo el mal que anida en nuestro corazón. Y lo descubre y arranca cargando con las consecuencias de todo ese mal: Arriesgando y entregando su propia vida en la Cruz por amor a nosotros, incluso a los que le crucificaban. Mostrando que el Amor es más fuerte que la muerte. Resucitando después de dejarse crucificar.
    En esta vida, todos nos encontramos con contrariedades, muchas veces causadas por otras personas, a veces inconscientemente, otras por mala voluntad. Y ello es causa de muchos conflictos. Pero cuando hay un conflicto, siempre hay algo de culpa en ambas partes. Nuestro ego nos induce siempre a exagerar la maldad del otro. Y a ocultar la de uno mismo.  Jesús nos invita a reflexionar y a no dejarnos llevar por esa perspectiva parcial y falsa y a dialogar y ponernos en paz el uno con el otro. Avanzar por ese camino es una oportunidad de crecer en el espíritu, de crecer como Él lo hizo, que a Él le llevó a la pasión y por ella a la Vida total en la Resurrección.
    La crisis actual es una oportunidad de revisar nuestro comportamiento con las personas con las que convivimos. Con las que nos caen mal o no nos simpatizan. Y de experimentar cuánto bien nos hace reconciliarnos unos con otros y cuánto bien podemos hacer a otros, con nuestra responsabilidad, nuestro servicio sincero, nuestro sacrificio, nuestra generosidad, ayudándonos unos a otros, compartiendo de corazón lo que somos y tenemos porque todo lo hemos recibido de Dios a través de los hermanos. A vivir con un corazón agradecido e ir creciendo hacia la plenitud de paz y felicidad que nos promete el Señor. Que la Virgen María, la auténtica pobre de corazón agradecido, nos ayude a avanzar por estos caminos que llevan a la Paz y a la felicidad verdadera.    Amén.

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