En el evangelio de Mateo (Mt 7,6.12-14) Jesús señala que los destinatarios de la buena noticia pueden volverse en contra de quienes la anuncian. También hace una síntesis del principio que debe de guiar a la comunidad: tratar a los demás como queremos que nos traten. Por último, nos invita a atrevernos a tomar decisiones personales, aunque sean contra corriente.
La decisión de re abrir la economía en el contexto de un crecimiento exponencial de la curva de contagios de Covid19 ha tenido como consecuencia que la curva de contagios sea todavía mayor. Así se ha decidido no seguir adelante con la reapertura de Tegucigalpa. Los hospitales de Tegucigalpa y San Pedro, se nos dice, están desbordados. Las personas tienen mucho miedo de reconocer un posible contagio por el temor a la discriminación social.
En este contexto cobra mucha importancia la invitación de Jesús de tratar a las otras personas como queremos que nos traten. La posibilidad del contagio es cada vez mayor porque la curva de contagios lejos de aplanarse o de decrecer sigue aumentando. ¿Cómo nos gustaría que nos trataran si nos contagiáramos? ¿Nos gustaría que nos discriminaran, que nos estigmatizaran, que nos rechazaran? ¿O nos gustaría que nos acogieran con cariño y nos trataran con delicadeza? Que el sistema hospitalario ya está colapsando significa que vamos a tener que ser nosotras y nosotros mismos los que nos vamos a tener que atender. ¿Cómo queremos hacerlo? Voy a compartir una experiencia personal. El primer día que salí de mi cuarentena de 20 días pasé por varias comunidades repartiendo los tratamientos propuestos por la Dra. María Eugenia Barrientos a base de ibuprofeno de 400 mg y de un antigripal. Recuerdo que en una casa el delegado me recibió detrás de la cerca. Sentí el miedo que tenía. Luego visité otra casa. La catequista salió a mi encuentro, me abrazó, me invitó a pasar adelante y me sentó a su mesa. Mi cuerpo ya estaba sano, pero el gesto de esta catequista me curó el alma. Cuando días después fui a una comunidad y la delegada de la casa que iba a visitar me dijo desde lejos que no me acercara, no me fue difícil seguirme acercando, darle un abrazo y entrar en su casa. Yo sabía el bien que ese gesto me había hecho y quería compartirlo. El manejo de esta crisis está en nuestras manos. ¿Vamos a rechazarnos o vamos a acogernos y servirnos en nuestras necesidades?
Hoy a las 10 de la mañana la Junta de vigilancia médica de El Salvador ha citado a la Dra. María Eugenia Barrientos para examinar su manera de tratar a los pacientes con síntomas de Covid19. Pareciera, como nos dice también el evangelio de hoy, que no han visto con buenos ojos la buena noticia del tratamiento que propone a base de ibuprofeno de 400 mg y de antigripal. Como compañeras y compañeros de Jesús esto no nos extraña. Más bien, la vemos como bienaventurada por ser perseguida por su fidelidad a un tratamiento que ha descubierto y experimentado como beneficioso para más de 800 personas a las que ha tratado con síntomas de Covid19, y que, además, es sencillo y accesible. Nos unimos a ella en oración, y damos testimonio de la acogida que su tratamiento ha tenido en nuestra Parroquia y del bien que nos ha hecho, comenzando por mí mismo.

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