sábado, 20 de junio de 2020

Hermanos y hermanas les comparto la reflexión de las lecturas del día de hoy                                  200. 6. 20 Homil. Lc.2,49 ¿Por qué se angustiaban buscándome?                             

    Ayer celebramos la fiesta del Corazón de Jesús. Hoy celebramos el Corazón de María. Si ayer las lecturas nos hablaban que Dios es Amor y solo amor por nosotros, hoy nos hablan de María, la mujer que se dejó inundar del amor de Dios, que se hace amor humano, igual al amor de Dios en nosotros. Y ello a través de una vida sencilla y pobre como fue la vida de María.
    El corazón es el centro de nuestra vida. Del corazón salen todos los buenos y malos deseos que configuran nuestra vida, nuestros proyectos, nuestras esperanzas, y sobre todo nuestra capacidad de sentir y amar a los demás. Dice el evangelio que María guardaba todo en su corazón. María era pobre de corazón agradecido. En ella se cumple la promesa de la primera Bienaventuranza: Felices los pobres de corazón agradecido. Toda su vida era un canto de alabanza al Señor, porque en todo lo sencillo y común de cada día veía una gracia de Dios. Un motivo para agradecer a Dios. Y a todo respondía con un sí de corazón. Por eso se sentía feliz, viniera la que viniera, sabiendo que Dios, en toda circunstancia, siempre hace lo mejor para cada uno de nosotros, por que Dios es Amor y sólo Amor por cada una de sus creaturas. María vivía la verdad en toda su vida.
    Pero María, humana como todos nosotros, también se sorprende ante acontecimientos inesperados. Conocía muy bien a Jesús y no le cabía en la mente que Jesús les hubiera desobedecido o les hubiera hecho sufrir por capricho o por descuido. Y pregunta a Jesús: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?. Mira que tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos”.  Y Él responde: “Y ¿por qué se angustiaban al buscarme?, ¿acaso no me han enseñado ustedes mismos que yo debo estar ante todo en las cosas de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron la respuesta.
    Isaías nos dice que “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. No son como nosotros quisiéramos que fueran. Nos desbordan por todas partes. ¡Hay tantas cosas que no podemos encajar en nuestro modo de pensar!  Y una, muy importante, es el misterio del sufrimiento de los inocentes. Y Jesús hace pasar a María y a José por esa prueba. No por descuido o por negligencia. Sino por lo contrario, para ampliarles la mente y hacerles crecer en la Fe y en el Amor, para ensancharles el corazón, para hacérselo semejante al suyo.
    Todos nosotros también hemos de pasar por pruebas semejantes, que, miradas desde la Fe, nos hacen avanzar en los caminos de Dios, en los caminos del Amor y la Misericordia. Para ir modelando nuestro corazón y haciéndolo más semejante al suyo y así hacernos más capaces del amor y la felicidad que nos promete. 
    Los acontecimientos actuales están siendo para todo el mundo algo totalmente inesperado.  ¡Quién iba a pensar hace un año que un bichito microscópico y tan insignificante como es el coronavirus pudiera trastornar toda la vida, la economía, la política, la salud y todo el orden mundial!  Y lo que nadie pensaba, ha ocurrido. Esto está haciendo tambalear nuestras arrogancias, nuestro orgullo, nuestra confianza ciega en la ciencia moderna, en la medicina, en nuestro poder, en nuestra soberbia,… Y nos está mostrando la fragilidad de nuestras certezas y seguridades. Está siendo una cura de humildad para todos. Haciéndonos ver cómo todos formamos parte de una sola familia humana. Todos dependemos de todos. Y necesitamos organizar nuestra vida de un modo diferente. Jesús nos enseña el camino, el camino de la solidaridad verdadera, la humildad, el servicio fraternal, el respeto a la naturaleza y sus leyes que el Señor nos da. El Papa Francisco nos decía hace 5 años en la “Laudato si” que no podemos seguir irrespetando el mundo en que vivimos, que la ciencia debe dejarse orientar por el Espíritu, por la Fe. La ciencia sin la Fe es ciega. Se han traspasado ciertos límites y parece que la crisis del coronavirus puede ser consecuencia de ello. Es tiempo de convertirnos y cambiar nuestros caminos. La crisis nos invita a hacerlo.
    Pero el Señor nos recuerda que toda la Historia está en sus manos, que nos dejemos guiar por su Espíritu. María, en su corazón limpio y libre de todo mal, confía en el Señor y sigue adelante. Y es así nuestro modelo y nuestra luz. Nunca se deja contaminar por la desconfianza, por el desánimo, por la oscuridad y sigue adelante confiando en el Señor, que la sigue guiando, confortando y acompañando en su vida pobre y sencilla. Aunque a veces no entiende, como dice S. Lucas, pero confía en que llegará a entender, como le promete el Señor, y un día llegará a la plenitud de la luz, como ocurrió en la Resurrección. Nosotros tenemos también ahora una pequeña luz. Parece que el sencillo tratamiento a base de Ibuprofeno y antigripal que estamos promoviendo en la parroquia, está siendo eficaz para curar el mal cuando se hace en los primeros días. Es una esperanza fundada en la experiencia médica. Pero sobre todo, hemos de confiar en el Señor, que nos dice “No teman, Yo he vencido al mundo” y a todo el mal. La confianza en el Señor, que se fortalece en la oración y en las prácticas de misericordia, refuerza nuestro sistema inmunológico y reaviva nuestras defensas. Pongámonos en las manos del Señor y de su Madre, María y sigamos con paz y confianza el camino que nos muestran sabiendo seguro que no quedaremos defraudados.           Amén.

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