martes, 9 de junio de 2020


20.06.08  Homilía. Mt.5, 3 Felices los pobres con Espíritu, porque viven el Reinado de Dios

Qué son las bienaventuranzas? - VERACIDAD CHANNEL

Ayer, el Evangelio nos recordaba que Dios es Amor y sólo Amor, que tanto nos quiere que nos entregó a su Hijo en carne mortal para que, siguiendo su Camino, nosotros pudiéramos participar de su Vida, la vida eterna, la vida divina. Y hoy nos invita a que lo hagamos en lo concreto de esta vida, con sus problemas y sinsabores.
                Hay quien entiende las Bienaventuranzas como una invitación al conformismo, a la resignación en esta vida, pensando en que en la “otra vida” va a haber en abundancia todo lo que aquí nos falta para sentirnos felices. Que nos conformemos con lo que tenemos y que después vendrá la felicidad, si nos portamos bien. Parece una invitación a no preocuparnos por las situaciones actuales, porque después de un tiempo, Dios lo solucionará todo con una serie de milagros desde arriba, desde fuera.
                Yo creo que ese no era, ni por asomo, el modo de pensar de Jesús. Es muy cierto que Jesús vivió toda su vida en la pobreza, en la pobreza de tantos campesinos judíos, en tiempos de malos gobernantes, de gran opresión, dominados por los romanos, en que había mucha enfermedad y grandes injusticias. Pero Jesús nunca miraba todo eso desde una postura de envidia, de resentimiento, de conformismo paralizante. Sino que lo miraba como lo miraba el Padre, con amor. Sí con gran dolor, pero con un gran deseo de encontrar remedio para todo ello. Y se encarnó totalmente en ese mundo. Y allí fue descubriendo una gran luz: que hay remedio para todo ello y que ese remedio está al alcance de nuestras manos, de todo el que se deje guiar por el Espíritu. Que no hay que esperar a la otra vida después de la muerte, sino que el Reinado de Dios ya está comenzando. Jesús lo fue experimentando durante 30 años. Y ahora lo propone a todo el que quiera escucharlo, y lo hace con la autoridad del que lo ha vivido y comprobado en su propia carne.
                Creo que las Bienaventuranzas son una promesa y una invitación a vivir la vida como Él la vivió, es decir guiado por el Espíritu del Padre, el Espíritu del Amor. Jesús no fue un rebelde contra toda institución o situación, sino que todo lo miraba a la luz del amor y del servicio a las personas. Nunca buscó el aprovecharse de los demás, sino lo contrario, sólo buscaba el bien para otros, incluso de los que le querían mal. Nunca utilizó sus poderes en interés propio, sino que los puso al servicio de los pobres y sufrientes. Nunca intentó dominar a nadie, utilizar a nadie, sino que cargó con las consecuencias de las maldades de otros. Nunca se dejó mover por el resentimiento o el deseo de venganza. Fue pobre toda su vida, porque en un mundo de injusticias y violencias, el que no se defiende, nunca sale de la pobreza. Y Él no venía a castigar tantas injusticias y maldades, sino a abrir los ojos a todos, para que todos salgamos a la luz del Reinado de Dios, del Amor y de la paz.
                Él lo experimentó y descubrió que el que sigue ese Camino, empieza a vivir ya la paz y la felicidad de la vida. Aun con contradicciones y sufrimientos. El Camino no ofrece una vida cómoda y fácil, sino lo contrario, trabajo, sacrificios y sinsabores. Supone luchar con sabiduría, perseverancia, sacrificio contra todo mal de este mundo. Y hay mucho, la tarea es grande. Pero el premio ya se empieza a disfrutar aquí. El que lo hace, al modo de Jesús, empieza a sentir paz y alegría al hacerlo.
Yo creo que eso lo podemos vivir cuando hacemos las cosas, aun las sencillas, al modo de Jesús, es decir, poniendo en función todas nuestras cualidades, la atención, la inteligencia, la sensibilidad, la creatividad, las habilidades de cada uno, cuando nos centramos bien en lo que hacemos, haciendo las cosas bien hechas. Y libres de envidias, de interés egoísta, de mezquindades, de pereza, de odios y resentimientos, de caprichos, de codicias, es decir, cuando hacemos las cosas de corazón, con un corazón limpio. Y, sobre todo, las hacemos por amor de las personas con las que convivimos. 
                Jesús vivió la mayor parte de su vida, unos 30 años, llevando una vida de campesino pobre en una pobre aldea de Galilea, junto con María y José. Y vivió de un trabajo sencillo y monótono, escasamente pagado. Pero seguro que vivió la felicidad que uno encuentra de ese modo, es decir guiado por el amor sincero y concreto en el diario trabajar y servir. Las cosas hechas por amor, con Espíritu, todas son importantes y van construyendo el Reino de Dios. Ese amor supone un gran respeto primero por todas las personas con las que convivimos, por la Comunidad, pero también por la naturaleza, el mundo que el Señor nos da, para que lo trabajemos y lo hagamos cada día mejor, más hermoso, más perfecto, más útil para todos. Dios necesita de nuestra colaboración para construir su Reino. En tiempos de crisis como la actual, más todavía. Hay mucho que hacer, mucho que sacrificar, mucho que construir.
                Pidámosle al Señor que nos abra a su Espíritu, para que guiados por Él, disfrutemos de esa paz y felicidad que Él disfrutó y entre todos, construyamos su Reino de Verdad y de Vida, de Justicia y de Paz y Alegría al que nos está guiando. Que nuestra Madre, María, que supo educar y acompañar a Jesús hasta la Cruz, nos acompañe en esta caminar.  Amén.

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