01.06.2020: _Homilía Novena
semana del tiempo ordinario.
Hermanas y hermanos, retomamos hoy la
novena semana del tiempo ordinario dentro de la Iglesia, luego de haber vivido
con grande ánimo el tiempo de la Pascua, en medio de estas circunstancias
especiales. El tiempo ordinario es un tiempo en que se nos anima a continuar
nuestro caminar en la fe desde las enseñanzas de nuestro Señor. Y lo hacemos
con la gracia y la fuerza del Espíritu Santo que se nos ha derramado sobre cada
una-uno de nosotros.
El evangelio de Marcos que nos
acompaña hoy coloca en el centro a Jesús, Él es la piedra angular sobre el cual
se construye toda nuestra fe y nuestra vida cristiana. Como canta el salmo: “si
el Señor no construye la casa en vano se afanan los constructores”.
El texto evangélico nos relata cómo
Dios nos ha dado toda la creación para nuestro beneficio y provecho, y también
cómo nos ha encargado el cuidado de todo lo creado, incluyendo al ser humano.
Sin embargo, hay quienes se han adueñado de las cosas, las han violentado y explotado
indiscriminadamente. Tal como señala Jesús en el Evangelio, Dios ha tratado de
corregirnos de muchas formas y mediante muchas personas, llámense profetas,
santas y santos, sin embargo, hemos mantenido nuestras conductas alejadas del
Señor y cada día hemos continuado el saqueo cruel de todos los recursos, sin
compasión. Más aún nuestros estilos de vida han promovido la exclusión y
marginalidad de muchas personas. Ante todo ello Jesús viene a enseñarnos el
camino para corregir nuestra vida, nuestra humanidad, por eso asume nuestro ser
humano. Pero también a él lo matan porque el ser humano, perdido en su ambición
pretende continuar como dueño y señor de todo lo creado.
Hoy pareciera que la misma naturaleza
nos ha empujado a detenernos para reflexionar el daño que estamos haciendo y
las diversas formas como cada una-uno hemos estado contribuyendo a ese
conflicto socioambiental. Estamos ansiosos por regresar a nuestras tareas, pero
¿a cuál costo?, ¿para seguir contaminando y destruyendo la naturaleza o viviendo
indiferentes ante los pobres que ahora son más? O queremos proponer un cambio
radical desde nuestro quehacer diario y nuestras relaciones cotidianas. Jesús
quiso un cambio profundo y radical que nos llevara a humanizarnos totalmente
desde el amor pleno que viene de Dios, pero su lenguaje estuvo tan fuera de las
tradiciones e intereses particulares de la época que decidieron matarlo para
callar su voz. Hoy en día también el Evangelio continúa haciéndonos ruido y son
muchos los que buscan callarlo desde la indiferencia o la violencia. Pero
también somos muchos y muchas los que deseamos un cambio, pero debemos
propiciarlo a partir de aquí y ahora.
San Pedro en su segunda carta nos señala
algunas indicaciones importantes que debemos tener en cuenta para nuestra vida
cotidiana, para esa nueva normalidad que deseamos construir: parte de la gracia
y la paz que brotan del conocimiento de Dios. Quizás muchos decimos que
conocemos a Dios, pero nuestros estilos de vida no lo dejan transparentar. Debemos
empezar por vivir en la gracia de Dios, es decir, en unión de ánimos y espíritu
con él y que esa unidad nos lleve a propiciar la paz desde nuestro encuentro fraterno
y solidario con la otra persona.
Al final del texto que hemos
escuchado Pedro nos regala una lista de cualidades y virtudes valiosas para
nuestra vida cristiana: la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la
perseverancia, la piedad, el espíritu fraternal y el amor. Todas nuestra
acciones en esta nueva normalidad deben partir desde una fe efectiva expresada
en nuestras obras y nuestros estilos de vida, y pasando por la práctica de las
virtudes antes mencionadas, deben llevarnos a la cumbre de todas las virtudes
que es el amor, es decir, a Dios mismo. De esa manera sí podremos pensar en reabrir
y volver a nuestras actividades porque sabremos vivir la cotidianidad desde el
amor recíproco y fraterno de uno por otras y eso nos llevará al cuidado
responsable de cada miembro de la comunidad. Pero para eso debemos mantener el
cuidado que conlleva el aumento exponencial de casos de contagio y cuidar
responsablemente unos de otras.
Pidámosle al Señor que el inicio de
este tiempo ordinario en nuestra vida cristiana nos ayude a seguir aprendiendo
del ejemplo de vida de Jesús como único camino válido para salir de esta crisis
y construir la nueva normalidad deseada por todos. Amén.
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