viernes, 12 de junio de 2020

20.06.12.   Mt. 5, 27 - 32 Jesús continúa instruyendo a su comunidad en el nuevo estilo de vida que la ha de caracterizar. Habla sobre el vínculo que une a la pareja y denuncia la prerrogativa machista del divorcio.

Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno - ReL



En la primera lectura del primer libro de los Reyes (1Re 19,8-16), Dios le hace experimentar a Elías una nueva forma de presencia suya: no en un huracán, no en un terremoto, no en un fuego, sino en una suave brisa.

En la lectura del evangelio de Mateo (Mt 5,27-32), Jesús continúa instruyendo a su comunidad en el nuevo estilo de vida que la ha de caracterizar. Habla sobre el vínculo que une a la pareja y denuncia la prerrogativa machista del divorcio. Además, ejemplifica la nueva radicalidad que inspira la vida de la comunidad.

El estilo de vida que propone Jesús no es un mandato, una nueva imposición, más radical que las anteriores. Si resultaba ya difícil cumplir los mandamientos anteriores, cumplir unos más radicales resultaría casi imposible. En ese sentido, lo que Jesús propone no son nuevos mandamientos, sino un estilo de vida que surge cuando en nosotras y nosotros se despierta un amor que responde al suyo, al amor de Dios que Jesús hace presente. Ahora, el amor no es algo que se puede mandar. El amor es algo que solo se puede proponer, y la manera de hacerlo es amando. Éste es el tipo de amor que propone Jesús amando hasta el final, dándonos la posibilidad de que ese amor despierte en nuestro interior un amor que responda al suyo. La iniciativa proviene de él. El amor que responde a otro amor es radical, no porque esté mandado, sino porque se siente amado.

Sobre ese amor que despierta el nuestro es del que habla la lectura de Reyes. Un huracán, un terremoto, un fuego suscitan temor, cuando no terror y pánico y generan sumisión. Es la brisa suave la única capaz de suscitar amor. Además, la brisa suave está siempre presente, siempre que estemos presentes. Fantaseo que es nuestra respiración, una brisa tan suave que apenas somos conscientes de ella, pero de la cual, sin embargo, depende nuestro aliento de vida.

La paralización de buena parte de la actividad económica durante 84 días y la reapertura de la economía en el contexto de una curva de contagios que está creciendo exponencialmente nos dejan anticipar tiempos difíciles en el futuro, tanto a nivel sanitario, como económico y social. La crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo y que amenaza con profundizarse en el futuro nos muestra lo unidas y unidos que estamos, lo vulnerables que somos, y el camino para enfrentarla. Pareciera, por una parte, que el momento de evitar los contagios ya pasó y que lo que toca ahora es de tratarlos de una manera sencilla y eficaz, y por otra, que solo trabajando arduamente y compartiendo, tendiéndonos las manos unas a otros, formando comunidades de compartir agradecido, nosotras y nosotros, vamos a poder enfrentar la caída de ingresos consecuencia del desempleo y la reducción de las remesas que estamos padeciendo. 

El tratamiento a base de ibuprofeno de 400 mg y de un antigripal que estamos proponiendo desde la Parroquia quiere responder a la necesidad de un tratamiento sencillo, accesible y eficaz en caso nos dé la “gripe”. Al trabajo arduo y al compartir agradecido solo podemos apuntar e invitar como Parroquia, sabiendo que dependerán de la experiencia que tengamos de la brisa suave, del amor tierno y delicado, fiel y terco que Dios nos tiene y nos manifestó Jesús, y que es el único que puede despertar el nuestro. Así, lo único que nos va a salvar de esta crisis sanitaria, social y económica es un amor que responda al Suyo tendiéndonos unas a otros la mano.

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