martes, 16 de junio de 2020

20.06.16 El evangelio de Mateo (Mt 5,43-48) nos invita a aprender a amar a nuestros enemigos y a rezar por los que nos odian, recordándonos que somos hijas e hijos de un Dios que hace salir su sol sobre malos y buenos, y caer su lluvia sobre justos y pecadores.



Catholic.net -

¿Qué significa esto en este tiempo en que estamos padeciendo una crisis sanitaria, económica y social atribuida al Covid 19? Tal vez una cita de Abraham Lincoln nos puede ayudar: “No me cae bien ese hombre. Tengo que conocerlo mejor”. Tal vez tenemos que comenzar conociendo mejor al Covid 19. Como nos dice la Dra. María Eugenia Barrientos, el Covid 19 es un virus de ARN positivo, y esto significa que es un virus auto limitado. Después de 6 o 7 días deja de replicarse el solo. Uno puede preguntarse entonces, por qué hace tanto daño. El problema es que el Covid 19 produce una inflamación del tejido respiratorio. Cuando el tejido está inflamado es más propenso a infectarse por bacterias. Por eso es tan importante dar un anti inflamatorio como ibuprofeno, para evitar la inflamación. Evitando la inflación se evita entonces una infección por bacterias. Somos contagiosos normalmente un día antes de presentar los primeros síntomas hasta unos 7 días después de haber comenzado con ellos. El Covid 19 se transmite principalmente por los estornudos y la tos. Por eso, para reducir los contagios, es tan importante dar un antigripal que disminuya la tos y los estornudos. Al Covid 19 no se trata, pues de atacarlo como a un enemigo mortal, sino de aprender a tratarlo mientras sea nuestro huésped. Esto es importante también porque cuando atacamos al virus muchas veces podemos caer en la tentación de atacar también a sus portadores discriminándolos, marginándolos, abandonándolos, excluyéndolos de la comunidad. Pero lo último que una persona contagiada necesita es que se le discrimine, margine, abandone o excluya. Todo esto no hace sino debilitar su sistema inmunológico, dificultado de esta manera su convalecencia y eventual sanación. También es importante saber que el virus tiene a su alrededor una capa de grasa protectora que se deshace con agua y jabón. De ahí la importancia de mantener las manos limpias lavándolas con agua y jabón. Las puertas de entrada del virus al cuerpo son la boca, la nariz y los ojos. Por eso es tan importante procurar no tocarse la cara con las manos, especialmente cuando no nos las hemos lavado.
La reapertura de la economía en pleno crecimiento exponencial de la curva de contagios hace muy probable que más pronto que tarde nos contagiemos con el Covid 19.  Si lo vemos como un enemigo mortal, muy probablemente lo vamos a querer aniquilar, o vamos a huir de él, o nos vamos a paralizar. Como dijimos arriba atacarlo no es necesario porque él es auto limitado, él solo deja de reproducirse. En este sentido, el Covid 19 es un virus benigno porque después de 7 días él solo deja de reproducirse, él solo se acaba. La otra cosa que podríamos hacer sería huir. De huir hay muchas formas. Una es no aceptar, negar la realidad de que estoy contagiada. Aunque tenga todos los síntomas me niego a reconocer que estoy contagiada y por consiguiente, me niego a tratarme, a auto aislarme y entonces me convierto en fuente de contagio para mi familia, mis seres queridos. Pero, sobre todo, me niego a tratarme, poniendo en riesgo mi propia vida y la de mi pareja, hijas e hijos, vecinas y vecinos. Una tercera cosa que podríamos hacer sería paralizarnos, no hacer nada. Esta parálisis tiene el riesgo de convertirme en testigo mudo de problemas de salud cada vez mayores en mí misma y en las personas que me rodean, comenzando por las más cercanas.
Así, pues, si al Covid 19 lo aprendemos a conocer, vamos también a aprenderlo a tratar durante el tiempo que sea nuestro huésped, evitando que dé lugar a una infección por bacterias y reduciendo en un 60% las posibilidades de contagiar a otras personas.
Pero, tal vez, también aprendamos una cosa más. Aprendiendo que el Covid 19 más que atacado debe de ser aprendido a ser tratado, puede que aprendamos a hacer otro tanto con otros así llamados enemigos que podamos tener. Y entonces en lugar de atacarlos, matándolos antes de que nos maten, tal vez podamos empezar a conocerlos mejor y a tratarlos mejor, llegando incluso algún día a podernos ver como amigos. Y entonces vamos a poder comprender y agradecer la sabiduría de ese Dios que Jesús nos enseñó a llamar Padre Nuestro, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y caer su lluvia sobre justos y pecadores, descubriendo que más allá de cualquier enemistad, todas, todos y todo somos criaturas suyas, sus hijas e hijos entrañablemente amadas y amados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario