jueves, 18 de junio de 2020

2020.6.18 Mt.6,9 Ustedes oren así                                                             
 Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios."  Evangelio de hoy

                Ayer, Jesús nos hablaba de las tres prácticas de piedad de la vida del cristiano, la base de nuestra vida espiritual: el sacrificio o ayuno, la oración, y la limosna, el compartir. Hoy nos enseña cómo orar. Y nos dejó esa oración tan maravillosa como es el Padrenuestro, que resume la vida del cristiano. El Padrenuestro comienza con una invocación fundamental, la actitud básica del comienzo; después vienen 3 deseos o peticiones referentes a Dios y después 4 peticiones referentes a nosotros y nuestro convivir.

                Comienza con la palabra “Padre”, la palabra básica para referirnos a Dios. Él se nos revela, ante todo, como Padre. Es decir, aquel que es el origen y la fuente de toda nuestra existencia. Todos y cada uno de nosotros, somos creaturas de Dios. Él nos ha creado personalmente a cada uno de nosotros, ciertamente sirviéndose de nuestros padres biológicos, pero somos cada uno creación única de Dios. Y nos ha creado por puro amor. Ha querido y quiere lo mejor para cada uno. Y ha puesto en nuestro ser el germen de cada una de las cualidades personales de cada uno. Todos somos distintos. No hay dos personas idénticas en todo el mundo. Y nos crea con toda su sabiduría, su ternura, su amor, su poder. Y nos crea para que seamos felices. Somos una maravilla dice el Sal. 139. Y eso todos y cada uno de nosotros.

                Padre Nuestro, Padre de todos. Nos crea como familia. No somos piezas independientes de un cuerpo social, sino que hemos sido creados para que alcancemos nuestra plenitud como hermanos de una sola familia en la que todos somos importantes. Todos tenemos la misma dignidad de hijos de Dios. Nadie es sobrante, nadie es descartable, nos dice el Papa Francisco. Todos tenemos mucho que aportar a la familia y mucho que recibir de ella. Todos dependemos unos de otros. Quien desprecia a un hermano, se desprecia a sí mismo. En estos tiempos de crisis lo experimentamos más en carne propia: Cómo nos necesitamos unos a otros.

                Que estás en los Cielos. El Reino de los Cielos es esa realidad en la que todos viviremos felices, en la que ya no habrá muerte, ni sufrimiento, ni enfermedad, ni hambre, ni injusticia, ni violencia ni maldad de ninguna clase, sino vida en abundancia, paz, amor y alegría para todos. Esa realidad que todos deseamos de corazón, pero que hay que construir entre todos porque será el fruto de la vida y la creatividad de todos. Esa realidad por la que trabajamos, como el Señor nos enseña poniendo en juego las cualidades que el Señor nos da para el bien y la felicidad de todos. Esa realidad que ya ha comenzado, como nos enseña Jesús. Y que iremos alcanzando en la medida que sigamos su Camino.
                Después vienen 3 deseos o peticiones imprescindibles: Santificado, glorificado, sea tu Nombre. La Gloria de Dios es la Vida en plenitud de toda la Humanidad. El mayor deseo del Padre es que sus hijos seamos totalmente felices, que lleguemos a participar de su Vida eterna, que desarrollemos todo lo mejor que hay en nosotros. Y eso es el Reino, el Cielo, la plenitud, la meta hacia la que avanzamos y poco a poco se va acercando. Nuestra vida no se orienta al fracaso, sino al triunfo, a la plenitud de vida final. Y para avanzar tenemos la luz que es Jesús, que nos ilumina para que hagamos la voluntad del Padre. La Luz que brilla en las tinieblas, para que no nos perdamos, para que no nos extraviemos por caminos de muerte y perdición. Jesús es la Luz en la oscuridad, la Luz que ilumina toda nuestra existencia, nuestros trabajos, nuestras luchas, nuestros sacrificios.

                Y luego vienen las 4 peticiones orientadas a nuestras necesidades y el modo de convivir en el Camino del Reino: Danos hoy nuestro pan de cada día: El pan necesario para nuestra vida biológica, para alimentar nuestro cuerpo. El pan que hemos de conseguir con el trabajo de todos, con el trabajo inteligente y organizado de todos los humanos. El trabajo que es una necesidad y un derecho de todos. El trabajo que transforma y pone toda la naturaleza al servicio del bien de toda la Humanidad.  Y más necesario todavía el pan que da la vida verdadera, la vida en el espíritu, el arte, la cultura, la espiritualidad, que nos llevan a vivir como personas, como hijos de Dios.

                Perdona nuestras ofensas. El perdón es algo que nace como una gracia de Dios de sentir que somos creaturas limitadas. Que nace de sentirnos necesitados de perdón porque todos tenemos fallos y hacemos cosas malas, a veces sin darnos cuenta, a veces por mala voluntad. Los choques que tenemos con los hermanos nos hacen ver lo limitados que somos y los necesitados que somos del perdón de los demás. Si no nos reconocemos pecadores no podemos avanzar en la vida espiritual. Quien no reconoce sus fallos, nunca los corrige y sigue en la oscuridad.

                Y por fin le pedimos al Padre que no nos deje caer en las tentaciones, en las pruebas. Para experimentar el amor y la vida es necesario pasar por pruebas. Y necesitamos la ayuda del Padre y los hermanos para no caer en ellas. Y con ello le pedimos al Padre que nos libre del Maligno, de Satanás, que no permita que nos engañe y nos pierda.

                Pidamos al Señor, que nos ayude a avanzar en el camino de la vida y a su Madre, María que lo acompañó desde Belén hasta la Cruz, que también nos acompañe y nos enseñe a orar, para que siempre digamos “Hágase tu Voluntad” y así caminar en el camino del Reino, de la vida y de la paz.  Amén.  

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