Ayer,
Jesús nos hablaba de las tres prácticas de piedad de la vida del cristiano, la
base de nuestra vida espiritual: el sacrificio o ayuno, la oración, y la
limosna, el compartir. Hoy nos enseña cómo orar. Y nos dejó esa oración tan
maravillosa como es el Padrenuestro, que resume la vida del cristiano. El
Padrenuestro comienza con una invocación fundamental, la actitud básica del
comienzo; después vienen 3 deseos o peticiones referentes a Dios y después 4
peticiones referentes a nosotros y nuestro convivir.
Comienza
con la palabra “Padre”, la palabra básica para referirnos a Dios. Él se nos
revela, ante todo, como Padre. Es decir, aquel que es el origen y la fuente de
toda nuestra existencia. Todos y cada uno de nosotros, somos creaturas de Dios.
Él nos ha creado personalmente a cada uno de nosotros, ciertamente sirviéndose
de nuestros padres biológicos, pero somos cada uno creación única de Dios. Y
nos ha creado por puro amor. Ha querido y quiere lo mejor para cada uno. Y ha
puesto en nuestro ser el germen de cada una de las cualidades personales de
cada uno. Todos somos distintos. No hay dos personas idénticas en todo el mundo.
Y nos crea con toda su sabiduría, su ternura, su amor, su poder. Y nos crea
para que seamos felices. Somos una maravilla dice el Sal. 139. Y eso todos y
cada uno de nosotros.
Padre
Nuestro, Padre de todos. Nos crea como familia. No somos piezas independientes
de un cuerpo social, sino que hemos sido creados para que alcancemos nuestra
plenitud como hermanos de una sola familia en la que todos somos importantes.
Todos tenemos la misma dignidad de hijos de Dios. Nadie es sobrante, nadie es
descartable, nos dice el Papa Francisco. Todos tenemos mucho que aportar a la
familia y mucho que recibir de ella. Todos dependemos unos de otros. Quien
desprecia a un hermano, se desprecia a sí mismo. En estos tiempos de crisis lo
experimentamos más en carne propia: Cómo nos necesitamos unos a otros.
Que
estás en los Cielos. El Reino de los Cielos es esa realidad en la que todos
viviremos felices, en la que ya no habrá muerte, ni sufrimiento, ni enfermedad,
ni hambre, ni injusticia, ni violencia ni maldad de ninguna clase, sino vida en
abundancia, paz, amor y alegría para todos. Esa realidad que todos deseamos de
corazón, pero que hay que construir entre todos porque será el fruto de la vida
y la creatividad de todos. Esa realidad por la que trabajamos, como el Señor
nos enseña poniendo en juego las cualidades que el Señor nos da para el bien y
la felicidad de todos. Esa realidad que ya ha comenzado, como nos enseña Jesús.
Y que iremos alcanzando en la medida que sigamos su Camino.
Después
vienen 3 deseos o peticiones imprescindibles: Santificado, glorificado, sea tu
Nombre. La Gloria de Dios es la Vida en plenitud de toda la Humanidad. El mayor
deseo del Padre es que sus hijos seamos totalmente felices, que lleguemos a
participar de su Vida eterna, que desarrollemos todo lo mejor que hay en
nosotros. Y eso es el Reino, el Cielo, la plenitud, la meta hacia la que
avanzamos y poco a poco se va acercando. Nuestra vida no se orienta al fracaso,
sino al triunfo, a la plenitud de vida final. Y para avanzar tenemos la luz que
es Jesús, que nos ilumina para que hagamos la voluntad del Padre. La Luz que
brilla en las tinieblas, para que no nos perdamos, para que no nos extraviemos
por caminos de muerte y perdición. Jesús es la Luz en la oscuridad, la Luz que
ilumina toda nuestra existencia, nuestros trabajos, nuestras luchas, nuestros
sacrificios.
Y luego vienen las 4 peticiones
orientadas a nuestras necesidades y el modo de convivir en el Camino del Reino:
Danos hoy nuestro pan de cada día: El pan necesario para nuestra vida
biológica, para alimentar nuestro cuerpo. El pan que hemos de conseguir con el
trabajo de todos, con el trabajo inteligente y organizado de todos los humanos.
El trabajo que es una necesidad y un derecho de todos. El trabajo que
transforma y pone toda la naturaleza al servicio del bien de toda la
Humanidad. Y más necesario todavía el
pan que da la vida verdadera, la vida en el espíritu, el arte, la cultura, la
espiritualidad, que nos llevan a vivir como personas, como hijos de Dios.
Perdona
nuestras ofensas. El perdón es algo que nace como una gracia de Dios de sentir
que somos creaturas limitadas. Que nace de sentirnos necesitados de perdón
porque todos tenemos fallos y hacemos cosas malas, a veces sin darnos cuenta, a
veces por mala voluntad. Los choques que tenemos con los hermanos nos hacen ver
lo limitados que somos y los necesitados que somos del perdón de los demás. Si
no nos reconocemos pecadores no podemos avanzar en la vida espiritual. Quien no
reconoce sus fallos, nunca los corrige y sigue en la oscuridad.
Y
por fin le pedimos al Padre que no nos deje caer en las tentaciones, en las
pruebas. Para experimentar el amor y la vida es necesario pasar por pruebas. Y
necesitamos la ayuda del Padre y los hermanos para no caer en ellas. Y con ello
le pedimos al Padre que nos libre del Maligno, de Satanás, que no permita que nos
engañe y nos pierda.
Pidamos
al Señor, que nos ayude a avanzar en el camino de la vida y a su Madre, María
que lo acompañó desde Belén hasta la Cruz, que también nos acompañe y nos
enseñe a orar, para que siempre digamos “Hágase tu Voluntad” y así caminar en
el camino del Reino, de la vida y de la paz.
Amén.
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