200.06.09 Homilía Mt 5,13 -16
En el evangelio
de Mateo que escuchamos (Mt 5,13-16) Jesús nos invita a no perder nuestro
sabor, nuestro gusto como cristianas y cristianos; y a actuar de tal manera que
las y los demás reconozcan a Dios como Padre.
Los
84 días de cuarentena que terminaron oficialmente el domingo 7 nos dieron la
oportunidad de preguntarnos y experimentar en qué consiste realmente lo típico
cristiano al no poder celebrar nuestra fe como estábamos acostumbrados en
nuestros templos y capillas. El cierre de los templos nos dio la oportunidad de
celebrar en familia. La familia es la primera Iglesia, la Iglesia doméstica.
Una celebración comunitaria que no se apoye en una fe familiar fuerte, es una
celebración vacía, hueca, con pies de barro.
Pero
dando todavía un paso más, esta cuarentena nos dio la oportunidad de descubrir
lo típicamente cristiano que, más allá de lo cúltico, consiste en el servicio a
la hermana, al hermano necesitado, en hacerse prójima y prójimo tendiéndola la
mano a la hermana, al hermano “contagiado”.
La
reapertura de la economía se está dando en el contexto de una curva de
contagios que lejos de estar aplanada, ya no digamos de estar decreciendo, está
en pleno crecimiento exponencial. Esto va a suponer, previsiblemente, un
aumento todavía mayor de los contagios que cada vez van a ser de personas más
cercanas a nosotras y nosotros físicamente: pueblo, colonia, vecindario, la
propia casa; y sentimentalmente: conocidas, familiares, miembros de nuestra
familia extendida, miembros de nuestra familia nuclear.
Esto
supone, que vamos a tener la oportunidad de convivir cada vez con mayor número
de personas contagiadas, con la posibilidad de contarme entre ellas, y de
convivir también cada vez más estrechamente con el Covid 19. El tipo de
convivencia que tengamos tanto con las personas contagiadas como con el Covid
19 va a depender de nuestra manera de verlos. Si los vemos como enemigos, vamos
a tratar a la persona contagiada como blanco de ataque. En el caso de las
personas contagiadas eso significa discriminarlas, aislarlas, abandonarlas a su
destino. En este mismo sentido, si percibimos al Covid 19 como un enemigo vamos
a procurar neutralizarlo o aniquilarlo con todo el arsenal a nuestra
disposición. Este es el camino de la guerra.
Pero
hay otro camino, el camino de la paz. Aquí no se trata de aniquilar, sino de
tratar. Esta crisis sanitaria, social y económica nos está dando la oportunidad
de hacernos prójimas y prójimos, de acercarnos las unas a los otros, de vencer
el miedo, de superar la desconfianza, de tratarnos como hermanas y hermanos. Y
entonces aquí, más que de declarar la guerra se trata de tender la mano y
estrechar la mano tendida. Significa servir a la persona contagiada, atenderla,
cuidarla, compartir con ella lo que somos y lo que tenemos.
Tratar
de esta manera al Covid 19 significa dejar de estarlo combatiendo para empezar
a escucharlo, a escuchar el mensaje que tiene para cada quien en particular,
para la comunidad, para nuestro mundo. Este virus además es auto limitado,
después de unos cuantos días deja de reproducirse. Por eso, lo que hay que
hacer es aprender a tratarlo mientras sea nuestro huésped. Una excelente manera
de hacerlo es la propuesta por la Dra. Barrientos, a base de ibuprofeno para
evitar la inflamación que luego puede conducir a una infección, y a base de un
antigripal que controle los estornudos y la tos para reducir drásticamente el
índice de contagio.
Esta
crisis sanitaria, social y económica nos está dando, pues, la posibilidad de
comportarnos como hermanas y hermanos con las personas contagiadas y con el
Covid 19 mismo. Así le daremos “sabor” cristiano a nuestro mundo al tiempo que
estaremos dando testimonio de un Dios que es “Padre Nuestro”.
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