martes, 9 de junio de 2020


200.06.09 Homilía Mt 5,13 -16
 Palabras de Bendición — Steemkr


 En el evangelio de Mateo que escuchamos (Mt 5,13-16) Jesús nos invita a no perder nuestro sabor, nuestro gusto como cristianas y cristianos; y a actuar de tal manera que las y los demás reconozcan a Dios como Padre.
Los 84 días de cuarentena que terminaron oficialmente el domingo 7 nos dieron la oportunidad de preguntarnos y experimentar en qué consiste realmente lo típico cristiano al no poder celebrar nuestra fe como estábamos acostumbrados en nuestros templos y capillas. El cierre de los templos nos dio la oportunidad de celebrar en familia. La familia es la primera Iglesia, la Iglesia doméstica. Una celebración comunitaria que no se apoye en una fe familiar fuerte, es una celebración vacía, hueca, con pies de barro.
 Pero dando todavía un paso más, esta cuarentena nos dio la oportunidad de descubrir lo típicamente cristiano que, más allá de lo cúltico, consiste en el servicio a la hermana, al hermano necesitado, en hacerse prójima y prójimo tendiéndola la mano a la hermana, al hermano “contagiado”.
 La reapertura de la economía se está dando en el contexto de una curva de contagios que lejos de estar aplanada, ya no digamos de estar decreciendo, está en pleno crecimiento exponencial. Esto va a suponer, previsiblemente, un aumento todavía mayor de los contagios que cada vez van a ser de personas más cercanas a nosotras y nosotros físicamente: pueblo, colonia, vecindario, la propia casa; y sentimentalmente: conocidas, familiares, miembros de nuestra familia extendida, miembros de nuestra familia nuclear.
Esto supone, que vamos a tener la oportunidad de convivir cada vez con mayor número de personas contagiadas, con la posibilidad de contarme entre ellas, y de convivir también cada vez más estrechamente con el Covid 19. El tipo de convivencia que tengamos tanto con las personas contagiadas como con el Covid 19 va a depender de nuestra manera de verlos. Si los vemos como enemigos, vamos a tratar a la persona contagiada como blanco de ataque. En el caso de las personas contagiadas eso significa discriminarlas, aislarlas, abandonarlas a su destino. En este mismo sentido, si percibimos al Covid 19 como un enemigo vamos a procurar neutralizarlo o aniquilarlo con todo el arsenal a nuestra disposición. Este es el camino de la guerra.
Pero hay otro camino, el camino de la paz. Aquí no se trata de aniquilar, sino de tratar. Esta crisis sanitaria, social y económica nos está dando la oportunidad de hacernos prójimas y prójimos, de acercarnos las unas a los otros, de vencer el miedo, de superar la desconfianza, de tratarnos como hermanas y hermanos. Y entonces aquí, más que de declarar la guerra se trata de tender la mano y estrechar la mano tendida. Significa servir a la persona contagiada, atenderla, cuidarla, compartir con ella lo que somos y lo que tenemos.
Tratar de esta manera al Covid 19 significa dejar de estarlo combatiendo para empezar a escucharlo, a escuchar el mensaje que tiene para cada quien en particular, para la comunidad, para nuestro mundo. Este virus además es auto limitado, después de unos cuantos días deja de reproducirse. Por eso, lo que hay que hacer es aprender a tratarlo mientras sea nuestro huésped. Una excelente manera de hacerlo es la propuesta por la Dra. Barrientos, a base de ibuprofeno para evitar la inflamación que luego puede conducir a una infección, y a base de un antigripal que controle los estornudos y la tos para reducir drásticamente el índice de contagio.
Esta crisis sanitaria, social y económica nos está dando, pues, la posibilidad de comportarnos como hermanas y hermanos con las personas contagiadas y con el Covid 19 mismo. Así le daremos “sabor” cristiano a nuestro mundo al tiempo que estaremos dando testimonio de un Dios que es “Padre Nuestro”.

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